Becas Chile: del dicho al hecho

Enviado por Luis Eduardo Bastías el 03/12/2008 a las 11:50
Luis Eduardo Bastías

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El programa de becas para el capital humano avanzado ya partió mal. Al parecer, estamos frente a otro caso en que las buenas intenciones del gobierno chocan con su pobre capacidad de gestión.

Cuando se le pregunta a un mandatario cuál es el principal activo de su país suele responder algo como: el petróleo, el turismo o el cobre, en el caso de Chile. Nunca he escuchado a un presidente decir que su principal activo es la gente, el capital humano. Sin embargo, es evidente que es precisamente ese el factor económico clave del desarrollo: las personas. Un país que invierte en su gente es un país que apuesta al desarrollo, especialmente si se invierte de manera inteligente y ordenada.

Por todo ello, iniciativas como las nuevas becas anunciadas por la Presidenta durante su última “cuenta”, dirigidas a perfeccionar el “capital humano avanzado” apuntan en la dirección correcta. No obstante, estas “Becas Chile” y “Becas Bicentenario” ya han sido objeto de duras críticas por la forma en que están siendo adjudicadas.

Concretamente, a fines de agosto se dio inicio al primer llamado a postular a becas para realizar estudios de doctorado y magíster en Australia y Nueva Zelanda, proceso que aún no finaliza, a pesar de que debió haber concluido a fines de octubre. El proceso se ha alargado por los muchos errores en su diseño e implementación, errores que van desde la redacción de las bases y su posterior “complemento” (alteraciones) sobre la marcha, hasta errores en la adjudicación y en el procesamiento de las postulaciones.

Entre tantas irregularidades y errores también se cuentan “errores comunicacionales” que han dado pie a que el grupo de profesionales afectados denuncie haber sido objeto de una “estafa” y “publicidad engañosa”. Estas denuncias se han hecho públicas en varias manifestaciones de protesta y por medio de una carta dirigida a la directora de CONICYT, así como en reuniones sostenidas por sus dirigentes con personeros de esa repartición, encargada de gestionar la adjudicación de dichas becas.

En definitiva, al parecer, estamos frente a otro caso más en que las buenas intenciones del gobierno chocan con su pobre capacidad de gestión. Cosa muy problemática, porque para gobernar no basta con la intención, hay que saber hacer que las cosas resulten bien. Ya se sabe que “el cielo está lleno de buenas obras y el infierno de buenas intenciones”.

Es de esperar que el Gobierno acceda a las peticiones formuladas por los afectados y, más aún, que un programa tan ambicioso y positivo, como es el de “Capital Humano Avanzado”, logre desentramparse para beneficio no de unos pocos privilegiados, sino de la sociedad en su conjunto.

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¡Hola!

Enviado por el 03/12/2008 a las 07:28 PM
Roberto

Encuentro razón en tus plantemientos, sobretodo en cuánto refiere a la gestión del estado en implementación y diseño de las becas. En lo personal, creo que apostar por el desarrollo de profesionales en variados campos de la cultura en paises extranjeros y en universidades de renombre es fundamental para que un país crezca en muchos sentidos y mejore justamente donde por lo general algunos países como el nuestro presentan más deficiencias; la educación.

Ahora bien, puedo pecar de ignorante, pero al menos a mi entender ni en Nueva Zelanda ni en Australia existen grandes universidades de renombre internacional como si existen por ejemplo, en Argentina o Brazil. En ese sentido encuentro estas becas bicentenario bastante limitadas al no poder optar por estudios de calidad en otros países que no sean los antes mencionados. Me parece muy bien de todas maneras que se incentive el estudio en paises no muy comunes y que pueden aportar gran estabilidad a los becados. No dudo tampoco de la calidad de la educación que se pude brindar en esos lugares, al fin de cuentas, todo depende de lo que se estudie.

Ahora bien, en cuanto a las críticas que se han formulado por poner a disposición un número determinado de becas y que finalmente se hayan entregado menos, ese es un tema muy común dentro de este tipo de concursos. Pasa en Conicyt, Fondart y por lo general en todas las instancias de ese tipo en que interviene el estado. Considero de todas maneras que el estado no tiene obligación alguna de entregar el número de becas total a disposición. El número de becas entregado (por lo general) es proporcional a la calidad de las postulaciones, esto es, a la calidad de quienes potulan a ciertos lugares. Si el proyecto de postulación es malo, no hay porque becarlo aunque queden 100 becas para dar. Sería absurdo que un país derrochara dinero de esa manera. Por ejemplo, si se postula a Australia, pero no se tiene conocimiento del inglés, es muy probable que la beca no se otorge. En ese sentido etas becas bicentenario deberían dar la posibilidad de cursar estudios en otros lugares, como España, donde ese mismo postulante pueda acceder a estudios superiores de calidad y ser un aporte a futuro para el país. 

Para finalizar, el estado no está obligado a entregar todas las becas que se proponen, pero si está obligado a cumplir todo lo prometido a aquellos que fueron beneficiados. En caso de no cumplirse, estamos frente a un problema de gestión grave que no hace más que entorpecer justamente lo que busca apoyar, la calidad de la educación.

¡Saludos!


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