sebastian blasson

RECONSTRUCCIONES

 

RECONSTRUCCIONES

 

“Por eso, cuando cerca de Isla Negra se pusieron en venta unos terrenos costeros, yo reservé tal vez el más hermoso para fundar en él una colonia de escritores. Lo fui pagando por años con mi trabajo frente al mar, pensando restituir así con esta obra algo de lo que debo a la intemperie marina. Bauticé este territorio literario con el nombre de CANTALAO. Así se llamaba un pueblo imaginario en uno de mis primeros libros. Y este año, en 1970, he terminado de pagar las cuotas de la exigencia, no sin antes haber perdido terreno por delimitaciones defectuosas. En cuestiones de límites siempre pierde la poesía. Antes de entregar la fundación a los escritores, construí una cabaña con el doble objeto de guardar los materiales, clavos, tablas, cemento y refugiarme allí de cuando en cuando……….. Esta mañana me fui a dejar un ancla recién comprada en el puerto de San Antonio. Con serias dificultades y con la ayuda de un tractor pude depositarla en una altura del terreno. Nada más fundador que un ancla. Toda fundación debe ser así precedida. Por lo menos, en la costa, una construcción no debiera empezar con la primera piedra, sino con el ancla primera.”

 

“Para nacer he nacido” Pablo Neruda, 1977

 

  Es así como el ficticio pueblo imaginado por Neruda, en el libro, “El habitante y su esperanza”, nacerá establecido en alguna remota región en su poética y con el pasar de largos años, geográficamente establecido no muy lejos de su casa de Isla Negra. Esta primera cabaña construida a mediados del año `68, descansará en las sabias manos de quien hasta ese entonces realizará los mayores trabajos de carpintería en todas las casas del poeta, sobretodo en la de Isla Negra, Rafael Plaza, “Rafita”. La originaria construcción se realizó de una manera muy común entre el poeta y su carpintero rafita, una primera etapa, conversada, líneas imaginarias que extendían entre ambos, con algún que otro dibujo en que se plasmaban las ideas, y luego un plano arquitectónico que hacía de PRE-edición del proyecto, esto, porque la libertad creativa del poeta siempre exigía ciertos cambios hasta concebir la construcción definitiva. Esta forma de trabajo siempre fue el camino seguido por ambos para concretar los proyectos, además del profundo entendimiento mutuo que reino en todas las construcciones que hasta ese momento habían realizado en conjunto. Chile país geográficamente telúrico, por el año 1965, recibió la visita de un fuerte terremoto, Valparaíso no fue la excepción en sufrir las consecuencias de la naturaleza y mucho menos la casa de un indefenso poeta, débil en materias de fuerzas sísmicas. La últimas de las casas de Neruda, La Sebastiana, enclavada en el cerro Florida, recibe los más fuertes embates de este movimiento, en la pequeña cabaña que poseía el poeta en el último de los sus pisos, ahí estaba la biblioteca de la casa, además descansaba uno de los más queridos recuerdos de infancia que en su vida alcanzo a poseer, el caballo de la talabartería “La Francesa”. Esta cabaña estaba definida por cerchas semi curvas de pino Oregón que sostenían el techo, dejando por ello un cielo abovedado. Debido a la fuerza de los envistes telúricos, algunas de ellas cedieron rompiendo parte del techo y pasando en una estruendosa caída de destrucción, a pocos metros del querido caballo, y a centímetros del corazón del poeta. Es así como de suma urgencia se realizan trabajos en Isla Negra para el traslado definitivo y la pronta llegada del caballo al lugar que hasta hoy ocupa en esta casa y poder evitar así que quedará a la intemperie de la noche porteña en el encumbrado cerro Florida. Poco a poco van llegando a esta casa costera junto al caballo, las cerchas, el moai kava kava, los vitrales de colores que milagrosamente se salvaron y las techumbres de los cielos. Rápidamente se le busca alguna utilidad a los materiales y las cerchas de inmediato se van a formar parte de Cantalao, al igual que los coloridos vitrales. El resto de los materiales el poeta se los conseguiría con un amigo español en Traslaviña, localidad ubicada antes de llegar a Viña del Mar, amigo que se dedicaba al oficio de rescatar materiales en las demoliciones. Esta sociedad de amistad entre ellos era desde hace un tiempo, probablemente una amistad nacida en los refugiados republicanos llegados a finales de los años `30, en el Winnipeg y que Neruda ayuda a encontrarles una nueva patria. Familias enteras escapadas de una España dividida buscando refugio y que realizarán los más diversos oficios en esta nueva tierra que los acoge y que por generaciones irán agradeciendo el esfuerzo realizado por el poeta, en una de las misiones humanas más nobles que éste realizará a lo largo de su vida. Se utilizó un camión para traer los materiales desde el puerto, una labor que encabezó rafita y otros muchachos, como Erazmito Catalán que también participará como ayudante en la construcción de la futura cabaña. Neruda los observa y los guía en Valparaíso y se marcha primero a esperar por ellos en Cantalao. El camión llega de madrugada al terreno en Punta de Tralca, y luego de descargar, se reúnen a charlar los pormenores del traslado y degustar unos sándwich que doña Matilde había enviado y algunas botellas de vino con que los esperaba el poeta. En las manos de Rafita se inician así, el comienzo de uno de los sueños más profundos en la poética de Neruda y que ahora, después de tantos años escritos, en uno de sus primeros libros, comienza lentamente a tomar forma y vida. Esta construcción sigue la misma línea arquitectónica que las salas del estudio y de la biblioteca en la casa de Isla Negra, como vagones de tren, y el espíritu de la covacha originaria, aquella que mira de frente al mar, muy cerca del comedor y bar. De madera desnuda en su forma más natural, lampazo crudo, reinando así en su estructura un espeso aroma a rusticidad. La Cabaña no es muy grande, de cielos semi curvos, con vitrales de colores sobre la puerta de entrada y también coronando las amplias ventanas que miran en varias direcciones la inmensidad oceánica. En el proceso constructivo, cada lampazo demarcado por la fuerza del serrucho, que con su corte impostergable en el profundo movimiento, libera un perfume a bosque virgen que escapa de las maderas sometidas a una nueva estructura concebida en las manos del maestro. En su interior, en uno de los extremos entrando hacia el fondo, cercana a una de las ventanas que mira directo hacia el sur del pacifico y por donde la luz lo cubre todo, un pilar anclado al suelo y sobre él, una mesa circular del mismo rústico lampazo que reviste el interior y exterior de la estructura. En una de las esquinas, cercana a la mesa, unos estantes anclados a la pared y en ellos, vasos de colores, unas pocas botellas de vino, algún otro licor y varios libros. Pintando de colores algunas de sus paredes, magníficos cuadros con láminas de exóticas aves y pájaros de la zona, cormoranes, gaviotas y pelícanos que hacían el deleite al poeta con su vuelo desde la inmejorable vista de la cabaña. Así como también varios cuadros y fotografías antiguas de locomotoras a vapor y sus vagones, nada extraño para el hijo de un conductor de trenes lastreros y al cual este mundo ferroviario nada era de distante. La construcción como tal duró cerca de un mes y era la antesala de uno de los más grandes sueños nerudianos. Una comunidad de escritores y artistas donde Cantalao sería la fértil tierra en la cual florecerían todo tipo de actividades artísticas. Lugar de encuentro, estudio y creación, donde por períodos de tiempo, estos jóvenes creadores habitarían las instalaciones y realizarían sus más profundos descubrimientos y estudios de las artes y las letras. Neruda nunca imagino los siniestros destinos que su patria entera pronto viviría, vientos de terror y muerte, destrucción y sangre, separaría por muchos años los destinos de él y de mucha de la gente de su tierra, sepultando en forma no nata la idea de la comunidad de escritores y artista, Muere el poeta padre de esta tierra que prometía fecundidad y crecimiento, tiempos oscuros envuelven los días, los meses y años en que descansan estos territorios nerudianos. Solos, sin más que las temporadas y sus estaciones, el viento infatigable y la presencia permanente de las alternativas oceánicas. Las manos que ayudaron al poeta a hacer crecer la idea, los que trabajaron en el diseño y los planos, deben exiliarse en lejanías donde su vida pueda continuar, sin dejar atrás el peso amargo de la partida y lo que debe quedarse sin formar, y ya parte de un todo impersonal y no propio. Es así como la rustica cabaña huérfana, recibe los embates de siniestras manos que por diversos y sistemáticos medios pretendían borrar todo tipo de vestigio poético. Rompen algunos de los vitrales de colores, dejando una estela triste de pequeños fragmentos coloridos en el piso, destruyen los desnudos lampazos que cubren y protegen, las puertas desaparecen desancladas a tirones de sus bisagras. En algún momento de este proceso, un joven de ideales libres, se apodera de este refugio y haciéndolo suyo, repara y restaura lo básico para poder habitar la cabaña, ayudando al cuidado de los vándalos inescrupulosos. De aquel tiempo cinco o seis años a su cuidado y luego otros destinos lo llevan a dejar la cabaña nuevamente al cuidado de la amplia soledad marina y con el pasar de los años irremediablemente, poco a poco irán desapareciendo los lampazos, las ventanas, los techos y el sueño nerudiano de Cantalao nuevamente dormirá aletargado en una profunda somnolencia. El tiempo queda detenido en los poderosos cimientos de cemento en donde estuvo la cabaña del poeta, hasta que otras manos, otras fuerzas, pero la misma sangre ensoñada de Neruda, comenzarán a renacer de las cenizas, como aquella ave fénix de historias mitológicas e inmortales y retomara el sueño inconcluso. Lentamente durante la década de los ochenta y noventa, estos territorios serán un lugar de vigilia permanente, de un espacio atemporal, donde, solo y el silencioso proceso de espera será visto como un horizonte lejano, pero no inaccesible. Con fuerzas renovadas y sangre joven, la Fundación Pablo Neruda establece las delimitaciones, que no dejaron contento en un comienzo al poeta, y que perdidas entre las vegetaciones que nacen de forma natural en los terrenos, estaban desaparecidas. En Mayo del 2006, lentamente se establece Cantalao, otra vez buscando este nacimiento tan deseado. Topógrafos demarcan sus límites, se cierra sus perímetros y se constituye nuevamente. Es así como a comienzos de Enero del 2007, nuevamente los pasos de Rafita atraviesan los territorios nerudianos de Cantalao, cuando el sol despunta y sus rayos descubren la humedad de la aurora en cada gota sobre los Chaguales que reinan aquellos terrenos y la vegetación costera que crece sin un orden concebido, mas que el desarrollo natural de ella, se levantan con la tibieza de un nuevo día. Esta vez lo acompaña en las labores constructivas su hijo Ernesto Plaza, cerrando de esta forma consanguínea, el renacimiento de la nueva cabaña. Llegan los materiales y sobre el mismo redier de antaño, hoy semidestruido nacen los cimientos de esta nueva construcción que crecerá en su forma originaria. Rafita se ve contento, su mirada sigue ciertas líneas que el resto desconoce, detalles de conversaciones con el poeta que solo él conoce. Le agrada poder utilizar pilares de maderas más gruesos, rollizos impregnados de un diámetro mucho más anchos. Una vez estos instaurados a la base del nuevo radier, se asientan las vigas laterales y en un ingenioso proceso de curvatura de la madera, se logra dejarlas de la forma deseada y la necesaria para poder formar las cerchas semi curvas que la cabaña necesita para su techo. Con delgadas y largas varas de Eucalipto se comienza a cerrar el abovedado cielo que la estructura esta formando, dejando así una mágica y especial entrada de la luz del sol. Sobre este particular cielo, planchas de fibras de vidrio, amarillas y verdes que finalizan el techo, provocando en su interior un juego de luz y color concebido solo en Cantalao.

Tanto el exterior como interior de la cabaña, rústicamente vestida en crudo lampazo se une al piso que dividido por líneas de madera de Roble y una finísima capa de cemento entrega como resultado una textura firme y delicada. Puertas y ventanas de medio punto, semi circulares coronadas con vitrales de colores azules y anaranjados y el pez nerudiano recorriendo cada una de ellas sigue un circulo infinito.En un sorpresivo acto de maquinaria pesada, se levanto de su lecho el único compañero de la antigua estructura, la poderosa ancla que Neruda trajera del puerto de San Antonio para constituir este territorio costero, por años caída y hoy levantada erguida y orgullosa, rodeada de nuevos compañeros, llegados en la década de los ochenta, las esculturas en piedra de los personajes del Canto General que nacieran en la bienal de arquitectura de aquella época y que ahora si podrán mirarse nuevamente.

La labor esta hecha, la reconstrucción forma parte hoy nuevamente del paisaje costero, como la viera Neruda hace cerca de cuarenta años atrás, de pie a orillas del acantilado, con nuevos compañeros que rodean este sueño de transformaciones culturales de otras dimensiones y con la más profunda de las esperanzas que en un futuro no muy lejano se concrete uno de los proyectos mas destruido, olvidado, aguerrido y renacido que el poeta Pablo Neruda pudiera dejar a su patria, su tierra poética frente al mar.

 

 

CANTALAO

 

 

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