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¿Debe España mantener tropas en Afganistán?

Diecisiete soldados españoles han muerto en lo que parece ser un accidente aéreo en Afganistán. El ministro de Defensa, tal vez curándose en salud ante hipotéticas críticas de la oposición, no ha descartado que pudiera ser un ataque. Sin embargo, los talibanes son débiles y apenas pueden lanzar pequeñas incursiones desde la frontera paquistaní. Herat está al otro extremo del país, muy lejos de la zona pastún donde los talibanes eran fuertes. Pero queda en el aire otra pregunta bastante más seria. Afganistán está a miles de kilómetros de España. Es un país pobre, sin grandes recursos naturales -léase petróleo- ni posición geoestratégica. España no es una potencia mundial. Entonces... ¿Por qué se tiene estacionadas tropas allí? Por Claudio Vega Sandoval Corresponsal Atina Chile - Pais Vasco Los datos básicos sobre Afganistán son de todos conocidos: Estado tampón entre los imperios ruso y británico, Afganistán mantiene su independencia y jamás es colonizado. En 1973 la monarquía es derribada por una revolución comunista, liderada irónicamente por un príncipe de la familia real. Luego la invasión soviética de 1979, una larga guerra de guerrillas con ayuda occidental y, después de la retirada soviética en 1989, la guerra civil entre facciones tribales y jefecillos diversos, hasta que de todo este caos surge una facción fanática, los talibanes, que con audacia, disciplina férrea y mucho dinero paquistaní se apoderan del país imponiendo a sangre y fuego una delirante versión del Islam que los demás musulmanes a duras penas reconocen como la que ellos mismos profesan. Todo esto es muy interesante, pero no resulta relevante hasta que entra en escena Osama Bin Laden. Sólo tras el 11 de septiembre de 2001 se convierte Afganistán en un asunto prioritario en la agenda mundial. Los norteamericanos invaden el país y el régimen talibán se derrumba en pocos días después, debido a sus excesos, muy pocos lo defienden. Luego, los norteamericanos se centran en invadir Irak y nada más parece importarles. La mayor parte de las fuerzas norteamericanas abandonan el país y son sustituidas por una macedonia de contingentes multinacionales que oscilan entre pequeños y minúsculos. ¿37 países para reunir 10.000 hombres? ¿Es esto estrategia, o mero exhibicionismo humanitario? Como fuerza de policía provisional, mientras se organiza un nuevo ejército afgano, un revoltijo semejante puede funcionar. Como 'fuerza de tareas' para afrontar retos más serios, es un disparate. No vale hablar de coordinación eficaz para 37 contingentes distintos, cada uno con sus propios superiores políticos y sus 37 líneas de suministros diferentes para armas y equipos distintos y muchas veces incompatibles, desde bases situadas en el otro extremo del mundo. Mucho mejor hubiera sido que sólo dos o tres naciones enviasen tropas y los demás contribuyesen con dinero o suministros. El próximo 18 de septiembre, Afganistán celebrará elecciones parlamentarias, tras las presidenciales que confirmaron a Karzai en el cargo. Está bien que España colabore en la reconstrucción de Afganistán en vez de hacer como EE UU, que arrasa con todo y luego se larga dejando la casa sin barrer. Sin duda le conviene a España y al mundo entero que los talibanes no vuelvan al poder y para ello merece la pena movilizar algunas tropas y afrontar ciertos gastos, pero ésta no es la mejor manera. Tal vez sea políticamente peligroso que las fuerzas de intervención las aporte, todas o la mayor parte de ellas, un solo país o un par de ellos, pues de esta forma incluso los menos suspicaces podrían fácilmente convencerse de que los extranjeros persiguen fines inconfesables. Con una gran coalición esto no ocurre porque ni en las fantasías conspirativas más paranoicas podría creerse que 37 gobiernos se pongan de acuerdo en algún tipo de maquiavélico plan ni mucho menos que pudiese mantenerse el secreto, pero no debemos pasarnos de un extremo a otro. La UE, la OTAN o incluso la misma ONU deberían planear en serio la creación de una fuerza mixta multinacional de pacificación, pero organizada como una entidad única, no un batiburrillo de unidades sin cohesión alguna. También resulta esencial evaluar la labor del Gobierno. Si están haciendo un buen trabajo y los autóctonos les apoyan o por lo menos les aceptan, puede y vale la pena correr el riesgo. La hostilidad islámica hacia Occidente disminuirá si los musulmanes ven a una amplia coalición occidental apoyando desinteresadamente a un país sin recursos como Afganistán. Si el Ejecutivo local es malo y su pueblo no le apoya, el fracaso está garantizado y se debe salir de allí a toda velocidad, como se hizo en Irak. Si el pueblo afgano acepta y agradece la presencia en su país, pisamos terreno firme y los incidentes aislados no deberían preocupar.
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