PZURITA

Hacia alguna identidad o la más ilustrada de todas las catástrofes.

Desde un tiempo veo en uno de mis profesores una vision "especial", cada dia lo voy entendiendo mejor o al menos lo intento.

"Noticias desde ninguna parte

Hace más de una década una bióloga quiso patentar una bacteria, un ser vivo. El rechazo de su petición desencadenó un juicio cuyo veredicto, años más tarde, fue la autorización de aquella patente con el argumento que, si bien se trataba de “vida”, ésta era el resultado de la inteligencia y la voluntad. No era un producto de la “naturaleza”. En algún sentido este organismo fue declarado artificial, un constructo del ingenio humano.

Punto de partida para la necesaria reflexión sobre los dilemas que nos propone la ciencia y la tecnología en la actualidad. En particular, los alcances de la genética, de cómo las recomendaciones de un comité de bioética -me contaba uno de sus miembros, el filósofo y biofísico francés Henri Atlan- pueden cambiar radicalmente en escasos meses. ¿Son por ello menos válidas, menos éticas?

En este preciso instante, en más de un laboratorio o en la red INTERNET, se conjuga la velocidad de sofisticados computadores con la imitación del paradigma darwiniano de la evolución por selección natural para diseñar un complejo circuito. Y este modo ingenieril de hilar la frase no es del todo diferente hoy, con la casi instantaneidad de las comunicaciones, la inestabilidad del planeta y su “tiempo real”, al comportamiento de una empresa inmersa en una particular ecología. Se trata menos de alcanzar una estrategia óptima que de adaptarse, de sólo impedir, como lo hace cada ser vivo, ser horadada por la inevitable entropía. Y para ello ya no es evidente que el gran diseñador, economista o ingeniero, tire del hilo de sus ecuaciones, observe desde arriba y determine la certera solución. La complejidad de este camino del medio, al filo del orden y del caos, nos lleva a entregar parte de toda esta angustia a las máquinas. A volver, como si nunca lo hubiésemos visto, a la reiterada puesta en escena de la creación, conjugando azar y necesidad desde que la primera vida apareció sobre la faz de la tierra. De este modo, en la vertiginosa repetición electrónica del flujo de las generaciones y del viejo juego del amor y la réplica, aparece la novedad y otra manera de entender la técnica y el mundo. Tal vez por ello nos fijamos en las hormigas u otros insectos sociales, donde sin jefe alguno, se complementan automatismos y tropismos individuales para realizar una tarea colectiva donde ninguno de los agentes tiene la capacidad de diseñar o comprender sus emergencias.

O pensar en cómo pensamos. Cómo diez mil millones de neuronas ciegas, sin teleología alguna se organizan, distribuyen la información para crear lo que somos y preguntarnos justamente por lo que somos ¿Inquisición del todo ajena a los avatares de INTERNET, ese sexto sentido reinventando el planeta?

Estar o no estar, conjugamos hoy el trágico dilema de ser, dicotomía hecha de bits, refiriéndonos a este nuevo continente virtual poblándose a nuestra imagen y semejanza, mezclando amenaza y maravilla. Nuevos modos de hacer ciencia, de escribir, de abrir o cerrar negocios, de cooperar, de aprender y también de vender el alma o espiar, casi en vivo y en directo, la propia carne que nos llama y nos hace. Es lícito entonces, más allá del natural entusiasmo, preguntarnos cómo evitar que toda esa información en lugar de dibujar otros espacios para seguir siendo, nos extravié. Inquisición relacionada, diría yo, con el “síndrome del espectador”, aquel que mira pero no ve, incapacitado para discriminar en esa avalancha digital o que, entregado a la velocidad, pierde el territorio, pasando de largo sobre su geografía, esa que acostumbrábamos, que acostumbro a deslindar, con la paciencia de un Domeyko, a lomo de mula nombrando nuestras sierras.

Surge entonces la posibilidad planteada, entre otros por Paul Virilio, del accidente global, de la pérdida de la humanidad o su cambio por otra cosa que desconocemos o acaso no queremos.

Así se desploman sobre nuestras cabezas, agobiándonos, variadas perplejidades y a modo de exorcismo o coartada tendemos a ignorarlas, instalando el piloto automático para el cotidiano aterrizaje nocturno, inducido por el frenesí del zapping, seguido del anunciado aburrimiento y el sueño, producto de la contabilidad de sucesos digitales saltando a escasos metros de nuestras narices.

Más que la suma de las partes

Sistemas Complejos Adaptivos es uno de los nombres buscando entregar algún sentido a parte de las situaciones evocadas anteriormente: hormigueros, empresas, cerebro y mente, red de comunicaciones. Sistemas donde ya no basta, para su conocimiento, estudio o inferencia, el respetable método reduccionista, tan exitoso, por cierto, para la comprensión de vastos fenómenos naturales. Éste, deja de dar frutos en una variedad de situaciones donde la aparición espontánea de comportamientos de increíble complejidad es superior a la suma de las partes... Por mucho que conozcamos el funcionamiento de una neurona, la biología de una hormiga o los arcanos de un hyperlink, no habremos avanzado significativamente en la comprensión de la sociedad formada por billones de neuronas, un hormiguero o lo que va a suceder con la interacción infatigable de innumerables líneas de código, computadores y páginas web.

Recuerdo entonces la inauguración, apenas hace días, del “Centro de Informática Molecular” de la Universidad de Cambridge y discurriendo, allí, de que somos información empaquetada en genes y memoria, me asaltó el sentimiento, la corazonada, que uno de los ingredientes significativos de esta madeja de sistemas “intratables”, la biología, se transforma aceleradamente en un caso particular de la Teoría de la Información propuesta por Claude Shannon hace más de medio siglo y generalizada con las nociones de complejidad algorítmica desarrolladas por Kolmogorov en la ex Unión Soviética.

De ser así, no es peregrino discurrir que en el próximo futuro la dinámica de los tres billones de bases que forman nuestro genoma, aquella del sistema inmunológico o la del sistema nervioso y sus emergencias - entre otras, la mente humana - no tendrían porque ser propiedades intrínsecas del material biológico que nos hace. También podrían ser atributo de otros sustratos... y se investiga, se inventan nuevas disciplinas, se habla de “vida artificial”, se polemiza y el filósofo Denett plantea que la mente es de naturaleza solamente algorítmica, refutándolo Searle con el “gendanken” - experimento del pensamiento - conocido como la “pieza china”, mientras Penrose deja reposar lo incomprensible sobre un eventual fenómeno cuántico... y nosotros, como en la canción, constatando apenas que el mundo gira y gira. Esperando, sentados en el umbral de nuestra casa o frente a la pantalla, que pase de nuevo.

Sucesos y novedades del bravo nuevo mundo que abren la puerta a una reflexión que atañe a la humanidad, a nuestra especie. Directamente aludidos por avances científicos y tecnológicos que nos dejan perplejos, con palabras, en un comienzo extrañas y que, luego, continuando tan desprovistas de contenido y todavía extrañas se transforman, para la mayoría, en lugares comunes. Palabras demonizadas o ensalzadas: “clonación”, “postmodernismo”, “ingeniería genética”, “transgénicos”, “globalización”, “reingeniería”, “genoma”, “cambio global”, “bioinformática”, “síndrome de inmunodeficiencia adquirida”, “bioética”, “economía sustentable”, “enfermedad de la vaca loca”, “nueva economía”, “sociedad de la información” y tantas otras, en general sin más espesor que la hoja soportando la letra del periódico. Aquel que nos trae noticias desde todas partes, es decir desde ninguna parte, desde nadie. Sucesos, frases y palabras efímeras que olvidaremos hasta el próximo titular, trayéndonos la última novedad del año para seis mil millones de regalones.

El Murmullo de las Cosas

Volvamos entonces la mirada a esa noción, por cierto inocente, de “progreso” asociada a la eventual solución de la totalidad de nuestros problemas mediante la ciencia y la tecnología y el ajuste a través de la acción de la “mano invisible”, lotería planetaria que va ampliando su dominio, el campo de batalla, a todas las condiciones de la vida, a todas las clases de la sociedad, a todo aquello que transcurre sobre la gravedad ineludible del planeta, dejando, como polvo acumulado debajo de la alfombra, para otro día cuando sí se fíe, otros modos centrales de aprehender lo que sucede, de entender y “hacer” también el mundo.

Olvidamos que es difícil encontrar una percepción de muchas conductas humanas superior a las descritas, escritas, por Proust o Musil... o la mirada, cierto subjetiva - habría que discutir que es objetividad - del ciego Borges y cruzar esas lecturas con el viejo ensayo, “Maquinaria, Computador e Inteligencia” del matemático Alan Turing en la revista Mind o las disquisiciones de Monod, Varela, Kauffman, Eco, Houellebecq, Gell-Mann, Dawkins, Wilson, Prigogine y tantos otros. Y todavía no sería suficiente porque “progreso”, “sociedad” y “poder” requieren, por ejemplo, del conocimiento de algunas páginas de la “Guerra de Galio”, novela de Héctor Aguilar Camín, quién, con su habitual maestría literaria y la frialdad de un entomólogo, pone en evidencia la estrecha relación de estas cualidades con el animal que desguazamos, día tras día, en el matadero.

Conversaciones, lecturas, ecos del mundo que ya no nos permiten contemplación, ingenuidad o inocencia. Diciéndonos, gritándonos, que no podemos hacer la vista gorda y ese mono rhesus que sufre la prueba de una fallida vacuna está definitivamente sufriendo por nosotros y aquella niña que se muere, mirándonos, en el tiempo real de las news de CNN, en realidad se está muriendo. De verdad se muere y ese señor de frac que agradece en Estocolmo es, cuando usted y yo lo contemplamos, justo antes de cambiar de canal, parte de la sal que alimenta la tierra.

Mono, niña y premio Nobel, múltiples hebras de pura y compleja humanidad. Trenza que se teje, ecléctica, apasionada, errónea y asertiva, imposible de explicar mediante la disección de cada una de sus epifanías, urdiendo la deriva de lo que vamos siendo, hoy, en el inicio del tercer milenio y ese pulido monolito de Kubrik, que hace décadas inauguró este año y su mitología, está hundiéndose, hundiéndose siempre en lo que somos: una curiosa mezcla de ángeles y bestias.

¿Cómo entonces integrar, conciliar, en palabras de Wilson, esta diversidad? ¿O se trata sólo de separar aguas y continuar la guerra del ridículo inaugurada por Sokal, desacreditando el empleo de las nociones y resultados de la ciencia “dura” en los trabajos de las ciencias sociales y humanidades?... No lo sé. Por lo demás, sería pretencioso aventurar respuestas. Sólo constato un hecho a ras de piso, digamos debajo de la mesa donde se va hilvanando el mundo: estamos lejos de estas conversaciones, ideas y polémicas. Tan lejos del murmullo que van haciendo las cosas en el río. No parece mal entonces, modestamente, comenzar por traer algo más de aquellas palabras, debatirlas, rumearlas, hasta llegar al punto donde acecha la bifurcación que permite una nueva mirada. Contribuyendo así a dar el espesor necesario para ir dibujando alguna identidad, definiendo el verbo ser y el sustantivo país. Comprender que no basta con interconectarse desde Arica a Punta Arenas ni legislar sobre transgénicos o clonación o la última farmacopea si, en sincronía, no somos capaces de dar volumen a nuestras reflexiones. Fruto de lenta maduración, de tradición, diría, que no es ajeno al modesto acto de preguntar o ir, alumnos y profesores, con entusiasmo y dignidad, al colegio o abrir la boca en un Museo o, simplemente, conversar en torno a una taza de café.

Paradoja y Riesgo

Por ejemplo, afrontar el viejo debate entre lo innato y lo adquirido que en la actualidad inunda las páginas de las principales revistas del planeta. ¿Cómo se concilia el libre albedrío y la determinación genética? Precisar, buscar el equilibrio en la definición de ese rectángulo que no se explica, obviamente, ni por su ancho ni por su largo sino por la conjunción ineludible de ambos factores. Así, replantear la sociobiología del mirmicólogo E. Wilson sin la pasión de aquello que parece una amenaza. Justamente ahora, cuando pareciera que la humanidad sólo teme y va dejando de ser, como si alguien nos fuera tomando la casa: vacas locas, SIDA, el hanta que ya nos impide ir a un simple camping. Como si el modo de producir, ya lo decía hace tres décadas Ivan Illich desde Cuernavaca, llevara consigo la paradoja de la contra-producción: el exceso industrializado de alimentos -para aquellos que pueden adquirirlos - llevándonos a la imposibilidad de alimentarnos, la difusión de las vacunas al miedo a vacunarse y el exceso de información en una pantalla al terror de detenerse y ver... y así la humanidad, en medio de una cierta manera de entender el progreso, de asociar lo que no comprende con algo no menos pernicioso que la magia, podría irse congelando, llenándose de restricciones y terrores cuyo corolario sería la aversión al riesgo. Riesgo que, desde los primeros homínidos, nos ha impulsado, contribuyendo a nuestro modo de hacer sociedad y especie. Entonces, parafraseando a tantos, podríamos decir que, junto con la posibilidad - también esta ahí - de ser otros, más justos y algo mejores, recorre la humanidad el fantasma del fracaso y la decadencia. ¿Paradojalmente? ahora, precisamente cuando el conocimiento, el acervo de técnicas, artes, ciencias y humanidades crece a tasas exponenciales, colocándonos, en particular como país, entre la posibilidad de alcanzar una real identidad y la más ilustrada, y acaso secreta - no es obvio de que nos percatemos -, de todas las catástrofes."

Eric Goles, en Santiago, ocho de Abril del 2001.

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MAFALDITA
dijo :
Que buenos artículos están subiendo a Atina Chile....
Envío desde aquí mis felicitaciones a todos aquellos que como tú se están preocupando de informar y culturizar a los atinadores en temas que son de gran importancia para el futuro de la humanidad.
Saludos amistosos, Katy
"Utilicemos Atina Chile para ayudar a construir un mundo más sano y mejor para todos incluyendo a los animales"

 
27/04/2007 a las 12:10
ramon sotomayor
dijo :




que en realidad no tienen porqué ser sorpresas, subiendo la calidad del material publicado  seguro que habrá más lectores interesados, etc.

Saludos 

27/04/2007 a las 20:59
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