Celco, recuperación de una oportunidad malograda
Enviado por Guillermo Geisse G el 30/08/2005 a las 9:07
Etiquetas: Medio Ambiente Empresas | Regiones Región de los Lagos
Ha transcurrido casi dos meses desde que el presidente del directorio de CELCO anunciara la detención de las operaciones de la planta de Valdivia, al mismo tiempo que hacía un llamado a la cooperación de las autoridades para evitar su cierre definitivo. El anuncio tuvo buena acogida en quienes lo vimos como señal de un cambio en el estilo de gestión de CELCO. Porque no fue precisamente una gestión basada en la cooperación lo que llevó a CELCO al conflicto ambiental más grave ocurrido en Chile, y el que más unánimemente ha sido considerado responsabilidad de una empresa.
No será fácil ni ocurrirá de un día para otro el cambio de una gestión que, anteponiendo la rentabilidad de corto plazo ???y rápida??? a toda otra consideración, estuvo más dedicada a resistir a las autoridades y a la ciudadanía que a cooperar con ellas. En su actuación, CELCO prefirió ignorar que la prevención de riesgos ambientales es una de las funciones centrales de la CONAMA, cuyo marco regulatorio fue permanentemente desbordado en el desarrollo del proyecto.
Guillermo Geisse G., CIPMA
Profesor emérito, P. Universidad Católica de Chile
Premio Nacional del Medio Ambiente (1999)
CELCO pareció ignorar también que la estrechez de intereses que mostró en su gestión lleva fatalmente a la pérdida de valor no sólo de la empresa, sino también del entorno local, regional y nacional al cual está vinculada y que es determinante en su futuro. Qué mejor demostración de esto último que la duración e intensidad del conflicto y de las dificultades en todos los frentes que CELCO debe salvar para volver a la normalidad. Quisiéramos creer que la lección que extrajo el Sr. Etchegaray y que se transparentó en sus declaraciones ante la prensa recién designado presidente, fue esa: que la carencia de una gestión estratégica es uno de los errores que pudo haber cometido la empresa. Tomemos esta declaración como otra señal de esperanza para quienes tenemos la convicción de que la cooperación para salir de la crisis depende de cambios más profundos en la gestión de la empresa, que en la institucionalidad ambiental.
Sugiero tres proposiciones para ser consideradas en la gestión estratégica de CELCO:
Primero, la empresa no debe seguir pidiendo lo imposible para asumir sus responsabilidades Ni siquiera la ciencia pretende llegar a certezas absolutas con respecto a las cadenas causales involucradas en ecosistemas complejos, biodiversos y dinámicos. Pero se debe respetar los consensos alcanzados por los científicos de la Universidad Austral, que demuestran la responsabilidad de la planta en la contaminación del Río Cruces. Solamente a su propio costo la empresa puede seguir haciendo oídos sordos a lo que es una convicción generalizada.
Segundo, la empresa debe reconocer que las pérdidas causadas por el impacto no recaen sólo en la empresa y sus accionistas, sino también en la autoestima de su propio personal, en la ciudad de Valdivia, en el empresariado en general y en otras empresas del mismo sector. En suma, en el país y su identidad en el mundo.
Tercero, la empresa debe establecer relaciones con la comunidad local nacional e internacional no para recuperar imagen con compensaciones aisladas a su arbitrio y en medio de la crisis, sino sobre los pilares más sólidos de la cooperación permanente, esta vez en el marco de una estrategia de contribución al desarrollo sustentable de la región (DSR) en el mediano plazo. El DSR es la opción de responsabilidad social (RS) vinculable a las funciones de producción de la empresa y, por esa vía, con retornos para el negocio.
La contribución al desarrollo regional sustentable como opción de RS de las empresas orientadas a recursos naturales ocupó un lugar central en debates convocados por la comunidad científica con participación de ejecutivos de empresas y ONGs durante los años 90s. (3ro, 4to y 5to Encuentros nacionales de CIPMA). Presidentes ejecutivos de tres grandes empresas mineras, escogieron el 7mo Encuentro el año 2002 para hacer público su compromiso con el desarrollo sustentable de la región minera como parte central de su gestión estratégica de creación de valor de la empresa. Y se anticipa que en el 8vo Encuentro del próximo año lo harán más de diez empresas entre ellas, varias del sector forestal. Con diferentes ritmos y grados de avance, la empresas exportadoras (aunque no exclusivamente) han ido evolucionando espontáneamente de un bajo perfil al liderazgo ambiental; del hermetismo a la transparencia; de la imposición o indiferencia a la cooperación con su entorno socio-ambiental; de atenerse a la normativa ambiental chilena a adelantarse ella.
Hemos sido testigos cercanos de los inicios de esta evolución en empresas forestales que pasaron por el proceso de certificación internacional de manejo forestal sustentable (MFS) de sus plantaciones bajo estándares basados en los mercados de destino de su producción, más exigentes, eficientes (cost- effective) y eficaces que las normas ambientales chilenas de regulación estatal directa. Fue un ???proceso que exigió la participación activa de ???stake holders??? de las tres áreas del desarrollo sustentable: económica, socio-cultural y conservación ambiental. Y en el plazo de tres a cinco años posicionó a las empresas que completaron la certificación por encima de las normas ambientales chilenas.
Más importante aún es el papel que jugó el proceso de certificación de MFS en aprendizaje colectivo de las partes involucradas, en innovaciones surgidas del intercambio, en relaciones de confianza resultantes del conocimiento mutuo directo, de la cooperación interna como factor de competencia internacional . Paralelamente pero vinculada a la certificación, la investigación científica, por una parte terminó de poner punto final a mitos y prejuicios detrás de los conflictos entre plantaciones y bosques que se arrastraban por casi dos décadas. Por la otra, abrió la oportunidad de extender la cooperación - esta vez no por exigencias de la certificación - sino por la oportunidad de alcanzar una Marca Chilena de desarrollo forestal sustentable y sostenido, con medidas que sólo pueden ser tomadas a nivel nacional.
Entre ellas, cambios en la legislación e institucionalidad ambientales actuales creadas quince años atrás en las que, correctamente se puso el énfasis en los ???problemas??? mas que en las ???oportunidades??? ambientales del crecimiento económico las que comenzaron a visualizarse diez años después . El 9 de diciembre de 2003 los ejecutivos de empresas foréstales reunidas en CIPMA, fueron unánimes en constatar que su reciente certificación internacional de MFS al ser restringida la conservación de la biodiversidad a nivel de predio, lo es también al corto plazo. Y lo mismo ocurre con los más de cien millones de hectáreas certificadas en el mundo bajo los mismos estandartes.
Superar estas restricciones es la oportunidad que nos puede llevar a una marca chilena de un proceso continuo y sostenido en el largo plazo en el que las quinientas mil hectáreas de bosques nativos de propiedad de las empresas forestales que comparten los predios con sus plantaciones comerciales se conecten entre si y con el resto de las áreas protegidas privadas (incluyendo las pymes rurales) y con las del SNASPE. Seria el momento en que dejar de mostrar el progreso en conservación por la suma de hectáreas que los privados destinan a conservación y empezar a mostrarlo por la multiplicación de los bienes y servicios ecológicos que éstas generan gracias a la conectividad.
Para ello no necesitamos cambiar la institucionalidad ambiental sino llenar el vació de conectividad institucionalidad que es la contraparte indispensable de la conectividad biológica. Y con ello la redefinición del papel de Estado en cuanto a facilitador insustituible de un desarrollo sustentable del sector, territorialmente integrado y sostenido en el tiempo. Que las empresas recurran al Estado en los momentos de crisis está bien, pero es el momento de la colaboración publica - privada continuada que apunten a un proyecto país.
Los episodios de la planta industrial de Valdivia alejaron a CELCO de esta oportunidad histórica. Confiemos que la empresa no cometerá errores en la salida de la actual crisis, que le hagan difícil recuperar una oportunidad malograda en el mediano plazo. Chile necesita a un CELCO renovado que comparta el liderazgo hacia una marca chilena de desarrollo forestal sustentable.
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