Anverso Literario: Hacia una interpretación Lihn-guística de las Sirenas
Este texto no persigue abarcar y menos aún agotar la obra de
Enrique Lihn, eso sería sumamente soberbio por no decir imposible, ya que
este escritor chileno en vida, deambulo con gran talento por todos los géneros
y medios, narrativo, drama, audiovisual, cultivo el happening y la crítica de
arte, pero fue en la poesía, ámbito privilegiado de su potencial creativo,
que con especial elocuencia por cerca de cuarenta años logró edificar, sostener
y trasmitir a través de la palabra un universo de sensibilidad y pensamiento
inconmensurable, no en vano ha sido calificado por otros poetas y críticos de
todas las lenguas como el más metafísico de nuestros líricos o el más lírico de
los poetas metafísicos.
Sin duda Lihn es hoy en día, una de las voces poéticas más importantes de
Latinoamérica capaz de conjugar su intelectualidad y dotes de gran lector con
una enorme y directa franqueza para interpretar la realidad y el conflicto del
hombre en toda su magnitud. Entre verso y verso Lihn teje una compleja red
que te atrapa pero no te sofoca, te deja respirar y reflexionar sobre tu
situación, la del mundo, y en ello transitan temas tan variados como la memoria
y la carne, los sueños de infancia y la infranqueable precariedad del ser.
De manera que leyendo su poesía, el lector puede destornillarse de risa y de
pronto sumirse en el patetismo mas hondo al ver reflejado con estilo, nuestra
cruenta y absurda condición de monos conscientes que usan pantalones
Hecha esta sencilla introducción (que trata con dificultad de hacer honor a
Lihn y su obra cuando el verdadero honor esta en leerlo) declaró que la
intención de este escrito titulado “Hacia una interpretación
Lihn-guística…”, no lleva el encabezado por mera casualidad, lo que se
persigue es plantear sin pretensiones científicas o académicas, una posible
lectura, entre muchas, en torno a su poesía, y en esta ocasión en específico,
atender al poema “Las Sirenas”.
Busco en gran medida entregar mi apreciación como lector, como receptor
empírico del yo poético que establece Lihn, dirigiendo la interpretación desde
la más abierta percepción e intuitivismo sin perder de vista las estrategias
textuales del chileno y su riqueza estética y sentido pragmático, producto de
intervenciones mecánicas y estructurales de la teoría y sus métodos clínicos.
Para el análisis dividiré el poema en tres unidades semánticas como muestra la
trascripción
Las Sirenas.
/ Hemos llegado sin saberlo a viejos /
/ Las hermosas mujeres de treinta años
se nos van de las manos, nos conceden
el abrazo y el beso y el oleaje
se retracta, alejando esos ramos marinos
de ojos verdes y azules, que espuman otra orilla
de la rompiente a la que ya no llegamos /
/ Vienen en lugar suyo las sirenas
arrastrándose a hacernos compañía
cuando es la bajamar y derriten la cera
de los oídos en un bar nocturno
y desamarran del palo mayor
a Ulises el anciano
que, cansado de haberlos oído solamente
por fin cede al deseo de ahogarse entre ellas./
Autor: Enrique Lihn (Chile 1929-1988)
El poema parte con una actitud empática y conminativa del hablante lírico que
se incluye y compromete como parte activa de su enunciado desde un nivel
personal, la primera unidad semántica nos habla desde un “nosotros hemos”
esa vejez a la que hace alusión la comparte el yo de la poesía con los otros,
con todos los que haciéndose parte de su mensaje sufren la sorpresa de ver
enrostrada la impotencia y la magnitud ensombrecedora del agotamiento. Las
fuerzas ceden ante el discurrir de los años y el reloj no cesa en su cruzada.
Ese pesar aumenta en la siguiente unidad semántica, Las hermosas mujeres de
treinta años se nos van de las manos este verso califica y complementa al
primero, podríamos hablar entonces de perdida de la virilidad, de manera que el
hablante es un hombre que añora y al cual minan su energía la belleza y
juventud de fértiles mujeres que quizá antes pudo tener. Sin embargo hay que
destacar que en este fragmento no se hace sólo alusión al sexo y continente
carnal, delineando una sencilla muerte de la vida sexual y erotismo del
hablante, lo mismo se aplica para todos aquellos que se identifican con su
llamado inicial.
La reflexión frente a la mujer se vuelve vital pues la figura de la fémina
orbita en torno a la mirada, experiencia fundamental en la comunicación,
mediante esta, el otro nos es presente como realidad, conciencia y subjetividad
que se nos opone, valora, enjuicia o simplemente determina, de forma que al
señalar que esos ramos marinos de ojos verdes y azules se alejan hacia
otra orilla, se está aludiendo a una condición metafísica de la relación con la
alteridad, algo más intimo, afectivo, definitorio para la consciencia del yo, y
los límites que hay para vincularse a otra persona en su totalidad, en este
caso a una mujer que el “yo” podría definir, desafiar, extasiar y viceversa. De
modo que este ser, que ahora se declara viejo, reconoce con asombro y dolor su
cada vez más limitado atractivo para la mirada, debido a la apariencia externa
de su alicaída carcaza.
Al buscar otra orilla, otra mirada, otro ser, estas mujeres y su presencia
elusiva confinan a los viejos hombres a otro extremo, al hermetismo de la otra
costa, desde la cual sólo y voyerista, ignorado el hombre no se puede
comunicar. Esta perspectiva se complementa simbólicamente con el ámbito
marino que nutre a los versos de esta segunda unidad.
El mar representa, por un lado vida, liquido amniótico, oxigeno, pero en la
medida que aquí nos referimos a un abandonado, a un naufrago, vemos la
contraparte, la nada, la muerte inmensa en esos fondos inciertos y abisales, un
horizonte monocorde y vacío que atrapa a los hombres en su vejez solitaria sin
mayor posibilidad de comunicación que el solipsismo integro del desfallecer
consciente, tal como señala el primer verso, en el cual el hablante declara
cada vez, sentirse arrojado con mayor violencia a la nada de su ser y es que
por mucho que vaya en nado a contracorriente en este océano del olvido, las
fuerzas de antaño ya no están.
Lihn hasta este punto, presenta la crisis del hombre maduro enfrentado a la
soledad y al devorador sentimiento de decrepitud e impotencia, el poeta no nos
saca del ámbito mundano, la poesía sigue moviéndose en el terreno del día a
día, de algo que todos tendremos que experimentar en algún momento. Pero el
poema, en crescendo en cuanto a su significación no culmina encerrándose en los
bordes de un dilema físico con connotaciones metafísicas, Lihn introduce en la
siguiente y última unidad el mito y uno de los temas recurrentes de su poesía el
viaje.
Y aunque en la primera parte atestiguamos el fin del viaje existencial que a
todos nos espera, aquí el autor hace de manera explicita primar el tópico
literario que asociamos a Dante y muchos más, la inteligencia de Lihn como
lector introduce el conocido fragmento de la Odisea de Homero en que Ulises
para escapar del canto de las sirenas se ata a un mástil y echa cera en su
oídos. Este pasaje ha sido tratado de forma intertextual y deformado por
otros autores con fines múltiples, desde Kafka hasta Denevi en sus
Falsificaciones, Lihn no se queda atrás y se apropia de lo dado
culturalmente por el genio griego y asocia a las sirenas con su primer tema
mundano, aquí estas mujeres de la fantasía mítica representan la imagen
quimérica, la utopía del viejo, podemos decir que se trata de una mujer
universal, una imagen ligada a la memoria y el delirio que viene a reemplazar a
la mujer física como una necesidad mental de recurrir a un paliativo a un oasis
de belleza en el desespero por compañía y comunicación que este naufrago
solitario y desfalleciente reclama, sin embargo eso sería muy sencillo y Lihn
no se queda en el simulacro de mujer, pues aunque ya nos saco medianamente del
campo meramente humano al introducir lo mítico y literario, usa de anclaje
hacia sus primeros versos la siguiente construcción: y derriten la cera de
los oídos en un bar nocturno
Apropiándose del mito reconstruye este para asentar lo universal y sus
criaturas en lo mundanal, de forma que las sirenas con su canto no son sólo un
paliativo sensorial y soñado producto de la necesidad del hablante solitario, estamos
ante otro tipo de mujer una real, carnal que se entrega física en su plenitud y
que libera al yo de la incomunicación, de esa soledad nocturna que se ha vuelto
permanente y endémica para el naufrago. La esporádica y generosa compañía
se produce en un bar, elementos todos que conjugados permiten extender el campo
semántico a fin de que cada lector rellene con su enciclopedia el poema a
partir de aquel fragmento breve y subrepticio, la fabula del “yo” termina fuera
de la pieza lírica y en la mente de cada receptor, gracias a un verso ancla que
es a la vez puente a otra historia inconclusa e igual de perpetua que la
soledad del yo envejecido. La del mundo bohemio, de las damas de compañía, los
noctámbulos y aquellos que compran amor y una caricia o comparten una charla
perdida y aletargada pero fugaz en algún hueco perdido.
Sin embargo el poema no concluye hasta que Lihn retoma por completo la figura
de Ulises. De vuelta al mito el poeta trabaja el sentido del intertexto y el
héroe de Ática aparece en su voz anciano, igual que su hablante y todos
aquellos que fueron conminados al principio. Ulises como estos hallará en las
sirenas refugio a su viaje, a su odisea existencial la cual estuvo plagada de
mujeres fértiles, Circe, Penélope, Calipso y Nausica, sólo que de pronto
cansado y harto, la versión del creador de Gerardo de Pompier nos revela a este
arquetipo universal de la aventura y astucia humana, capacitado originalmente
para sortear el peligro en las fauces de Escila y Caribidis, descender al
inframundo y derrotar a Polifemo desafiando a los dioses, con las
características de un mortal común, amilanando y ubicado en la otra orilla,
lejos de la mirada de todas estas mujeres hermosas y sabias que cruzaron su
recorrido. Incomunicado el poeta nos lleva a pensar que si el prototipo de
héroe cae, qué queda para nosotros, viajeros menos ilustres, pero viajeros al
fin y al cabo.
Ulises cede en su odisea ante la materialidad o la ilusión de estas perfectas
criaturas y el poder de su canto, mismo que un momento, potente, soberbio y
febril, Ulises rehusó, pero que ahora deja que lo envuelva, que lo ahogue,
colmándolo. Así termina el mito, este nuevamente se une con la realidad primera
y descarnada que nos muestra como el rumor del canto de estas fieras marinas
nos enseña cuan lejos un Ulises, el yo inicial y todos los que con él se
identifican, están con respecto al hombre que fueron; lo que en una ultima
instancia hace de las sirenas, no sólo una ilusión quimérica o memoria
requerida, o quizá esa mujer esporádica que suple precariamente la necesidad
física e inmediata como dama de compañía. Ellas se revelan por sobre todo como
emisarias de la muerte, mensajeras del fin, de ese vacío insondable que es la
nada marina e incierta. Lihn demuestra así en este poema la magnitud de su
lirismo, de su genio poético que transita entre lo mítico universal y lo
mundano del día a día, la experiencia mas intima y el terror mas común se
une en sus páginas en un sublime maridaje con la condición finita del ser y el
plano metafísico de la reflexión y el delirio.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en: Cinosargo







Tengo que leer a Lihn, algún poema leí de el y lo dejé pasar, luego de tu escrito buscaré nuevamente estos poemas, como no vi nada de lo que tú muestras?.
Excelente exposición, siempre tengó vahídos de la conciencia con los versos de Lihn, "No hay perdón para el cambio de los objetos libidinales" se repite constantemente en mi cabeza.
Excelente exposición, siempre tengó vahídos de la conciencia con los versos de Lihn, "No hay perdón para el cambio de los objetos libidinales" se repite constantemente en mi cabeza.
Reiterativo el hombre...
Lihn tiene mucho material, te recomiendo personalmente La Musiquilla de las pobres esferas o Paseo Ahumada, y den una vuelta por Cinosargo, allí hemos publicado bastante de él, dejo el vínculo
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A veces es mejor simplemente callar.