Sobre la ira, el miedo y el amor.
Tercera parte.
La ira.
No importa como lo desees llamar, enojo, rabia o molestia. Quiero que hoy lo encierres en una sola palabra. Ira. Observa como la ira te da la potencia para mover las condiciones que encierran tus mayores posibilidades. Observa como la ira te ha permitido mover por entero tus fuerzas, toda tu energía, hacia aquél lugar donde todo vuelve a ser una armonía. Maravíllate de la magnífica forma en la que, atrapado por la fuerza del miedo, transformaste las cadenas que te ataban en la fuerza con la cual volviste a liberar toda tu luz. Liberando también gran parte de tu ser.
Deseas ser feliz, inmensamente feliz y encontrar el lugar donde existir a través de una forma de vida más amplia, aquél lugar donde vivir sea, en si, la más alta experiencia. Este hermoso deseo de vivir que tienes, te hace desear que existan ciertas condiciones, ciertas cualidades en el mundo, en la gente y en ti mismo. Sinceramente te digo, mantén nítidos estos elementos, conviértelos en los pilares de tu horizonte y jamás dejes de moverte hacia este hermoso destino. Y sobre todo, busca la manera en que la ira tenga un momento y un lugar justo en cada una de tus experiencias.
Cuando las situaciones llegan a ti de una manera que no deseas, cuando te duelen, cuado remecen tu sistema, cuando nublan tus horizontes y aparece lo desconocido, aparece el miedo a no saber, el miedo a verse sin las “herramientas” con las cuales construir soluciones. El miedo, esa respuesta tan natural a todo aquello que no comprendemos del todo, a todo aquello que se presenta ante nosotros y nubla nuestras posibilidades de ver, tiene el increíble poder de paralizarte. No importa la cantidad de emociones y pensamientos que puedas tener en tu vida pues de todas formas logras avanzar, pero cuando llega el miedo, la capacidad de seguir avanzando desaparece en ti. ¿te acuerdas de algo que no hayas hecho, algo que deseabas hacer y que no hiciste, por el miedo que en ti nació? La ira te da la potencia para romper con las férreas cadenas del miedo, grandes cadenas que niegan tu ser, que impiden tu vuelo. La ira es la fuerza que te entrega el inmenso amor que habita en ti. Siente lo que te digo. Sientes miedo, lo has sentido miles de veces, el miedo te ha paralizado, lo has sentido en ti, pero también amas, has amado en gran manera y así, amas ese claro horizonte donde tú puedes brillar, donde la vida es toda una experiencia. Todo aquello que se transforma en miedo, te bloquea, te detiene y te anula, pero tienes la potencia de la ira manando desde el centro de tu ser, naciendo de tu amor. Por favor, no malentiendas mis palabras, no hablo de aquella ira mental, aquella ira cotidiana que surge casi ante cualquier situación de tu día. Hablo de aquella ira que impulsa tu ser en la dirección de tu alma, porque corre el peligro de No-Ser. La ira mental, la cotidiana, es aquella que nace de los conceptos de lo correcto lo bueno o lo adecuado. Cuando algo no está en sintonía con estos conceptos, la ira mental se manifiesta como la “pataleta” de nuestra mente al no obtener aquellos elementos que son “buenos”. Cuando no salen las cosas como queríamos, cuando se nos cae algo al suelo, cuando no pasa la micro, cuando, cuando….Pero debemos recordar que, en el fondo, buscamos un vivir más amplio, buscamos llegar a ese hermoso horizonte que intuimos y muchas veces vemos a través de las visiones de nuestro ser interno.
La mente se alimenta de la imitación, todo lo hace y todo lo aprende a través de la imitación, desde el idioma en el que piensa, hasta la manera de ver y recibir la vida. La mente conoce la ira del alma que busca el gran vuelo, entonces crea su propia versión de la ira. Es importante que te des cuenta de esto. Recuerda todas las enormes cantidades de veces que te has enojado por cosas que con el tiempo olvidas o ya recuerdas como “bobas”. Esa ira es la ira de la mente, es la ira de los pensamientos y de lo conceptos que se han adquirido. Es la ira que responde al insulto, porque el ego nos llama a “hacernos valer”, es la ira respondiendo a la pérdida material porque son “nuestras cosas”. Es la ira del mundo, aprendida en el mundo y expresada en el mundo.
Pero en verdad te digo que hay una ira más grande y más hermosa que aquellas rabietas que produce la mente. Es la ira y la fuerza de la vida, la potencia imparable de la existencia que nace de ti, que nace en los brazos de un amor mayor. Ira creadora y total, eterno escudo protector de tu alma, impulso de fuego quemando los lazos del miedo, ira abriendo senderos por donde el alma pueda seguir su camino. Tu alma, tu ser, han nacido y se sostienen a través de la energía suprema del amor, buscando la manera de volver a ser uno con su esencia, extiende el brazo de la ira para abrir el camino, extiende el brazo de la ira como una lanza y un escudo. Las barreras del miedo tiemblan ante la ira del amor.
Cuando amas intensamente, en esos pequeños momentos de amor total, la fuerza que en ti aparece es superior a todas las otras fuerzas que han aparecido en ti, y en esa expresión de amor total y completa, la ira es la manera en que el amor destruye las barreras del miedo, permitiendo que todo tu ser, interno y externo, sean una herramienta del Amor que habita y sostiene tu alma, de aquél amor donde has sido concebido, de aquél amor que es tu origen y tu hogar.
La ira mental es una burda y pequeña imitación de la ira del amor, que sólo consigue agregar un nuevo componente de distracción a tu mirada ya tan alejada de tu ser interno. ¿Te has reído alguna vez de una situación o pelea, porque te has dado cuenta de lo absurdo del enojo? Si te ha pasado, entonces has descubierto plenamente la absurda ira de la mente y has logrado reírte de eso porque, en ese minuto, la sabiduría del alma se hizo presente y te mostró con suma claridad, lo absurdo de esa ira. Esto no es diferente a otras situaciones más “potentes”, sólo que la ira de la mente comienza a hacer demasiado ruido y lo único que escuchas es el sonido de la ira mental, y por supuesto, tú respondes siguiendo el ritmo.
Hazte conciente de todas las iras mentales que surgen en ti, ahora más tranquilo, observa de qué manera ya son tonterías olvidadas. Y hazte conciente de las veces en las que defendiste tu alma a través de la fuerza de la ira.
Termina de una vez de alimentar la pobre ira mental, destruye los conceptos que le dan vida porque detrás de todas esas cadenas brilla tu esencia, tu amor y la fuerza impulsora que permite romper con las cadenas del miedo y acercarte cada vez, al divino origen de tu vasta existencia.


















FELICITACI
FELICITACIONES POR ENTREGARNOS ESTE HERMOSO ARTICULO....
Guillermo