cuánto cuesta soñar?
Caminando rápidamente con sus típicos tacos altos, su típico vaivén de caderas y su pelo negro suelto, Luisa se sentó en uno de los banquillos del Parque Central a merendar su sandwich favorito, pollito, lechuga y mayonesa, acompañado éste de una heladita limonada. Estaba feliz, gozaba de los rayos solares que caían sobre su piel como queriendo éstos acariciarla. Deliciosamente se entregó ella al cálido juego al cual la invitaban los acosadores rayos y el viento, que hacía de rival para también participar en la felicidad que ella sentía. Entre mordisco y mordisco, gozo y gozo silbaba y cantaba su canción favorita "My Girl". De pronto su mirada se quedó mirando fijamente el Palacio Real y su fantasía comenzó correr por aquella época imaginándose a aquella gente que entraba y salía del Palacio. Veía a las mujeres en sus coloridos y amplios atuendos, con sus pelucas imitando a nidos, y a un grupo de galanes cortegeando a unas damas. Las sentía felices, dichosas, sin preocupaciones, qué bella debería haber sido la vida entonces. El cabalgar apresurado de una carrosa, que en esos momentos hacía entrada al palacio, desvió su mirada hacia el ala derecha del castillo. Era el Rey que venía de una de sus excursiones acompañado de su infaltable séquito. El corazón de Luisa comenzó rápidamente a latir, qué ganas sentía ella de acercarse sigilosamente a él, pero no podía, eran muchos los motivos que se lo impedían. El Rey se bajó de la carrosa lentamente, con aire majestuoso y echó a caminar hacia la entrada principal del palacio para después desaparecer en él. Luisa lo buscó con su mirada desesperadamente, pero ya no lo veía y sintió algo tan extraño, una tristeza embargó de pronto su mirada, qué bella sensación había vivido. Las risas de un grupo de chicas atrapó de nuevo su atención y, con una mirada celosa, las veía correr por el jardín del parque riendo coquetamente al compás que los galanes las seguían como tratando de atraparlas. Qué ganas de estar en ese grupo, qué ganas de ser cortegeada, qué ganas de reír freneticamente, qué ganas de.... de pronto sintío una voz masculina que le preguntaba -"Está libre la otra mitad del banquillo?"- Era la voz de un señor mayor, cuyo cuerpo ya mostraba las secuelas de tanto trabajar y cuyas experiencias de la vida ya se habían apoderado de su rostro. Luisa se le quedó mirando fijamente y atinó rápidamente a contestar -"por supuesto"- y apresuradamente su mirada fue en busca de las chicas con sus galanes, pero éstos ya no estaban. Y de nuevo sintió esa soledad que por mucho que tratase de reprimir, estaba ahí presente nuevamente. Respiró profundamente como queriendo absorver todo el aire que envolvía aquel paisaje y exhaló con tal fuerza que sintió su cuerpo desvanecerse. Miró el cielo anhelando encontrar cobijo, y éste con sus rayos solares comenzó nuevamente a acariciarla. Qué bello era soñar, no costaba nada, tan sólo el susto a la realidad. Para Luisa los cuentos de hadas siempre han funcionado al revés, los príncipes se convertían en sapos!!!







GINA QUERIDA:
ES EMOCIONANTE VERTE NUEVAMENTE.
UDS. COMO FAMILIA SON PARTE DE LA HISTORIA DE MI VIDA.
Se que el tiempo nos hizo crecer. Saber de ti es un regalo de Diós,escríbeme a carolonline@tie.cl.
Han pasado34 años y hoy tengo 45 años , o sea nos dejmos de ver alrededor de 12 o 12 años. No sabes cuánto cariño siento por tu madre
. Abrazos
Carol
Villa. Acero. Magallanes ....
mi infancia chilena me reencuentra en este mundo cibernético.. qué rico.. gran sorpresa... usha... la calle Manuel Magallanes 8746 (..creo..) no la olvido.
Ya preciosa, estamos en contacto... y seguro que siii.
Bss.