Cuando atraparon el pez globo, los hombres respiraron tranquilos. Uno sólo de estos peces, conocidos como fogu o foku, por el alto precio, les alcanzaría para vivir, sin mayores contratiempos, por lo menos una semana. La guerra, además de destruir el país, les había destrozado la vida… el orgullo nipón, yacía desmadejado por el suelo, el aire todavía olía a pólvora y muerte. Las tropas norteamericanas de ocupación, recorrían los suburbios de la ciudad, repartiendo chiclets y avergonzando muchachitas… ¿Dónde estaba el viejo samurai? ¿Dónde había sido desguazado, el honor del sol naciente? … Ideochi y sus amigos avanzaron por las callejas. Envuelto en papeles de periódico, el fogu daba sus últimos estertores, bajo el brazo firme de Noriko, la única muchacha del grupo. Los gringos, los detuvieron. La hermosura de la niña y la borrachera, los habían transformado en chacales… Los fusiles apuntaron y el gringo que comandaba el pelotón tomó a Noriko con ganas de desnudarla allí mismo. En el forcejeo el pez cayó en medio de los adoquines, mostrando la esplendidez de su anatomía… Por favor, no nos quiten el pescado clamó uno de los muchachos. Con un dejo de ironía, el comandante de los gringos preguntó: Is it a good tasting fish?. "Yes", se apresuró a responder Ideochi, "this is the best tasting fish in the world"… El gélido viento del Este, comenzó a dibujar helados tatuajes en el rostro de los hombres. En la playa, la luna y la resaca retomaron su diálogo milenario… El temor de Noriko se acrecentó, cuando uno de los soldados, comenzó a acariciar sus pequeños pechos, en el pardo silencio de las sombras… Vamos a comernos el pescado, sentenció el Comandante. Entraron violentamente en una casa y avivando las llamas del hogar asaron el fogu prestamente… Es un pescado muy rico seguía diciendo Ideochi. Entonces, tú vas a comerlo con nosotros dijo riendo el gringo. Cuando el pescado estuvo listo, un gringo lo trozó y luego todos los soldados comieron de él. Ideochi tomó y comió un trocito. Pronto la tirodotoxina, el potente veneno del pez globo, comenzó con su mortal tarea… Ideochi, sintió como el veneno, transformado en una navegador, avanzaba por sus venas bloqueando, en sus células, los canales del sodio… Ideochi sonrió, Noriko no sería violada, porque aún quedaban en Japón, hombres valientes.


















La experiencia es más fuerte que el veneno
Hombres valientes, diestros en la fuerza sutil que entrega el conocer las palabras y los gestos precisos para el momento oportuno.
Insisto, tu pluma es virtuosa.
Un abrazo, amigo mío, desde este sur donde, un día, nos sentaremos a escuchar el viento
Pilar