El Apartheid en la educación chilena
Sistema escolar consagra e impulsa el clasismo y segrega la sociedad del país. La Iglesia ha sido cómplice de esta grave situación. Chile uno de los tres países con mayor desigualdad en el mundo occidental.

El Apartheid en Sudáfrica tuvo por objeto el apartar en el ámbito jurídico las razas y segregarlas de acuerdo a la ideología de la desigualdad y la superioridad de los blancos que gobernaban ese país.
Sudáfrica es un país bellísimo y lleno de mística. Sobre todo Ciudad del Cabo resulta excepcional, un clima particular y un colorido poco visto en el planeta.
Lleno de gente de origen holandés, alemán, inglés y de los nativos que superan lógicamente en número a todos los llegados a ese territorio lleno de oro y minerales de gran valor.
El instrumento principal de tal segregación fue el sistema educacional imperante. Todo partía y se centraba en él. Lo mismo que en Chile.
En nuestro país el sistema educacional segregado, segrega.
Los ricos estudian con los ricos y los pobres con los pobres
En la democrática sociedad norteamericana, la integración social se produce por el intercambio escolar de estudiantes de distintos sectores que concurren a clases lejos de su ámbito social y deben ir a colegios donde conviven con realidades múltiples y aleccionadoras sobre la realidad de otros. Esto tuvo grandes oponentes en los Estados Unidos, fueron los de siempre, los ultra conservadores que desean guardar sus privilegios en función de un egoísmo sin límite y una visión paupérrima de la vida en sociedad. El desprecio hacia los demás es concurrente con estas posturas integristas nutridas por la ignorancia de sus actores.
Chile es un país clasista, sin tener clase. Es segregador en función de complejos y traumas de grupos sociales débiles y por tanto agresivos en sus posturas. Curiosamente son “ los nuevos ricos “ los que más segregan y lo exigen para sus hijos.
Chile un país desigual, y por ende injusto, debe emprender la tarea de cambiar esta realidad y crear un país integrado y solidario, sensible al prójimo y valiente en sumarse a la marcha mundial en pos de la igualdad, que estamos ciertos que no será total, pero si en achicar los abismos sociales que nos rodean.
Todo el sistema educacional chileno marcha sobre el precepto de la segregación.
No es raro ver que la Iglesia Católica ha colaborado activamente con esta educación clasista, siendo cómplice de actitudes alejadas del cristianismo y cercanas al poder del dinero y al sentimiento de superioridad que éste crea en las personas.
La Iglesia es brutalmente culpable de estas conductas, esta Iglesia es clasista por antonomasia, emerge de su propia estructura y alma donde anida organismos sectarios y discriminatorios que atentan contra la dignidad de las personas. Órdenes, condecoraciones, títulos nobiliarios papales, resaltan la vanidad humana y la frivolidad del culto a la personalidad, distante a miles de leguas de la doctrina cristiana en su esencia. De hecho gran parte de la liturgia católica es pagana, y esto ven los miles de niños educados en colegios católicos desde la Edad Media hasta nuestros días.
El “dogma social” que impera es el del buen apellido y el prestigio.
Chile debe evolucionar en estas materias y así crear una nación homogénea con menos violencia, menos quebrajada en su alma. La integración escolar es indispensable, toda alternativa será una solución parche, o mejor dicho “ a la chilena “.






