Sobre la ira, el miedo y el amor.
Sergio Ross
Primera parte
Es innegable el hecho que el ser humano puede reconocer múltiples emociones o sentimientos, cada uno con sus respectivos pensamientos, que aparecen en distintas ocasiones y que se les llama con distintos nombres.
Así, las distintas emociones que podemos reconocer en nosotros mismos se convierten en las pautas con las cuales definimos el trabajo o “desarrollo” personal y por supuesto que, como en todo trabajo, se vuelve más complejo mientras más factores o elementos debo tener en cuenta y considerar para el buen desarrollo y fin del trabajo, en este caso, el trabajo personal.
Es por esto que nace este intento de simplificar o reducir los muchos factores emocionales-mentales, que el ser humano reconoce, en menores elementos, más manejables para el trabajador personal.
La búsqueda de esta simplificación, es la búsqueda de la esencia, la base o lo principal común que existe en las diversas emociones reconocidas…
“Los océanos, los grandes lagos, los hermosos y potentes ríos, los imponentes glaciares, el hielo eterno de los polos, la continuas lluvias en invierno y cada una de tus lágrimas, te parecerán distintos y distantes uno de otro, se moverán distinto, tendrán distintos sabores, temperaturas, color y forma, pero todos esos elementos existen gracias al maravilloso elemento que llamamos agua, siendo esa la esencia de todos ellos.”
Entonces intentemos definir el modo en que existen ciertas emociones, las condiciones necesarias para que ciertas emociones existan, sus componentes primordiales y no la manera en la que las vivimos o sentimos porque “aunque el agua de mar y la de río, produzcan en tu paladar sensaciones diferentes, no por eso dejan de ser agua”
Entonces veamos:
¿Qué es la intolerancia? Si observamos en nosotros mismos, fácilmente descubriremos que es “un enojo o molestia que nace en mí cuando “algo” no es como “debiera ser”, según mi propio concepto de lo correcto, lo bueno o lo adecuado.” Si esta definición fuera correcta o aceptable, entonces podremos decir que, en este caso, el sentimiento o emoción, que me lleva a actuar de cierta manera, y que llamamos intolerancia, es, en esencia, una manifestación de una emoción llamada rabia.Y siguiendo nuestra exploración a través de este camino, descubro que la intolerancia es una manifestación de la rabia y que la rabia nace de mis propios conceptos de lo correcto, lo bueno o lo adecuado. La pregunta, ahora que tenemos esta información, podría ser la siguiente: ¿Cuando y por qué se han creado en mí estos conceptos de lo correcto, lo bueno o lo adecuado?
Para responder al cuando de la pregunta, nos remontaremos a los primeros años de nuestra vida. En los primeros años de vida, al primer año o antes, los elementos que tienen real importancia son las necesidades más básicas, alimentación y protección física. En este contexto, todas las acciones que realiza el bebé, están destinadas a la obtención de estos elementos vitales para su sobrevivencia y comienza a crear asociaciones relacionadas con estos elementos. Así, descubre que si realiza ciertas acciones recibe, de aquél o aquellos de los que depende, una respuesta adecuada a sus necesidades (palabras suaves, cariños, etc) y que si realiza otras acciones recibe respuestas inadecuadas para sus necesidades (gritos, golpes, etc.). Entonces comienza a desarrollar en si mismo ya un concepto de lo malo y lo bueno, siendo bueno aquellas acciones que le dan respuestas adecuadas a sus necesidades físicas y malo aquellas acciones que no le dan esas respuestas. La prioridad de satisfacer estas necesidades va disminuyendo a medida que empieza a valerse mejor por si mismo, en el plano físico, pero comienza a aparecer una nueva necesidad, que es la psicológica-emocional. Ahora podemos saltar unos cuantos años para que tengas más posibilidades de observar las necesidades psico-emocionales, que ahora llamaré solamente emocionales.
Ves a tu padre o a tu madre indicándote, todo el tiempo, lo que “esta bien” y lo que “está mal”. Cuando haces algo que está “bien” recibes una respuesta adecuada a la necesidad emocional de sentirte aceptado, de ser aprobado por aquellos a los que quieres y de los cuales también eres dependiente emocionalmente. La aprobación que hacen tus padres de tus acciones la ves indudablemente como una aprobación de ti mismo, aprobación que buscas por la necesidad emocional que tienes de ser aceptado y con eso querido.
Cuando haces algo que está “mal”, recibes el castigo de la desaprobación, independiente de la forma en la cual te lo demuestren (volumen de voz fuerte y duro, golpes, palabras dolorosas, castigos, etc.) es la desaprobación de tú acción lo que interpretas como una desaprobación de ti mismo y con ello no puedes cubrir la necesidad emocional de ser aceptado y ser parte de aquellos que forman tu referente en la vida.
Entonces, primero necesito la aceptación del ser del cual dependo físicamente para cubrir mis necesidades físicas (alimentación, protección) y como en ese tiempo también se crea un contacto emocional, después necesito la aceptación de ese mismo ser para cubrir mi necesidad emocional de aceptación porque ese ser forma mi referente psico-emocional en la vida.
Ahora podríamos estar en condiciones de responder al por qué de la pregunta sobre los conceptos de lo correcto lo bueno o lo adecuado. Repitamos la pregunta.
¿Por qué se han creado en mí estos conceptos de lo correcto, lo bueno o lo adecuado? Porque para cubrir la necesidad emocional de aceptación, debí volverme aceptable para aquellos que formaban mi referente en el mundo y así obtener de ellos, las respuestas adecuadas para cubrir esta necesidad.
Entonces pregunto ¿Qué es ese “algo” que me impulsó a cubrir esta necesidad de aceptación de los otros, que eran mi referente en el mundo?
Te lo quiero plantear de esta manera,
“una amiga te invita a visitarla, ella vive en Tokio. Cuando se encuentran en el aeropuerto de esa ciudad, se abrazan y comienzan a caminar a la casa de ella, pasan a un mercado que queda de camino y resulta que viendo los productos, de pronto notas que no sabes donde está tu amiga, la buscas y no la encuentras, no conoces el idioma, tampoco el inglés, ni menos puedes leer los carteles, ni nada, has perdido tu punto de referencia y ahora tienes miedo”
Cuando naces tienes un solo punto de referencia, que son los que te cuidan, y por nada del mundo te separarías de ellos, no conoces nada del mundo exterior y dependes totalmente de lo que ellos te entreguen. Volvamos a la pregunta. ¿Qué es ese “algo” que te impulsó a cubrir esta necesidad de aceptación de los otros, que eran tu referente en el mundo? Ese “algo” es el miedo natural que nacía en ti de perder el único punto de referencia que tenías en ese momento. Y claro, siendo el único punto de referencia, uno se amolda a él, sin ningún tipo de juicio. El miedo de verte perdido en el medio de la nada, el miedo a lo desconocido, es lo que, primero, creó la necesidad de aceptación, de unión con ese punto de referencia y, segundo, el impulso necesario para amoldarse a los requerimientos de dicho punto de referencia.
Volviendo a la escala de nuestra exploración tenemos que: La intolerancia es una manifestación de la rabia, la rabia nace de mis propios conceptos de lo correcto, lo bueno o lo adecuado, estos conceptos los he adquirido en la búsqueda de cubrir la necesidad de aceptación, de ser parte del único punto de referencia que tenía y esta necesidad de aceptación nace del miedo a lo desconocido, al miedo de verse perdido, de no saber. Nace del miedo.
Haciendo una pirámide, tendríamos:
Intolerancia |
Rabia |
Conceptos de lo bueno y lo malo |
Necesidad de aceptación |
Miedo |
Entonces cuando reconocemos un sentimiento como la intolerancia y pretendemos trabajarla como tal, podría ser que los esfuerzos fuesen en vano si no logramos profundizar y trabajar en la “emoción base” del sentimiento o estado observado.
Este esquema permite la observación de distintas emociones, porque todas tienen relación con los propios conceptos de lo bueno y lo malo, hacia abajo se mantiene igual, lo que puede cambiar es la emoción en los dos espacios superiores. Entonces cuando observas una emoción, debes también observar las otras emociones que aparecen junto con la primera emoción observada e ir profundizando en cada una de ellas, hasta descubrir el elemento común en todas ellas. Así podrás descubrir la emoción base que da sustento a todas las otras emociones, que son solo manifestaciones de esa emoción base. Para luego dirigir tus esfuerzos a un mejor destino.






Muy muy interesante sin embargo en los hechos otorgo una relevancia fundamental a la distorsión que genera el orgullo en la vida espiritual, intelectual y sentimental de las personas
El orgullo engendra al tirano. el orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose sobre el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir
El orgullo más barato es el orgullo nacional, que delata en quien lo siente la ausencia de cualidades individuales de las que pudiera enorgullecerse.
El orgullo lleva consigo un castigo: la necedad
El orgullo y la debilidad son hermanos gemelos
el orgullo parapeta miedos, parapeta trancas y a veces autoengaña lo que se considera personalmente correcto para no dudar...
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Alejandra Bobadilla D.
Namasté (mi luz interior reconoce la tuya y la honra)
http://umatana.blogspot.com
EL POST....LA SEGUNDA PARTE CUANDO???'
ME GUSTARIA LEER ALGO SOBRE EL EGO ...
UN ABRAZO.
me intereso tu post pero la verdad es que no logre seguirlo bien. no entendí la línea desde que hablas de la intolerancia y la rabia y luego hablas de la necesidad de aceptación y el miedo. me gustria que explicaras la razón de la rabia según tu impresión, porque no me queda claro.
la rabia y el miedo, según mi parecer, son respuestas distintas que nacen de distintos estimulos que no solo tienen que ver con los conceptos de lo bueno y lo malo, tienen que ver con estimulos de amor-rechazo o de sobrevivencia. tu hablas de eso pero no entendí la relación con lo bueno y lo malo.
saludos.
la jose