El concepto calidad de la educación tiene un alto contenido simbólico y movilizador.
El concepto calidad de la educación tiene un alto contenido simbólico y movilizador. ¿Quién no quiere salud, transporte, vivienda, pensiones y educación de calidad? La derecha siempre ha tenido la habilidad de apropiarse de fines loables para acrecentar su marco de apoyo en sectores populares. Hoy, cuando emprende una cruzada contra el proyecto de ley general de la educación, sus expertos y voceros políticos utilizan el concepto de la calidad en la educación para defender el lucro. No es extraño que la acompañen, también, algunos de los nuevos neoliberales de la Concertación y que tienen intereses creados.El otro concepto que utiliza la derecha, que también tiene un poder simbólico, se refiere a la famosa libertad de enseñanza; detengámonos en el análisis de esta temática: en el pasado, según el educador Roberto Munizaga, la iglesia católica definía tres actitudes respecto de la relación entre Estado y la educación: “1) Sólo enseña el Estado, esto es, el monopolio, lo cual es absolutamente condenable. 2) El Estado enseña al mismo tiempo que los particulares, es decir, el régimen de la libre competencia, que se puede legitimar en virtud de las circunstancias. 3) El Estado no enseña, se abstiene, abandona la función docente. La única función legítima del Estado es abstenerse de enseñar dejando la educación a la libre iniciativa particular”. (Munizaga, 1942).
El centro de este planteamiento radica en la famosa “subsidiaridad del Estado”, concepto central de las famosas privatizaciones neoliberales de Augusto Pinochet. El Estado no sólo abandona su papel rector de la educación, sino que también lo hace en el sistema previsional y en la salud. La LOCE y la Constitución de 1980 constituyen la mejor expresión de la famosa libertad de enseñanza: el derecho de los privados a crear escuelas, sin ninguna limitación, no exigencia de competencias docentes –por parte de los sostenedores – que no sea la moral y la seguridad nacional. Además, destruyó el sistema previsional chileno entregándolo a las AFPs y enajenó el estado docente traspasando las escuelas a las municipalidades. El estado sólo se limita a proveer a las escuelas privadas de una subvención, que se entrega únicamente en base a la asistencia de los alumnos a las clases; de ahí para adelante, el dinero de todos los chilenos pasa a manos de los sostenedores privados, sin ninguna posibilidad de intervención del gobierno, pues significaría atropellar el “sagrado derecho de propiedad”.
¿Quiénes son los propietarios de la educación? Los privados y las municipalidades. ¿Quién regula la educación? El mercado; las familias sólo deben limitarse a elegir entre las diversas ofertas del mercado, según su capacidad económica. El principio de subsidiaridad ha servido, en toda nuestra historia, para que el Estado intervenga en el caso de quiebra o incapacidad del sistema, para cumplir con sus obligaciones. Así ocurre con las AFPs, que dejan sin pensiones mínimas al 70% de los chilenos y que el estado debe auxiliarlas haciéndose cargo de los excluidos, por medio de una pensión básica solidaria de $70.000. Es muy posible que ocurra lo mismo con la educación municipalizada, en franca fase terminal. Este Estado bombero, que auxilia a la empresa privada, no es nada nuevo, pues algo así hacía la CORFO, encargándose de las empresas privadas, en nuestro período republicano.
La Concertación nunca tuvo la voluntad política para romper con este círculo vicioso: en el caso de la educación, el Ministerio del ramo se ha encargado de intervenir, por medio de una serie inconexa de programas, focalizados en la pobreza, entre los cuales se puede mencionar las 900 Escuelas, el PMU, Montegrande, el Mece rural básico y medio, la jornada Escolar Completa, el Estatuto Docente y las Pasantías en el exterior, entre otros. A todo este conjunto de políticas – que son apenas brochazos que en nada alteran la herencia de la dictadura – se le ha dado en llamar “la reforma educacional”, otro concepto que tiene un alto valor simbólico, pues el Estado docente fue capaz, a pesar de sus falencias, de instaurar la Ley de Educación Primaria obligatoria y gratuita (1920), la Escuela Nueva y los Liceos experimentales (1927), las Escuelas Consolidadas y el Plan San Carlos (1940-1945), el “gobernar es educar” de Pedro Aguirre Cerda (1938), la Reforma educacional de Eduardo Frei Montalva, (1965) y, por último, la ENU, de Salvador Allende, (1973). A los comentaristas actuales de la reforma educacional de los gobiernos de la Concertación, entre quienes se cuenta a Cristián Cox y Juan Eduardo García-Huidobro, les encanta utilizar el término “tradición y tarea” de Juan Gómez Millas, para relacionar la reforma vigente con los logros del pasado, producto del estado docente. Nada más falaz que este intento.
Los estudiantes captaron, mucho mejor que los adultos, dónde estaba la madre del cordero, que explica la pésima calidad y equidad de la educación; también visualizaron que nada se logra con pequeños retoques superficiales si no se deroga la LOCE y se reintegran las escuelas y liceos al Estado. Aunque muy limitado, el proyecto de Ley General de Educación, actualmente en el Congreso, permite avanzar en algunos aspectos: 1) controlar la calidad de la educación, con base en objetivos de rendimiento, en cada uno de los escalones, (prebásica, básica, media y especial); 2) exigir a los sostenedores formar corporaciones o fundaciones, dedicadas, exclusivamente, a la educación; 3) trasparentar los procesos educativos, por medio de la rendición de cuentas públicas; 4) valorar la educación permanente – un aporte de la ENU, del proyecto de Salvador Allende -; 5) cambiar la composición del inútil Consejo Superior de Educación, hoy con mayoría militar, que sabrán mucho de armas, pero poco de educación; (es cierto que sería saludable que emanara de los actores de la educación y no sólo del Ejecutivo); 6) la valoración de la educación no formal; 7) la integración de objetivos transversales, sobre todo la educación del ciudadano, desarrollo personal y derechos humanos; 8) la integración, dentro del sistema escolar, de los consejos donde participen sostenedores, directores, docentes, paradocentes, apoderados y alumnos; sería deseable que estos consejos tuvieran carácter normativo y sus decisiones fueran vinculantes (que obligaran a ser aplicadas en la escuela).
Es absurdo pedir a una ley marco que, por milagro, pueda superar la inequidad y pésima calidad de la educación chilena; sólo Juan Egaña podía creer que las leyes hacen buenos a los hombres, sin embargo, este es sólo el aperitivo, pues ya vendrán leyes fundamentales asociadas a la creación de una superintendencia de educación, (cuyo antecedente más inmediato es la creada en 1927, por Carlos Ibáñez), y la ley de subvención diferenciada.
Respecto al concepto “calidad de la educación”, es necesario, para comprenderlo bien, las dos concepciones que lo inspiran: la primera es el “concepto gerencial de la calidad total”, según la acertada definición de Tomas Tadeu da Silva; según este pedagogo, el neoliberalismo educacional parte de premisas falsas: 1) desplaza el eje social de las relaciones de clase y poder que reproduce la educación a la gestión eficaz de los recursos; 2) culpabiliza a las víctimas de la mala calidad de la educación; reduce la educación al mercado; 4) no da cuenta del conflicto de clase y de poder; 5) niega la memoria histórica educativa.
El concepto neoliberal de la calidad de la educación se mide en base a parámetros estándar que se aplican por igual, sin considerar diferencias, a los distintos actores educacionales; esto es el SIMCE, que no mide capacidades mentales, saberes y sentido crítico, sino apenas habilidades mecánicas y siempre salen con números rojos los alumnos de las escuelas más pobres; como ejemplo, basta leer el ranking de las cien mejores escuelas que han obtenido mejores resultados en el SIMCE. El sistema gerencial de calidad total sólo se interesa en resultados numéricos y muy poco en los aspectos cualitativos y metodológicos.
Los objetivos, el currículo y la evaluación están bajo la matriz de la concepción neoliberal de la educación. No creo que el actual proyecto de ley pueda romper esta columna vertebral de un Estado subsidiario neoliberal. Si entendemos al educando como un consumidor, el único papel del Estado es algo así como el del Sernac: vigilar que las empresas cumplan el contrato con su cliente.
La educación gerencial de calidad total tiene, necesariamente, que ser darwinista en el sentido de eliminar, de alguna manera, a los alumnos con carencias culturales, es decir, los más pobres. Por esta razón la derecha política y económica se opone a la débil medida de la selección hasta el octavo básico. En estricta lógica, si se quiere lograr la equidad en la educación, sólo podría aplicarse selección en el nivel universitario. Esto de los liceos de excelencia sólo llevan a la segregación y reproducción de las castas vitalicias- en este plano los “pingüinos” del Instituto Nacional pisaron el palito que les tendió la derecha –.
El otro concepto es la calidad democrática y liberadora de la educación, según los educadores de avanzada, por ejemplo Paulo Freire; se trata de avanzar en la equidad, terminar con las relaciones de dominación, logrando una educación para todos y de calidad. El desafío siempre es: una educación al servicio del mercado o una educación al servicio del ciudadano, su comunidad y su familia; un sujeto domesticado por el mercado o una persona libre y democrática.
Es lógico que los expertos educacionales neoliberales lancen peroratas contra el Estatuto Docente actual, que garantiza la carrera profesional del profesor. Es que su panacea es la llamada “flexibilidad laboral”, es decir, que el sostenedor pueda prescindir de los servicios del profesor a su antojo. Para confundir a los incautos, vuelven a usar el argumento de la calidad, lo que significa exonerar al profesor porque al sostenedor le parece un mal docente. No pocas veces son despedidos de sus empleos aquellos que no aceptan el absolutismo conservador de la derecha.
En nuestra historia de la educación hay bastantes ejemplos de esta concepción de la educación popular: Luis Emilio Recabarren fue un gran educador obrero, en la pampa salitrera; en las mutuales, mancomunales y sindicatos siempre la educación ocupó un lugar destacado: en los años sesenta, Paulo Freire combatió la educación “bancaria” proponiendo una educación liberadora, basada en la concientización. La tarea es larga y difícil, tal vez titánica, pero al menos avancemos paso a paso, terminado con la municipalización, los colegios subvencionados, para construir un Estado docente descentralizado, que promueva la educación popular liberadora.
Comentario de:
Rafael Luis Gumucio Rivas http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=6596&Itemid=1324
El centro de este planteamiento radica en la famosa “subsidiaridad del Estado”, concepto central de las famosas privatizaciones neoliberales de Augusto Pinochet. El Estado no sólo abandona su papel rector de la educación, sino que también lo hace en el sistema previsional y en la salud. La LOCE y la Constitución de 1980 constituyen la mejor expresión de la famosa libertad de enseñanza: el derecho de los privados a crear escuelas, sin ninguna limitación, no exigencia de competencias docentes –por parte de los sostenedores – que no sea la moral y la seguridad nacional. Además, destruyó el sistema previsional chileno entregándolo a las AFPs y enajenó el estado docente traspasando las escuelas a las municipalidades. El estado sólo se limita a proveer a las escuelas privadas de una subvención, que se entrega únicamente en base a la asistencia de los alumnos a las clases; de ahí para adelante, el dinero de todos los chilenos pasa a manos de los sostenedores privados, sin ninguna posibilidad de intervención del gobierno, pues significaría atropellar el “sagrado derecho de propiedad”.
¿Quiénes son los propietarios de la educación? Los privados y las municipalidades. ¿Quién regula la educación? El mercado; las familias sólo deben limitarse a elegir entre las diversas ofertas del mercado, según su capacidad económica. El principio de subsidiaridad ha servido, en toda nuestra historia, para que el Estado intervenga en el caso de quiebra o incapacidad del sistema, para cumplir con sus obligaciones. Así ocurre con las AFPs, que dejan sin pensiones mínimas al 70% de los chilenos y que el estado debe auxiliarlas haciéndose cargo de los excluidos, por medio de una pensión básica solidaria de $70.000. Es muy posible que ocurra lo mismo con la educación municipalizada, en franca fase terminal. Este Estado bombero, que auxilia a la empresa privada, no es nada nuevo, pues algo así hacía la CORFO, encargándose de las empresas privadas, en nuestro período republicano.
La Concertación nunca tuvo la voluntad política para romper con este círculo vicioso: en el caso de la educación, el Ministerio del ramo se ha encargado de intervenir, por medio de una serie inconexa de programas, focalizados en la pobreza, entre los cuales se puede mencionar las 900 Escuelas, el PMU, Montegrande, el Mece rural básico y medio, la jornada Escolar Completa, el Estatuto Docente y las Pasantías en el exterior, entre otros. A todo este conjunto de políticas – que son apenas brochazos que en nada alteran la herencia de la dictadura – se le ha dado en llamar “la reforma educacional”, otro concepto que tiene un alto valor simbólico, pues el Estado docente fue capaz, a pesar de sus falencias, de instaurar la Ley de Educación Primaria obligatoria y gratuita (1920), la Escuela Nueva y los Liceos experimentales (1927), las Escuelas Consolidadas y el Plan San Carlos (1940-1945), el “gobernar es educar” de Pedro Aguirre Cerda (1938), la Reforma educacional de Eduardo Frei Montalva, (1965) y, por último, la ENU, de Salvador Allende, (1973). A los comentaristas actuales de la reforma educacional de los gobiernos de la Concertación, entre quienes se cuenta a Cristián Cox y Juan Eduardo García-Huidobro, les encanta utilizar el término “tradición y tarea” de Juan Gómez Millas, para relacionar la reforma vigente con los logros del pasado, producto del estado docente. Nada más falaz que este intento.
Los estudiantes captaron, mucho mejor que los adultos, dónde estaba la madre del cordero, que explica la pésima calidad y equidad de la educación; también visualizaron que nada se logra con pequeños retoques superficiales si no se deroga la LOCE y se reintegran las escuelas y liceos al Estado. Aunque muy limitado, el proyecto de Ley General de Educación, actualmente en el Congreso, permite avanzar en algunos aspectos: 1) controlar la calidad de la educación, con base en objetivos de rendimiento, en cada uno de los escalones, (prebásica, básica, media y especial); 2) exigir a los sostenedores formar corporaciones o fundaciones, dedicadas, exclusivamente, a la educación; 3) trasparentar los procesos educativos, por medio de la rendición de cuentas públicas; 4) valorar la educación permanente – un aporte de la ENU, del proyecto de Salvador Allende -; 5) cambiar la composición del inútil Consejo Superior de Educación, hoy con mayoría militar, que sabrán mucho de armas, pero poco de educación; (es cierto que sería saludable que emanara de los actores de la educación y no sólo del Ejecutivo); 6) la valoración de la educación no formal; 7) la integración de objetivos transversales, sobre todo la educación del ciudadano, desarrollo personal y derechos humanos; 8) la integración, dentro del sistema escolar, de los consejos donde participen sostenedores, directores, docentes, paradocentes, apoderados y alumnos; sería deseable que estos consejos tuvieran carácter normativo y sus decisiones fueran vinculantes (que obligaran a ser aplicadas en la escuela).
Es absurdo pedir a una ley marco que, por milagro, pueda superar la inequidad y pésima calidad de la educación chilena; sólo Juan Egaña podía creer que las leyes hacen buenos a los hombres, sin embargo, este es sólo el aperitivo, pues ya vendrán leyes fundamentales asociadas a la creación de una superintendencia de educación, (cuyo antecedente más inmediato es la creada en 1927, por Carlos Ibáñez), y la ley de subvención diferenciada.
Respecto al concepto “calidad de la educación”, es necesario, para comprenderlo bien, las dos concepciones que lo inspiran: la primera es el “concepto gerencial de la calidad total”, según la acertada definición de Tomas Tadeu da Silva; según este pedagogo, el neoliberalismo educacional parte de premisas falsas: 1) desplaza el eje social de las relaciones de clase y poder que reproduce la educación a la gestión eficaz de los recursos; 2) culpabiliza a las víctimas de la mala calidad de la educación; reduce la educación al mercado; 4) no da cuenta del conflicto de clase y de poder; 5) niega la memoria histórica educativa.
El concepto neoliberal de la calidad de la educación se mide en base a parámetros estándar que se aplican por igual, sin considerar diferencias, a los distintos actores educacionales; esto es el SIMCE, que no mide capacidades mentales, saberes y sentido crítico, sino apenas habilidades mecánicas y siempre salen con números rojos los alumnos de las escuelas más pobres; como ejemplo, basta leer el ranking de las cien mejores escuelas que han obtenido mejores resultados en el SIMCE. El sistema gerencial de calidad total sólo se interesa en resultados numéricos y muy poco en los aspectos cualitativos y metodológicos.
Los objetivos, el currículo y la evaluación están bajo la matriz de la concepción neoliberal de la educación. No creo que el actual proyecto de ley pueda romper esta columna vertebral de un Estado subsidiario neoliberal. Si entendemos al educando como un consumidor, el único papel del Estado es algo así como el del Sernac: vigilar que las empresas cumplan el contrato con su cliente.
La educación gerencial de calidad total tiene, necesariamente, que ser darwinista en el sentido de eliminar, de alguna manera, a los alumnos con carencias culturales, es decir, los más pobres. Por esta razón la derecha política y económica se opone a la débil medida de la selección hasta el octavo básico. En estricta lógica, si se quiere lograr la equidad en la educación, sólo podría aplicarse selección en el nivel universitario. Esto de los liceos de excelencia sólo llevan a la segregación y reproducción de las castas vitalicias- en este plano los “pingüinos” del Instituto Nacional pisaron el palito que les tendió la derecha –.
El otro concepto es la calidad democrática y liberadora de la educación, según los educadores de avanzada, por ejemplo Paulo Freire; se trata de avanzar en la equidad, terminar con las relaciones de dominación, logrando una educación para todos y de calidad. El desafío siempre es: una educación al servicio del mercado o una educación al servicio del ciudadano, su comunidad y su familia; un sujeto domesticado por el mercado o una persona libre y democrática.
Es lógico que los expertos educacionales neoliberales lancen peroratas contra el Estatuto Docente actual, que garantiza la carrera profesional del profesor. Es que su panacea es la llamada “flexibilidad laboral”, es decir, que el sostenedor pueda prescindir de los servicios del profesor a su antojo. Para confundir a los incautos, vuelven a usar el argumento de la calidad, lo que significa exonerar al profesor porque al sostenedor le parece un mal docente. No pocas veces son despedidos de sus empleos aquellos que no aceptan el absolutismo conservador de la derecha.
En nuestra historia de la educación hay bastantes ejemplos de esta concepción de la educación popular: Luis Emilio Recabarren fue un gran educador obrero, en la pampa salitrera; en las mutuales, mancomunales y sindicatos siempre la educación ocupó un lugar destacado: en los años sesenta, Paulo Freire combatió la educación “bancaria” proponiendo una educación liberadora, basada en la concientización. La tarea es larga y difícil, tal vez titánica, pero al menos avancemos paso a paso, terminado con la municipalización, los colegios subvencionados, para construir un Estado docente descentralizado, que promueva la educación popular liberadora.
Comentario de:
Rafael Luis Gumucio Rivas http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=6596&Itemid=1324
Pablo Ramírez Torrejón
"Un País progresa y tiene grandes logros sociales, cuando tiene una educación de calidad con igualdad para todos, debemos invertir en educación para tener personas integras, integrales y una sociedad mas justa, donde la desigualdad sea lo menos. Así poder pensar en un Chile en vías del desarrollo mientras nuestra educación, sea un lujo para unos pocos siempre seremos pobres y mirados como pobres."
Publicidad por Bligoo.com







Hola tocayo!
Excelente tu post! Si Chile desea financiar la totalidad de la educación municipalizada y subvencianada y mejorarla con creces, necesita de muchísimo más recursos.Soy un convencido de que la educación es algo donde todos no beneficiamos directa e indirectamente a lo largo de toda nuestra vida y pienso que como es un beneficio para todos, debe ser financiada por todos y con recursos que ya están circulando en nuestra economía, sin embargo es un tema tabú.
En fin, en relación a la educación te dejo un dato curioso:
Hace unos anos atras se hizo una investigación en Noruega acerca de los alumnos que más rendían en las escuelas. Aqui la educación es centralizada por lo que los alumnos top están dispersos en diversas escuelas y no agrupados en escuelas privadas de elite. La conclusión fue que la mayoría (no todos) de quienes tenian mejores calificaciones eran quienes eran hijos de padres con educacion superior, fueron amamantados por un mayor periodo de tiempo (casi 2 anos), tuvieron una mayor demostración afectiva y estimulación educacional en su infancia y otros factores que no recuerdo.
Si esto es aplicable en Chile, entonces se podría deducir que la mayoría de alumnos que tienen mejores calificaciones tienen padres con estudios superiores,
por consiguiente mayores ingresos, y por ende canales de TV internacionales, computador en la casa, acceso a más libros y POR LO TANTO que vayan a un colegio privado.
Lo que quiero decir es que si el estudio es aplicable en Chile, entonces la razón por la que sacan buenas calificaciones NO es por que van a un colegio privado, es decir, el Mérito NO es del colegio, si no que ES de sus padres y alumno.
Si es así, entonces el resultado de poner a un grupo de estos alumnos top en una escuela publica de mediana categoría rendirían al mismo nivel que en un colegio privado. Caso contrario, si pones a unos "porros" en un colegio privado con fama de "altas calificaciones" no mejorarían su rendimiento significativamente. Ojo que este último parrafo es solo una suposición mía, una investigación en Chile sería interesante.
Que tengas un buen fin de semana!
La educación podría tener ciertos cambios, tales como la educación privada, municipalizada y estatal, de la siguiente manera.
1- La Educación estatal, transformarla en técnico profesional de acuerdo a cada zona, según su tipo de industrialización, sea esta minera, agrícola, pesquera, turística o administrativa.
2- La Educación subvencionada, transformarla en una educación mixta, entre lo humanístico y técnico profesional de acuerdo al sector o lugar del colegio.
3- La Educación privada, transformarla en científico humanista, pero con una condición, debe aceptar los mejores alumnos (Punto 1 y 2) y becarlos con todos los gastos que puede incurrir un alumno (Hospedaje, Alimentación, Salud, Vestuario y Pasajes de traslado).
4- Los tres puntos anteriores debieran tener becas deportivas, para los alumnos sobresalientes en alguna actividad deportiva, que represente a la región o al país.
Saludos
Pablo Ramírez Torrejón
Aqui unos pensamientos de José Martí sobre la Educación
Educación popular no quiere decir exclusivamente educación de la clase pobre; sino que todas las clases de la nación, que es lo mismo que el pueblo, sean bien educadas. Así como no hay ninguna razón para que el rico se eduque, y el pobre no, ¿qué razón hay para que se eduque el pobre, y no el rico? Todos son iguales.
Al venir a la tierra, todo hombre tiene derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás.
A un pueblo ignorante puede engañársele con la superstición, y hacérsele servil. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre. Un hombre ignorante está en camino de ser bestia, y un hombre instruido en la ciencia y en la conciencia, ya está en camino de ser Dios. No hay que dudar entre un pueblo de Dioses y un pueblo de bestias. El mejor modo de defender nuestros derechos, es conocerlos bien; así se tiene fe y fuerza: toda nación será infeliz en tanto que no eduque a todos sus hijos. Un pueblo de hombres educados será siempre un pueblo de hombres libres. –La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que es esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombres de sí mismo.
El pensamiento de un hombre sabio y visionario , mientras no se vea la educación como el pilar fundamentalde la sociedad ,dificilmente podremos ser seres integrales y libres.
Saludos Pablo , muy bueno tu post , un abrazo de Jacinta
Gracias a mi padre logre conocer a su maestro y profesor de doctorado en educación, mi padre nunca fue profeta en su tierra (Chile) y sus proyectos educacionales son ocupados en varios países de habla hispana.
Este fue su maestro: Víctor García Hoz
garciaVíctor García Hoz (1911-1998), pedagogo español licenciado en la Facultad de ... Una gran aportación de Víctor García Hoz, a lo largo de su vida profesional ... 2006/perspectivas/garcia/garcia.htm - 26k - En caché - Páginas similares
sepiensa.org.mx/contenidos/
Que buen aporte , ojalá alguien mas se de cuenta del link y pueda ver algo sobre Garcia Hoz.
Esto es muy bello.
“El sentimiento de dignidad coloca al hombre en el plano moral, ya que dignidad es tanto como grandeza cualitativa, que sólo está al alcance de las personas... tener conciencia de ser persona es tener sentimiento de dignidad.”
Víctor García Hoz
PDF]
PRESENTACION "EL ARTE DE ENSEÑAR Motivación y Creatividad". Carlos ...
"EL ARTE DE ENSEÑAR. Motivación y Creatividad". Carlos Ramírez Rojas. Ediciones Universitarias de Valparaíso de la UCV, 1997, 79 pp. ...
www.revistamarina.cl/revistas/1998/3/HERRERA.pdf -
Gracias por tu respuesta Pablo, me parece muy interesante y sería bueno que dieras a conocer algo de lo que escribió tu padre y sus aportes al quehacer pedagógico.
Saludos