Meditaba
sobre los desafíos del siglo XXI, sincerando las redefiniciones necesarias,
esas aclaraciones que se había postergado. Pensaba en las causas profundas de
mi actual visión de la vida, indagando por el actual estado de las cosas, por
aquellas respuestas pendientes en medio de un mundo que ha cambiado
¿Por qué desconfío de los discursos
actuales de la seudo izquierda progresista? ¿Cómo volver a enhebrar las ideas
de progreso, equidad y esfuerzo cotidiano, integrando un movimiento político
ciudadano que revitalice la política?
Rechazo las
etiquetas livianas de esos seudo progresistas que hablan de izquierdismo pero
actúan encadenados al poder, castrados de proyectos, incapaces de abrir caminos
diferentes, encerrados en sus burbujas, respirando el aire enrarecido y sin
animarse a abrir ventanas al cambio generacional, resignados a administrar un
sistema que se ha demostrado centralista, concentrador de la riqueza y
depredador de la naturaleza.
Rechazo el
izquierdismo que no se compromete categóricamente con la lucha antidroga.
Rechazo el relativismo respecto a la ética, respecto a los afectos, abogo por
la familia sólida, educadora y formadora de personas; por la sexualidad
responsable que es parte del amor y no creo en el libertinaje que se viste de progresismo.
Si ello me ubica como conservador también lo rechazo, ya que pensar en una
sociedad justa que apunta a la felicidad pasa por cultivar el amor, el respeto,
la dignidad como eje de las comunidades, como la esencia de las familias, de la
relación filial y fraternal que hoy se extraña y que es necesario recuperar
para superar la dispersión social de las nuevas generaciones.
No compro
discursos izquierdistas panfletarios, porque vi. a muchos compañeros de ruta
abandonar las utopías frente al becerro de oro, porque fui victima directa de
una traición que manipuló los afectos y que provino de esa percepción ingenua
de que las personas treinta años después siguen intactas, manteniendo su
compromiso y consecuentes con sus ideas. Bajar la guardia por creer que era
real ese mundo idealizado, me costó largas penurias, hasta lograr escapar de
sus secuelas.
Desconfío
de esos políticos que ayer levantaban el puño mientras entonaban la marsellesa
y ahora son lobbistas de multinacionales, desconfío de esos discursivos
perpetuos que nunca trabajaron un día a nadie, desconfío de esos blasones
académicos que muchos compraron, desconfío de su idoneidad moral porque les he
visto armar ingenierías de corrupción, desconfío porque los vi ser
irresponsables con sus hijos, porque debilitaron la familia y sus valores,
desconfío de ellos porque esgrimen el tema de los derechos humanos sólo cuando
les conviene. Desconfío de sus fortunas porque nunca dieron cuenta de la ayuda
que recibieron durante la dictadura y que era para construir espacios
democráticos en Chile, Desconfío de las cofradías del silencio, de las
negociaciones que echaron bajo la alfombra los vicios en que han sido
sorprendidos.
Me duele tener que asumir a la distancia que esos principios y sueños por los
que luché en nuestra breve adolescencia política, fueron manoseados por
personas que nunca creyeron de verdad en cambiar el mundo, que demostraron ser
fríos y calculadores operadores tras el poder, pero en beneficio de grupos, de
la misma forma como lo ha hecho la derecha tradicional, sólo que ésta lo ha
hecho siempre con claridad entre sus dichos y acciones. Hoy el relativismo se
ha apoderado de las propuestas, nada es real ni definitivo, flaquean las
convicciones y te sorprendes en calidad de díscolo, crítico, blasfemo o
inquisidor, denunciando canalladas que ocurren con ritmo de normalidad, pero
que siguen remeciendo tu conciencia.
Cuando
reviso el estado de cosas, adhiero a la vida y vuelvo a lo fundamental, la
calidad interior y el compromiso que distingue a las personas por el ejercicio
cotidiano de su libre albedrío, por los gestos inconscientes que se expresan
articulando el bien o el mal.
De esta
visión madura extraigo una lección, que apunta a encontrar espacios para seguir
luchando por la democracia profunda, por la doctrina del esfuerzo, por el
rescate de la verdad cautiva en lo políticamente correcto.
Se buscan
ideas y sueños. Algo de lo que carecen aquellos que simplemente luchan por sus
intereses personales y que en función de aquello no trepidan en venderle el
alma al diablo.
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como vive la gente de derecha :) ja ja ja
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Saludos amistosos, Katina
KATINA : PUCHAS QUE TE SALIÓ DEL ALMA Y ANTES QUE A MÍ.
Y TIENEN TODA LA RAZÓN, A QUIÉN NO???????????????
SALUDOS.
KARMENCITA