VIH - Una historia de vida
Un día de mucho sol conocí a una mujer melancólica, hacia calor y con unas amigas fuimos al parque forestal. Estábamos sentadas en las bancas frente al palacio de Bellas Artes, nos reíamos y ella nos miro y sus ojos eran tan cristalinos y llenos de dolor que me sentí totalmente atraída por ese ser que sufría, sentí las ganas abrazarla y consolar su tristeza. Me acerque le pregunte si estaba bien, si podía ayudarla en algo.
Me dijo que lo único que necesitaba era desahogar la tristeza que tenia dentro y la estaba ahogando.
Le dije que estaba dispuesta a escuchar.
Comenzó a contar de esta manera:
"Yo he amado, a alguien que quizás me amo muy tarde, que se dio cuenta que nada era fácil y que el verdadero amor es el que te sostiene la mano cuando mueres y te cierra los ojos cuando no hay vida en ellos.
Lo conocí cuando tenia 22 años y él era una persona hermosa un poco loco, como decía él. Su edad era 25 años, su vida desde la adolescencia fue de ir y venir de conocer y carretear. Yo era su amiga su paño de lagrimas que me conforme siempre con ayudarlo cuando me lo solicito de cuando las minas de turno lo dejaban amargado y el se apoyaba en mis piernas y yo le acariciaba el pelo. Siempre lo ame y el lo sabia por que nunca trato de seducirme y no dejo que yo lo hiciera, el a veces cuando estábamos sentados afuera de mi casa me miraba, me tomaba las manos y las acariciaba - Tienes manos hermosas - y mi estomago comenzaba a retorcerse, el me las soltabas y volvía a reír.
De las cosas que hacia. Un día, ese maldito y bendito día, me llamo por Teléfono a la casa, estaba nervioso casi llorando y... me dijo que nos juntáramos pero no en mi casa que lo esperara afuera y empezaba a buscar. Yo me asuste salí rápido el venia en la esquina, corrí y trate de abrazarlo pero me dijo que no, comenzamos a caminar rápido. Yo no entendía nada el tosía mucho, - Vas a tener que parar con el cigarrillo, estas súper resfriado- No me respondió, llegamos a la plaza se sentó me miro pero no podía hablar estaba un poco ahogado, yo cada vez mas asustada.
- ¿Qué pasa? -
- Fui al medico y tu cachai que me hicieron exámenes por que este resfriado no se ha quitado, tu sabis.
- Ya y que sucede ¿estas muy enfermo?
Se levanto, camino de un lado al otro.
- Ya po! me estas poniendo nervioso que paso.
- ¿Tu cachay que es el test de Elisa?
- No. ¡Pero dime que pasa!, ¿por que estas llorando?
- Tengo Sida, no se como mierda me lo pegue pero tengo Sida
Lo mire, en realidad no se si lo mire de verdad solo quede helada, quería gritar decirle que como no se cuido si cada hueona que aparecía... no te haces de rogar. ¡Por que me haces esto!
- No oíste, tengo Sida... me... me voy a morir.
Me tomo la mano y yo volví en mí, lo abrase y el temblaba, lo mire y le dije:
- No te preocupes estaré contigo. No le digas a nadie, esto lo superaremos. Tenemos que ir al médico ver si es completamente verdad. Volver para hacer los exámenes… Tengo ahorros que podemos ocupar…
Ahora la que temblaba era yo, el me abrazo fuerte y sentí que mi corazón dejaba de latir, solo se que cuando volví en mi, el me estaba mirando y estaba sobre la banca de la plaza. El me hablo pero no entendí lo que me dijo. Me levante y le dije vamos a mi casa.
Bueno de ese día pasaron cerca de tres años, el no se mejoro y comenzó con la pulmonía después la neumonía. Yo lo seguí amando profundamente, cada día más.
Te dije que fue un día maldito y bendito a la vez, por que yo fui todo para el y el para mí. Muchas veces mientras el estaba con fiebre me acosté en su cama a su lado tratando de atraer a mi su dolor y que el deje de vivirlo, de absorber cada gota de su sudor, retener su ardiente y enfermo calor en mi ser completo. Pero no me atrevía a profanar su intimidad, aunque era mía, toda.
Quizás me enferme de su dependencia, el dejo de ser de esas que lo condenaron a morir y me lo entregaron para poder poseer sus suspiros, escuchar su respiración entrecortada y moribunda la que yo cual ser que roba almas absorbe en sus sueños.
Cuando ya ambos habíamos perdido peso, el tomaba sus medicamentos o lo obligaba, yo iba tomando tranquilizantes hace mucho que no dormía bien. Su mamá me obligaba a irme a mi casa y que me despejara que saliera. Pero yo llegaba a mi casa me metía en la ducha y lloraba al final salía de está con la piel brillante de sal, sal de mis lágrimas. Me fumaba un cigarro, uno tras otro angustiada y dolida, caminaba nuevamente de mi casa a la de él sin mirar a nadie, como si fuera un túnel con una salida, la más hermosa para mí.
Una noche estaba leyendo una revista mientras el dormía, sentí que se movía lo miré y me levante, me acerque a su cama, le acaricie el cabello. Se dio vuelta y me miro.
- Yo se que me amas, que siempre me amaste, ¿no te preguntaste nunca por que no te correspondí?
Lo mire, quise besarlo acostarme a su lado, pero no pude ni moverme, ni nada.
- Eres demasiado especial, demasiado hermosa, y yo siempre poca cosa, me sentía bien contigo. Me encantan tus manos, tú pelo, toda tú. Quizás si no hubiera sido un cobarde podría haber disfrutado de ti, amar tus ojos tus sueños. Hacerte feliz como te lo mereces, como debería. No condenarte a este calvario que no te pertenece que es mío, por que este es mi infierno no el tuyo.
- Y si yo quiero vivir este calvario por que este dolor es mío por que es lo que me une a ti. Te amo mil veces moriría por ti con tal de tenerte de que me ames de que me hagas el amor como lo soñé siempre.
El me tomo las manos, yo me acerque lo bese en los labios, estaban secos, pero eran sus labios divinos, lo amaba tanto que no tenia miedo a nada. Me acosté a su lado y fue el, él me beso esta vez, con sus fuerzas las pocas que tenia me abrazo, me volvió a besar.
- Te puedo contar un secreto mi amor. – le dije-
- Dime, ¿Que secreto tienes?
- Toda mi vida espere esto, y todo mi cuerpo es para ti, nada lo ha profanado, es todo para mí. Quiero que seas tú, mi hombre mi único hombre.
Me miro aterrado, como si estuviera loca, como si no entendiera lo que le acaba de decir.
- mi amor quiero darte mi vida, mi cuerpo y mi alma… quiero que me hagas el amor.
- No puedo, no puedo hacerlo, tu lo sabes, tienes la vida por delante. Toda la vida.
Lo bese, mi vida eres tú, no me importa morir sufrir y todo eso. Me importas tu y cuando tu no estés me moriré por que eres mi luz.”
Ella, me miro, ya no había sol, estaba oscureciendo, estaba todo borroso en penumbras.
Se levanto del pasto me tomo la mano y me dio las gracias por haberla escuchado.
- Pero… ¿te hizo el amor? – le pregunte
- No, el dijo que me amaba y no me haría, daño. Al final igual me daño por completa, el murió en mis brazos y quede vacía.
Me levante, quise abrazarla, preguntarle su nombre. Pero ella me dijo:
- Por favor que perdure… hazla historia.







historia de vida, triste y lamentable; casos así deben haber muchos por causa del sida, pero, mas que nada por causa de la promiscuidad existentes en las personas, tada vez que el carrete es acompañado de drogas y alcohol.
No es un problema solo de jovenes, a veces los adultos creemos estar frente a personas criteriosas y también nos equivocamos, cuidado a veces en la confianza esta el peligro.
Saludos
Manuel Díaz Tapia
que bueno que lo escribiste
gracias
saludos
-----------------
mi otro blog:
http://tranquilosporlaspiedras.blogspot.com/