Es buena la ducha que reconforta y beber un poco de jugo de naranjas cuando la garganta y el vientre parecen hervir y uno está hirviendo de rabia por culpa de esa maldita fiesta... ¡Me revienta que uses esa falda tan corta!... Y el borracho, tropezó con tan buena fortuna, que cayó con sus dos manos sobre las piernas de Minerva. ¿Por qué nunca caen de bruces en el filo de un cuchillo? A mí no me vienen con cuentos, los borrachos eligen muy bien el sitio donde caen. Nunca escuche de alguno que se hubiera roto la jeta contra una chimenea encendida...
Minerva sufre cuando tenemos que esperar cualquier cosa, esperando el autobús a veces; otras con los ojos nublados por el insomnio esperando la mañana... Ahora espera un hijo y no sufre. Corre feliz por la casa y hasta entona viejas canciones de Noruega...
La nieve nuevamente se amontona junto a las calles, los pájaros han emigrado. Minerva está enferma, no ha venido hoy a la escuela. Esta tarde iré por su casa y allí estará blanca y pálida en su camita de madera tallada...
Hace horas que espero la llegada del buque... Pequeño, con los brazos cubiertos de barro, lanzó buquecitos de papel en las aguas que descienden lamiendo el rostro...La cara maltratada de nuestra calle. Minerva está aquí con las rodillas mojadas y el pelo cayendo ensortijado sobre sus ojos. La miro fijamente y descubro tras sus pupilas, la inmensidad quieta del horizonte... Avanza suave, despacio, con las chimeneas encendidas... los buquecitos de papel no tenían chimeneas... dentro de algunos minutos el "Coburg" recalará junto al muelle número tres.
Hoy partiré. ¡Sí!, navegaremos por los mares del mundo y los puertos vestidos de niebla nos recibirán al atardecer con un pestañeo de luces o quizá tocaremos puerto al amanecer, cuando la serpentina ruidosa de las sirenas, apague el canto de las gaviotas y el mar yazga dormido con las piernas abiertas... Recorreremos las callejas cantando... A veces, mudos y tristes apagaremos nuestros cigarrillos sobre los platos, porque en los bares y cafetines, nadie nos acerca un cenicero... Nadie sería capaz.
¡Seguro!, ustedes no lo van a creer... ayer cumplí nueve años, Minerva tiene siete, es rubia, tiene un gato regalón... antes ambos fuimos adultos, es decir, casi adultos, Minerva llegó a tener diecinueve. Cumplí mis veintiún años en Dakar, allí los negros recorrían la calzada recolectando colillas de cigarros... Hoy Minerva y yo hemos recogido centenares de pepitas de melón, Minerva las irá ensartando, de una en una, a través de un hilo color naranja. Ella no sabe hacer nudos ciegos.
¡Minerva, deja que yo te lo amarre!... y continuamos discutiendo, insisto en que acariciar un pecho es lo mismo o casi como acariciar una mejilla, un brazo, una rodilla o una oreja. A los senos, Minerva les llama "partes púdicas" y su profesora de francés también... Ahora ya no tiene pechos, me divierto en echarle arena sobre las tetillas aplastadas, es niña, cría muñecas de pelo rubio y cuenta hasta diez, ayudándose con los dedos...
Estábamos desnudos tendidos sobre la cama, ella mirando y yo mirando correr una araña sobre el cielo raso. ¡Cielo!, me dijo, ¿Quieres dejarme el lado de la lámpara? -Quiero terminar de leer esta novela. ¿Deseas el lado de la luz?, dije. -Deberás pagarme peaje... Ella montó sobre mí y gozamos... yo monté sobre ella y continuamos gozando... La novela cayó... Vino el incendio. Dicen - en ese pueblo- que nuestros cadáveres estaban tendidos, mirando el cielo raso.


















Buena narrativa
...amigo, tantos años en un minuto... bienvenido.
Manuel Díaz Tapia
Esperando haber atinado...
Gracias Manuel, por tu generoso comentario a mi primera incursión.