Intimamente, a veces nos preguntamos si elegir, nos deja siempre satisfechos. Es probable que hayamos maldecido algunas decisiones, pensando en las cosas nefastas que trajo ese momento tan leve. Lo poco asertivos que fuimos. Pasa que muchas indecisiones provocadas por no convencer las alternativas, nos fuerzan a optar por lo menos malo, dejando un sabor insipido, por jugar sin jugarse. Lo neutro no es intenso. Sin duda, siendo racionales, las decisiones significativas son emocionales. Mucho de esto, le sobra a estas elecciones.
Es claro que la falta de pasión, rasgo contemporáneo producto del aburrimiento de ser inducidos, tal vez cansados de vivir de emociones prestadas nos lleva a un cierto desenamoramiento -Houellebecq lo define “supresión del deseo”- de lo politico, al elegir entre cosas que no tocan el corazón. Resultado, falta de compromiso con las situaciones. En este caso, abtencion, no inscritos, mero tramite, indiferencia, en fin.
Sin duda lo visceral ya no puede distinguir una emoción propia y real en que vibremos con lo político. Tanta inducción subliminal por el martilleo de la información, con historias archiconocidas, nos tiene chatos. Pasa que los actos de elegir no son tan libres o son muy obvios. Pregunta ¿Estas elecciones municipales potenciaran algo verdaderamente emocional, significativo? No cambiara nuestra vida, indudablemente. Todo seguirá igual. ¿Entonces que?
Sin duda, la ciudad es una maquinaria productora de emociones. Es por ello, que el aparato politico de las cupulas partidistas hoy esta tan centrado en la percepcion de su realidad, mas que la realidad misma. Esto manejado por los llamados animales politicos, dentro del soporte propagandistico, sostiene mil consignas para producir estadisticas, verificar cifras, confirmar posiciones. En pos de alinearnos hacia algo, el deseo de entrar en nuestras conciencias -un super oraculo predictor de las motivaciones que hay en cada elector- para desentrañar cual es el enganche, algo que nos apasione, especialmente para decidir entre candidaturas politicas se estudia con focus group, encuestas y estadisticas. Pura ingenieria electoral y sociologia. Estos mapas electorales suponen que los votos son fuerzas colectivas medibles y manipulables.
Afortunadamente, pasa que las masas cautivas son mas escasas y los votantes muy discolos, justamente porque lo emocional es leve, sensible, cambiante. Y si existe un sentir colectivo, mas bien son coincidencias de sintonias. El imperio de las masas, aquí y ahora. Ortega y Gasset : es la rebelión del hombre común. Pasa que la gente mueve montañas, si lo quiere.
En Chile 4 millones de votos pueden imponerse a 16 millones de habitantes.
Merecer algo, supone libre albedrio. Lo penoso es que otras decisiones nos pueden condenar igual. No hay resultados “a la carta” en el juego democratico, y sin duda, la mayoria puede equivocarse. Un elector pesa tanto como otro, al votar desde su propia limitacion, da que pensar.
Para mi, al menos, las elecciones mas que un rito civico, son sesiones de sicoanalisis colectivo, una catarsis masiva, de decisiones muy intimas. Votamos en un espacio de 1x1.






