¿QUÉ QUEREMOS HACER DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA PARA TODAS Y TODOS?
El modelo educativo chileno es altamente confuso para la opinión pública. Ya nadie sabe qué hacer para que la educación estatal vuelva a tener ese recordado rol protagónico en la formación integral de los sujetos y que ésta vuelva a transformarse en el lugar social acreditado donde circula el conocimiento, donde se comparten aprendizajes y experiencias, y donde niños y niñas intercambian permanentemente saberes. Esto se ha desdibujado notoriamente, debido a que ciertas escuelas, demasiadas para mi entender, dejan de ser escuelas para convertirse, simplemente, en centros de contención más que en la institución autorizada para aprender a aprender.
Nuestro sistema educativo perdió la brújula hace ya varios años cuando, por decreto, se impuso el mercado por sobre los intereses nacionales y no se promovió un sistema educativo que le brindara a las escuelas, sobre todo a las más carenciadas o las pertenecientes a los sectores más vulnerables y desprotegidos, el oxígeno necesario para mirar hacia el nuevo milenio. Entonces, con este modelo imperante, se profundizaron mucho más las desigualdades: hoy no se sabe qué hacer, qué estrategias implementar para revertir la situación. Sin embargo, se invierte en las escuelas, se invierte en educación, se invierte mucho más, pero es como si el dinero cayera en saco roto.
Los gobiernos de
No es casual, pues, que nadie a partir de ese hecho histórico hubiera efectuado críticas, desde un primer momento, y los diferentes ministros que pasaron por dicha función fueron funcionales, callaron, sabiendo que esa ley en cualquier momento dejaría al descubierto su inutilidad. Por todos es sabido que la educación de los sectores más desprotegidos poco importa a los que más tienen, entonces, pese a la inversión, inversión que nunca será suficiente en educación, hoy el sistema imperante no rinde los frutos que el país necesita para estar más satisfecho con el rendimiento escolar y para encarar el futuro próximo con egresados mejor preparados para enfrentar los desafíos del presente siglo.
No obstante, como queriendo que esto siga igual, que permanezca en la misma situación que todos conocemos a la fecha, se traen al país para que den su opinión destacados economistas (sí, leyó bien, ¡economistas!), que siguen viendo la educación como un gasto y no como una inversión. De esta forma, por ejemplo, aparecen en los medios de prensa escrita chilenos entrevistas a Eric Bettinger, economista de
El sistema subvencionado es un confirmado fracaso, porque los sostenedores no invierten más que en lo mínimo e indispensable y pagan a los docentes salarios de hambre. ¿No puede el Estado Nacional, entonces, volver a hacerse cargo del sistema educativo y controlarlo para que sea realmente eficiente, con calidad y equidad? ¿No se logra entender aún que los sostenedores no sirven para administrar los dineros, dinero de todos, destinados a mejorar la calidad educativa? ¿Qué se pretende con mantener una forma de gestión fracasada desde sus orígenes? ¿No puede el Gobierno Nacional invitar a discutir una nueva Ley Nacional de Educación, con especialistas acreditados en educación (no ingenieros ni economistas), con directivos y docentes, padres y apoderados, donde también intervengan los alumnos de los profesorados?
Espero que todos juntos podamos hacer presión y volvamos a tener una educación estatal de calidad, con igualdad y equidad, eficiente, plural, para todas y todos, en y para la democracia.






