La madre de todas las descalificaciones que se le hacen al
gobierno del ex Presidente Pinochet es haber removido al gobierno
"democrático" del ex Presidente Allende. Esto es una falsificación
histórica.
Es verdad que el candidado marxista Salvador Allende fue elegido en
1970 a través de una elección democrática, aunque sólo con un 36.6% de
la votación. Sin embargo, es igualmente verdad que su gobierno perdió
su carácter democrático al haber violado repetidamente la Constitución.
En efecto, el Presidente Allende se transformó en un tirano cuando
violó su juramento solemne de respetar la Constitución y las leyes
chilenas. Esto no sólo fue evidente para una inmensa mayoría de
chilenos en su diario vivir, sino que fue denunciado por la Cámara de
Diputados, por 81 votos contra 47, en su trascendental Acuerdo del 22
de Agosto de 1973 (también hubo un pronunciamiento en la misma
dirección de la Corte Suprema).
En este Acuerdo se hace un listado de las violaciones constitucionales
y legales del gobierno del Presidente Allende, y se acuerda
"representarles" este "grave quebrantamiento del orden constitucional y
legal de la República", entre otras autoridades, "a las Fuerzas
Armadas". Asimismo acuerda "representarles que, en razón de sus
funciones, del juramento de fidelidad a la Constitución y a las leyes
que han prestado,...les corresponde poner inmediato término a todas las
situaciones de hecho referidas, que infringen la Constitución y las
leyes".
Al no existir en la Constitución chilena un mecanismo viable para
remover a un Presidente que había perdido su carácter democrático, la
Cámara de Diputados, con el voto de todos los representantes del
Partido Demócrata Cristiano, le "representó" a las Fuerzas Armadas que
"les corresponde poner inmediato término" a esta grave situación. Ese
fue, de hecho, un llamado inequívoco a remover al Presidente Allende.
Las Fuerzas Armadas, lideradas por quien era en ese momento Comandante
en Jefe del Ejército, el general Augusto Pinochet, cumplieron con el
Acuerdo de la Cámara de Diputados dieciocho días más tarde, el 11 de
Septiembre de 1973. Es incomprensible que el gobierno jamás haya
traducido y publicado ese Acuerdo en el exterior, señal inequívoca de
la incompetencia comunicacional que tan caro le ha costado ante la
opinión pública mundial (Esta revista lo ha traducido ahora al inglés,
alemán, francés y polaco).
El ex Presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970) fue categórico al
calificar estos hechos. En una entrevista al diario español ABC
sostuvo: "Los militares fueron llamados, y cumplieron una obligación
legal, porque el Poder Ejecutivo y el Judicial, el Congreso y la Corte
Suprema habían denunciado públicamente que la presidencia y su régimen
quebrantaban la Constitución, los acuerdos votados en el Parlamento y
las sentencias dictadas por jueces absolutamente extraños a la
política. Allende vino a instaurar el comunismo por medios violentos,
no democráticos, y cuando la democracia, engañada, percibió la magnitud
de la trampa, ya era tarde. Ya estaban armadas las masas de
guerrilleros y bien preparado el exterminio de los jefes del Ejército"
(10 de octubre, 1973).
Por lo tanto, el orígen del gobierno del Presidente Pinochet es aquel
de cualquier gobierno revolucionario, que sólo tiene la alternativa de
usar la fuerza para remover a un tirano, y, por lo tanto, no puede
objetivamente ser calificada de "dictadura". Como bien dijera Benjamin
Franklin, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia de
los Estados Unidos, "la rebelión contra un tirano es obediencia a Dios".
Cuando se remueve a un Presidente elegido por un tercio de la
población, y especialmente si su gobierno ha estimulado la creación de
milicias armadas, es inevitable que se produzca un estado de "guerra
civil". En algunos países, conflictos de esta naturaleza produjeron
cientos de miles de victimas. Así por ejemplo, la guerra civil española
habría producido un millón de muertos. Incluso la guerra civil
norteamericana, también producto de una Constitución que no era clara
acerca de la existencia o no del derecho de secesión de los estados de
la Unión, resultó, hace ya más de un siglo, en 650.000 muertos (más que
el total de caídos en todas las guerras norteamericanas del siglo XX).
Lamentando cada una de las víctimas, chilenas y extranjeras, que
cayeron en Chile y condenando cada uno de los abusos que ambos bandos
cometieron en la guerra civil larvada que continuó por años, es preciso
señalar que durante el gobierno del Presidente Pinochet se produjeron
una cantidad mínima de víctimas de acuerdo a cualquier patrón
histórico. Incluso el Informe de la Comisión que encargó el gobierno
del Presidente Aylwin (el llamado "Informe Rettig"), antagónico al del
gobierno del Presidente Pinochet, concluyó que en un período de 17 años
murieron alrededor de dos mil personas de ambos bandos, siendo, empero,
la mayoría combatientes contra el gobierno militar. Es evidente,
entonces, que no existió una "política sistemática" de violaciones de
derechos humanos. Y también es claro que la responsabilidad de estos
lamentables hechos es de quienes sembraron las semillas de la
destrucción de la democracia chilena, como incluso lo reconoció un
editorial de la prestigiosa revista The Economist a los pocos días de
la caída de Allende.
Por ello, se puede sostener con la misma independencia que, si bien
algunas de ellas, como el exilio, fueron una justa y necesaria política
de estado, las muertes producidas en combate fueron justificables de
algunos servicios de inteligencia en su guerra contra el terrorismo. A
los culpables,de excesos, lamentablemente, debe aplicarseles el rigor
de las leyes vigentes, y precisamente en virtud de ellas cumple, en
estos momentos, en la cárcel una condena de siete años el general
responsable de la ex Dirección Nacional de Inteligencia cuando se
cometiéron algunos de esos excesos.Pero pretender,mediante la figura
del secuestro permanente y la no aplicacion de leyes de amnistia
plenamente vigentes,es inexcusable en un estado de derecho. Culpar, sin
prueba alguna, de algunos de estos hechos puntuales al ex Presidente
Pinochet es una clara arbitrariedad.
Para que la historia se comprenda y no se repita, jamás debe ser
olvidado el histórico Acuerdo de la Cámara de Diputados del 22 de
Agosto de 1973, que he denominado "La Declaración del Quiebre de la
Democracia Chilena".
gonzalo e. townsend pinochet





















Sólo un Pinochet...
...puede defender los crímenes de otro Pinochet, así como solo un loco entiende a otro loco.