Cristián Arregui

Sobre el cambio cultural que Chile necesita

 

¿Desde cuándo lo esperamos? Hace algunas semanas, en este espacio, Jorge Jorquera publicó un artículo sobre la necesidad que tiene Chile de un cambio cultural, tema que ha resultado interesante no sólo para los miembros de Atina, sino también para los participantes del sitio de Chile Primero, donde dicho artículo fue reeditado. Esto, entre otras cosas, me ha motivado a escribir algo sobre este tema que considero central para pensar e ir creando el Chile que queremos.

Considero que el tema del cambio cultural que Chile necesita es algo que debería interesarnos a todos los chilenos que constatamos día a día las carencias de nuestra cultura actual, la falta de espíritu en lo que hacemos y el desánimo a la hora de intentar arreglar las cosas que andan mal. En general, nos dejamos arrastrar por nuestros modos rutinarios de ser y no llegamos a tener el coraje necesario para seguir nuestros principios e ideales directrices en el camino que visualizamos hacia un Chile mejor. Cuánto malgastamos nuestro tiempo en actividades inútiles o que favorecen sólo monetariamente a otros, dejándonos un sabor a injusticia que en nada nos ayuda a desarrollarnos creativamente como individuos ni como sociedad. Cuántas veces, también, descansando quizá de las pequeñas tiranías que aguantamos cotidianamente, entregamos nuestro "tiempo libre" en conversaciones soporíferas, superficiales, comentarios de tal o cual rumor, que no tocan nada verdaderamente vivo de nosotros ni de nuestros interlocutores. Si es así, día a día nos estamos perdiendo la oportunidad de ir creando paulatinamente las condiciones para el cambio que Chile necesita. Y no es difícil de entender el por qué de esta actitud: todo lo que en Chile se presenta por sus medios de comunicación masiva y en gran parte por la educación, tiende hacia ese quedarse y anularse. Nos han enseñado a buscar salvajemente una parcela de poder que nos dé una ilusión de seguridad. Cuando la alcanzamos y tenemos lo suficiente para sobrevivir y mientras ese puesto ganado nos brinde una imagen que no nos haga sentir inferiores dentro del medio en que nos desarrollamos, nos quedamos estancados.

Estoy convencido de que el cambio cultural que Chile necesita, sólo va a venir cuándo, aparte de desearlo, estemos dispuestos a ARRIESGARNOS por él. Para que no se confundan: esto no significa para mí tomar la armas, ni organizar una revolución armada, ni ejercer la violencia pública ni política ni nada semejante. No. ARRIESGAR significa ponerse en juego por lo que realmente deseamos. Lo cierto es que siempre ESTAMOS EN JUEGO. Como decía un viejo profesor de filosofía que conocí: A cada instante nos estamos jugando la vida, con cada decisión. Pero harto cambia la cosa cuando asumimos, cuando caemos en la cuenta de esto ¿Todos los que hemos hablado del cambio cultural de Chile, nos estamos, ahora mismo, jugando por él? No se trata de dedicarle algunos minutos después de la pega o el fin de semana, no es tan fácil como ponernos frente al computador y elucubrar sobre lo que Chile necesita. Se trata, según yo, de ir transformando nuestros actos paulatinamente, reorientándolos con nuestra buena voluntad. Nuestros actos y también nuestros decires, pues ya sabemos lo importante que son las conversaciones en la constante conformación de nuestro mundo. No hay que mirar en menos al lenguaje: Es un poder básico que cada uno de nosotros tiene a mano.

Tal como se ve semanalmente en estas páginas, hay mucho qué decir y hacer. Numerosos hechos en nuestro país nos incentivan a plantearnos la urgencia de un cambio cultural.

Personalmente, a partir del desarrollo de algunos temas que he visto tratarse en estas páginas y en autores que distintos miembros de Atina Chile han citado, deseo y vislumbro para el Chile futuro una cultura abierta, con la capacidad de legitimar el decir y los actos culturales de distintos sectores de la ciudadanía, haciendo ceder las estrictas y mezquinas fronteras de los circulillos culturales actuales, dominados por restringidas élites mayormente dedicadas a conservar sus sociedades de aplausos mutuos. Hoy la cultura chilena está dominada por unos pocos grupillos de interés a los que no les interesa, digan lo que digan, una descentralización de su poder. A la vez, a la mayoría de los políticos de hoy en día parece no interesarles tampoco una cultura abierta que pueda hacerles perder un control que va de la mano con sus intereses electorales. En parte por esto ha costado tanto lograr la descentralización del país.

Necesitamos, para un cambio en la cultura, nuevas formas de organizar y legitimar las manifestaciones culturales. No es fácil. Va de la mano con un emprendimiento que se atreva a cuestionar los actuales mecanismos oficiales de legitimación del conocimiento y de los oficios. Las convencionales instituciones en donde se transa el saber, ya no tienen el monopolio de la información. La cosa está cambiando de forma irreversible a través de blogs, revistas, bibliotecas y cursos virtuales que no exigen ningún curriculum vitae, publicaciones varias en donde se da espacio a escritores y artistas formados ya sea de forma autodidacta o a partir de experiencias distintas a la que la antigua visión de "carrera" y "profesión" exigía. ¿Una legitimación post-curricular?. Las manifestaciones culturales en Internet, por ejemplo, parecen hallar su legitimación en el diálogo que se da entre el comunicador y el receptor y no ya a partir de una institución a la que oficialmente le esté otorgado ese derecho.

No es de extrañar que muchos de los que se han visto favorecidos por la monopolización de la cultura, vean estos cambios con temor. La reacción típica es un tipo de conservadurismo presente tanto en derechas como izquierdas. Se trata de una actitud reaccionaria que sólo puede sostenerse, a estas alturas, en una práctica bien conocida por todos los chilenos: el culto a la imagen. El fanatismo al Curriculum Vitae, los caminos trazados en determinadas universidades, los artistas preparados en tal o cual escuela, los escritores instituidos por tal o cual medio de prensa, los artistas lanzados por tal o cual galería, etc, sólo logran fundamentarse, cien por ciento, en referencia al mundo de Jauja de la imagen. Pero en la nueva cultura que aflora y que según entiendo nosotros debemos dejar aflorar en toda su creciente intensidad, esta pretendida imagen deja de ser lo central. Importa ahora la práctica y el sentido que tanto el comunicador como el receptor encuentren en ella. Como aquí en Atina: ¿a la hora de leer este artículo, les interesa alguna legitimación sustentada en mis estudios o experiencia laboral? Claro que esas experiencias me han determinado históricamente y me han dado herramientas, pero acá me legitimo como opinante válido en cuanto ustedes, ahora lectores, le hallan un sentido a lo que estoy diciendo. El viejo adagio “por sus frutos los conoceréis” tiene ahora un nuevo valor y cada vez lo tendrá más, mientras los receptores – que a la vez son comunicadores en otros momentos – tengan una mejor educación comprensiva, empática y tolerante.

Por todo lo anterior, estimo que el cambio cultural que Chile necesita va de la mano con una verdadera reforma educacional que no tienda más hacia el elitismo, sino hacia una comprensión holística que permita a cada individuo ser capaz de relacionarse con los distintos mundos con los que se encuentra en su vida, con la suficiente templanza para comprender cada manifestación cultural, y con la suficiente disposición y gana para encantarse y retroalimentarse cada vez.

Entiendo que el ser humano tiene el derecho de habitar en distintos mundos y el deber de cuidar y colaborar creativamente en la perpetua elaboración de esas distintas esferas de acción.

El cambio cultural que Chile necesita va de la mano con una trasversalidad del comprender y del hacer de cada hombre y mujer. Paralelamente, la sociedad necesita formas o instituciones que puedan organizar y que favorezcan la coordinación de estos mundos diversos. Toda actitud reaccionaria en términos culturales está, hoy en día, orientada a frenar esta apertura. Tanto instituciones educacionales como espacios específicos de nuestras artes y letras, aún funcionan con la lógica de una especialización asfixiante.

Entiendo que las formas de acción más efectivas a la hora de encontrarse con los enemigos de todo cambio real en Chile, son las de la compresión, la empatía y las de un pragmatismo entendido como quehacer abierto a las necesidades de cada momento y situación.

¿Estamos dispuestos a arriesgarnos en el camino del cambio cultural que Chile necesita? No es fácil si nos tienen agarrados hasta lo que se imaginan en empleos hechos a la medida de nuestra sobrevivencia. Por esto, un cambio cultural como del que acá se ha tratado, va de la mano también con nuevas formas de plantearse la economía y el camino laboral de cada cual.

Para terminar, quiero recordar que el sentido de todo discurso sólo adquiere verdadero valor cuando su autor - y los que comulgan con lo dicho por él - están dispuestos a arriesgarse en el mundo que el mismo discurso abre. Cuando estamos dispuesto a llevar las palabras a los actos, aunque éstos sean a menudo pequeños, sencillos y cotidianos.

¿Nos arriesgamos?

¡Saludos, atinadores!

 

 

Cristián Arregui.

 

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fcofre
dijo :



Cristián

 Interesante punto de vista ciudadano. Como unica forma de seguir evitando los intentos fallidos en la organizacion de entes culturales , éste debe nacer de la pluralidad de la base ciudadana y he aquí la primera tarea , promover la unidad de objetivos en base al grupo primario que por lo general es muy limitado pero sólido y eficiente en su visión critica y constructiva con su medio.

Lo desagradable se encuentra en el poder constituido que le pondrá la pata encima , en el acto y momento de su aparición. Aquí nace una idea para Chile1º. Me atrevo a decir que en la totalidad de los pueblos de Chile se necesita y añoran los entes culturales autónomos promovidos desde la propia comunidad que en la mayoría de los casos abandonan los intentos gracias a las persecuciones, presiones o directas amenazas de los enfermos de poder politico.

Hay tantisimo que hacer en nuestras comunidades las cuales mantienen ese inmovilismo que tanto gusta al dueño del poder.  

12/05/2007 a las 9:37
Dominique Le-Cerf
dijo :



los grandes cambios han ido de la mano de unos pocos seres humanos que han tenido el coraje de enfrentarse a la inercia de la sociedad.

Como decía en clases un profe mio a quien admiro, cada uno tiene más poder del que cree. Si lees la Carta de Oñati, firmada y apoyada por personajes del mundo político y religioso de todas las facetas, se dice que el cambio parte por uno, luego se "contagia" al universo inmediato, y como en el mundo material, tb en el mundo moral no se pierde nunca un átomo de energía, así hay olas de cambio en el mundo.

me parece muy bueno tu artículo, la foto es de "los cuatrocientos golpes" de Truffaut. wena!

12/05/2007 a las 12:34
MAFALDITA
dijo :
El más grande cambio cultural será dejar de comernos a los animales...
-
Ese sólo cambio será el inicio de mejores días para todos, incluyendo una mejor vida para los animales...
-
Saludos amistosos, Katy
-
"Utilicemos Atina Chile para ayudar a construir un mundo más sano y mejor para todos incluyendo a los animales"

 
12/05/2007 a las 19:47
Círculo Liguano
dijo :

Respetado señores:

Me parece a mi que todo lo comentado aqui esta muy bien, pero en vez de hablar me parece a mi que uds. deberían accionar. Un par de palabras escritas sentados por una par de minutos en el Pc NO VA A CAMBIAR LAS COSAS. Estoy completamente de acuerdo que el cambio debe partir de la educación y eso es algo que lo puedo palpar día a día en uno de los tantos colegios presentes en este país.El cambio de cultura radica única y exclusivamente en una reforma sustancial de la pauperrima educación que se entrega hoy en el país. Yo me pregunto, dentro de las tantas falencias que tiene el régimen educacional hoy día en Chile, porqué el sector de las artes no esta debidamente considerado para explotarlo y porqué no se le da la importancia que se le da en otros países de Europa por ejemplo. Porqué este sistema no permite, que el niño que tiene habilidades artísticas no se desarrolle de manera amplia y extensa, de manera que en su futuro sea esa actividad la que le de el sustento económico para vivir y no otra que tenga que estudiar solo para sobrevivir inmerso en un sistema netamente capitalista, frio, y tan carente de visión humanista. En fin, podría estar hablando por horas sobre los elementos que podrían cambiar nuestro Chile de hoy. Por el momento, quedo feliz de haber expresado mi opinion en este tan preciado canal de comunicación y de tener hoy en día en la red un sitio en internet que promueve la rica expresión artística que se da en mi ciudad, La Ligua. Corriente que de alguna forma sé que puede ayudar a cambiar nuestra cultura hoy por hoy.

12/05/2007 a las 21:06
Jorge Jorquera
dijo :

Estoy leyendo y aprendiendo. Creo en el poder de las redes sociales (networking) y en el cambio cultural que estamos proponiendo. Atina Chile en si mismo es un cambio cultural, no lo suficientemente grande pero si lo suficientemente disruptor para generar ruido. Y redes.

Hay mucho que cortar, sigo leyendo... y aprendiendo.
Saludos

13/05/2007 a las 22:31
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