La Diversidad de los Primeros Cristianos
También expliqué que yo no soy historiador ni teólogo, así que cuando escribo sobre estos temas no lo hago como una autoridad en la materia sino como un simple estudioso que desea compartir aquello que ha aprendido de sus maestros y en los libros.
En esta oportunidad me voy a referir a las diferentes ramas o facciones que dieron cuerpo al movimiento cristiano durante sus orígenes y que a la larga se cristalizaron en el crisol de iglesias y credos que hoy existe.
Lo primero que hay que tener claro es que Yeshua no intentó fundar una nueva religión. Él era un judío y como tal adscribía plenamente a esa fe. Por cierto criticó a otros judíos –especialmente a fariseos, saduceos y escribas – sin embargo, esto no significa que Yeshua criticara al judaísmo en cuanto tal, a pesar que el evangelio de Juan pretenda hacernos creer ello. En efecto, aunque los evangelios no mencionan explícitamente a la secta de los Esenios, que también eran judíos, Yeshua, como dije anteriormente, era muy cercano a ellos o, tal vez, incluso miembro de tal facción. De manera tal que difícilmente podría Yeshua oponerse a una religión que él mismo profesaba y defendía.
Los Galileos
Galilea era una de las tres provincias que formaban Palestina durante la ocupación romana en tiempos de Yeshua. Las otras dos provincias eran Samaria y Judea. Galilea estaba situada al norte, con Judea en el sur y Samaria en medio de ambas.
La primera división de los discípulos en facciones ocurrió naturalmente cuando se distinguieron los judíos que como Yeshua provenían de Galilea de aquellos que provenían de Judea. Aunque no había grandes diferencias doctrinales entre ambos grupos, subsistían diferencias políticas que salieron a relucir en medio de un ambiente tan caldeado políticamente como lo era la Palestina del siglo primero.
La mayoría de los discípulos de Yeshua provenían de Galilea y eran generalmente más nacionalistas y hasta más extremistas, seguramente por la fuerte influencia del líder político-religioso Judas el Galileo, quien había fundado recientemente el movimiento de los Celotas o Zelotes para oponerse por la vía violenta a la dominación romana. Uno de los doce apóstoles de Yeshua, Shimon (Simón el Cananeo, no confundir con San Pedro), es explícitamente identificado en el Evangelio de Lucas como un “zelote”.
Hebreos y Helénicos
Como ya vimos, aparte de Galilea, los habitantes de Palestina en tiempos de Yeshua habitaban en Judea y Samaria. Curiosamente, los habitantes de los dos extremos, tanto al norte como al sur de Samaria, compartían la doctrina de que “el ombligo del mundo” era la “Ciudad de David”, esto es: Jerusalén. Por lo demás, ambos grupos hablaban el mismo idioma – el Arameo – y realizaban sus ritos en el mismo idioma – el hebreo. Por su parte los samaritanos hablaban un dialecto denominado “arameo samaritano” y realizaban sus ritos en “hebreo samaritano”.
Sin embargo, no todos los judíos de esa época hablaban arameo y ésta es la segunda división que podemos mencionar. En efecto, había muchísimos judíos cuya lengua materna era el griego y, por esas cosas curiosas, los había al norte de Galilea y al sur de Judea. Los primeros hablaban un griego con acento de Asia Menor y los segundos con acento africano (recordemos que el griego fue el idioma real en Egipto durante toda la dinastía de los Ptolomeos).
Esta segunda división resulta mucho más radical que la primera en la que separamos a cristianos provenientes de Galilea de cristianos provenientes de Judea, ya que fragmentó a la comunidad en dos facciones que son denominadas en el libro de los Hechos de los Apóstoles el partido “hebreo” y el “helénico”.
No está de más insistir que los miembros de ambos grupos eran igualmente judíos, sus diferencias eran más bien culturales pero no así religiosas. Sin embargo, se produjeron varios roces entre ambos grupos de cristianos, derivados principalmente de la subordinación a la que los helénicos fueron sometidos por parte de los hebreos.
Judíos y Samaritanos
Otra fragmentación aún más radical se produjo cuando se aceptó la conversión de samaritanos al cristianismo. Como hemos visto, aunque hebreos y helénicos tenían muchas diferencias culturales, a tal punto que hablaban idiomas completamente diferentes, a pesar de ello compartían las creencias fundamentales, como la de situar “el ombligo del mundo”, el lugar escogido por Dios para su santuario, en el monte Sión, donde se asentaba el Templo de Herodes, en la ciudad de Jerusalén, capital de Judea.
Por su parte, los habitantes de Samaria o samaritanos discrepaban con sus hermanos judíos en temas tan fundamentales como este, ya que sostenían que “el ombligo del mundo” era el monte Garizim y no Sión.
Por todo ello, sumado al hecho que los samaritanos tenían ascendencia asiria y por lo tanto se les consideraba israelitas “de sangre impura”, en ocasiones no se les consideraba propiamente judíos, de manera que debe haber sido un tanto conflictivo para los más puristas que uno de ellos se convirtiera al cristianismo. Sin embargo, sabemos que ello a la larga ocurrió.
Los Gentiles
Una vez que fueron aceptado algunos helénicos como cristianos e incluso algunos samaritanos, el paso siguiente era abrir el cristianismo al mundo pagano de los denominados “gentiles”, aquellos que no eran ni judíos ni samaritanos.
Este salto, sin embargo, era drásticamente radical, ya que hasta el momento el cristianismo no era otra cosa que una secta rabínica: todos sus miembros eran previamente judíos o samaritanos. Aceptar a un gentil como cristiano era una ruptura total con este pasado, con esta tradición, con esta concepción de lo que el cristianismo era, ya que dejaba de ser una secta rabínica para convertirse en algo diferente.
Al parecer el primer gentil en ser convertido al cristianismo fue un centurión romano de nombre Cornelius (Cornelio), quién habría sido convertido por Simón Cefas (San Pedro). Esta tendencia sería finalmente la que se consolidaría a muy largo plazo, constituyendo así al Cristianismo como una religión por sí misma y completamente separada de la tradición rabínica de la que finalmente se desprendió.
Los Gnósticos
Pero tal vez la división más importante fue la que se produjo de manera transversal a todas las anteriores, ya que dividió tanto a cristianos galileos como judíos, samaritanos, helénicos y gentiles en dos grandes escuelas de pensamiento bastante diferentes: el Cristianismo Gnóstico y el de los “Padres de la Iglesia”.
Aunque Yeshua nunca se pronunció en torno a temas de intrincada teología – al menos no ha quedado registro de ello – los eruditos tienden a pensar que su doctrina era más cercana a la de los gnósticos. Ello queda en evidencia cuando constatamos que los discípulos más cercanos a Yeshua son usualmente considerados como exponentes de esta doctrina; entre ellos cabe mencionar a: Myriam (María Magdalena), Salomé (la discípula), la familia de Lázaro (es decir, el resucitado más sus dos hermanas), Nicodemus (Nicodemo) y Yoseph (José de Arimatea).
El gnosticismo fue una doctrina hermética según la cual la Salvación no depende exclusivamente de la fe o el perdón gracias al sacrificio de Cristo, sino que ineludiblemente pasa por el desarrollo de la “gnosis” o iluminación, entendida como la sabiduría introspectiva de lo divino.
Otra característica fundamental es que se basa en una concepción radicalmente dualista que opone en general al bien frente al mal y en particular al espíritu frente a la materia. Otra forma de expresión de este dualismo es aquella que opone al Ser Supremo frente al demiurgo (el dios creador del mundo material).
No obstante la mayor cercanía de esta doctrina con las enseñanzas de Yeshua, finalmente fue visto con recelo por los denominados “Padres de la Iglesia” y, específicamente, el Obispo Ireneo de Lyon lo declaró una herejía en el 180 d.C., parecer que comparte hasta el día de hoy tanto la Iglesia Católica como todas las que se desprendieron de ella.
Antes de Concluir
Como ya señalé, ésta es la segunda parte de una trilogía que estoy redactando con el fin de compartir un conjunto de conocimientos que he recabado a lo largo de años de estudio de estos temas. En el próximo post espero referirme a los evangelios, explicar por qué considero que el de Marcos es seguramente el más fidedigno desde el punto de vista histórico y por qué el que más me gusta es el de Juan, a pesar de ser también sin dudas el más mitológico. También me referiré, por cierto, a los evangelios gnósticos y, en particular, al de Tomás, al de María Magdalena, el de Judas y el Protoevangelio de Santiago, entre otros.







¿DÓNDE ESTÁN LOS SEGUNDOS, LOS TERCEROS Y LOS OTROS?
uta que hacen falta, hom..
Sigue posteando acerca de este tema... por favor, muy interesante.
Saludos,
Pioja.