
Aquí algunas observaciones de nuestra fauna innovadora.....
El innovador histórico: Este personaje tiene el mérito de haber formado parte de alguna innovación anterior, por lo general definitoria para el desarrollo organizacional, lo que se traduce en una negativa a aceptar nuevos procesos de cambio. Según esta tendencia, él ya ha innovado lo suficiente y no hay imperativo moral que lo haga desistir. Una de las vertientes de esta tendencia apunta a focalizar en los sujetos más jóvenes la responsabilidad de innovar en la actualidad.
El pseudo-innovador: En este caso, el personaje aludido se reconoce por su fuerte entusiasmo y apoyo al proceso de generación de la innovación. A él le corresponde generalmente elaborar la fundamentación de la propuesta innovadora y liderar inicialmente algunas tareas del proceso de cambio. Sin embargo, se caracteriza por una profunda incongruencia: todo a su alrededor cambia, menos él. Tiene serias dificultades para vivir la innovación como un camino de profundización e integración de la experiencia humana, proceso afectado por un cúmulo de variables que -una y otra vez- modifican las condiciones en que una innovación se realiza. Como se trata de un sujeto claramente autónomo y neuronado, el pseudo-innovador termina automarginándose y acusando al resto de "haber perdido el rumbo original".
El innovador rumoroso: De fondo, el innovador rumoroso tiene un miedo atroz al cambio, presiente que lo nuevo significa su ruina profesional o la pérdida irreparable de sus actuales privilegios. Para sobrevivir decide echar a andar un número no despreciable de rumores destinados a dar marco teórico a los actores anti-innovación. Su inteligencia se pone al servicio del rumor, en un verdadero acto de espionaje obtiene información parcializada y provisoria y la convierte en decisión definitiva. De su creatividad emana la idea de que la innovación va a dejar más de algún cesante, que la innovación pone en riesgo la estabilidad institucional, que el cambio se hace porque se privilegian unos pocos, que el proceso de innovación es mera especulación divagatoria y que finalmente el producto -si es que alguna se obtiene- está destinado a satisfacer demandas externas y no internas.
El innovador fatalista: En general, este personaje establece relaciones de defensa con el entorno, incluso en períodos de relativa estabilidad. Los psicólogos sociales dirían de él que vive desesperanza aprendida, es decir, se acostumbró a no esperar, a desconfiar después de uno o más fracasos en el tiempo, fracasos efectivamente vividos. La desconfianza se acrecienta, sin duda, cuando se trata de un período definido por la innovación de las prácticas pedagógicas. Aunque quisiera, no le resulta fácil acoger la invitación a participar pues se ve atado a la idea de que "no va a resultar". Para él los recursos económicos no están disponibles, las personas no son las adecuadas, no hay tiempo para dedicarse a pensar y producir, los alumnos no van en entender las ventajas del cambio, el Estado va a dejar a medio camino el proyecto, las máximas autoridades de la institución no apoyarán las iniciativas de cambio, etc. Probablemente, el innovador fatalista sea el caso más recurrente.
…. de seguro nos hemos encontrado con más de un ejemplar y hay muchos más de lo que quisiéramos dando vueltas por ahí…..
Saludos a todas y todos.....


















Falta el Verdadero Innovador
Jimena:
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Christian H. Franulic C.
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