Frecuentemente nos encontramos diciendo: “La primera impresión es la que vale”, y entonces ponemos esa cara de “intuitivos natos”, que nada más es, que poner aquella cara de tontos que hablan de las cosas inmediatamente después que ellas sucedieron… “Yo sabía”, “Yo vi algo raro”, “Yo, donde pongo el ojo, pongo la bala”.
Todos creemos que somos más expertos que los otros, y que tenemos vista de lince y ojo de buen cubero, sobre todo cuando la desgracia le ocurre al vecino. Ahora, eso si, cuando nos defraudan, la retórica es diferente aunque nos cueste entender.
Eso sería algo así como ciencia ficción, y el no hacerse cargo de las metidas de pata, parece ser la ley no escrita para muchos seres humanos, que prefieren la sanata a la cruda y, a veces, amarga verdad.
Sin embargo, hay preguntas que son bastante difíciles de esclarecer, ya que el cerebro humano es demasiado complejo para entender algunos cuestionamientos. Pero al parecer, lo único que si se sabe, es que las mujeres rubias parecen ser un poco tontas después de leer chistes sobre su estupidez, y así lo demostró un estudio elaborado por el desvariado psicólogo de la Universidad Internacional de Bremen, Jens Förster.
Todo indica que el irracional experimento se llevó a cabo entre 80 estudiantes de la universidad, contando entre ellas a 40 rubias. Entonces, las estudiantes fueron sometidos a un test de inteligencia que medía la velocidad y la exactitud de las respuestas, pero poco antes, algunas de ellas fueron obligadas a leer una colección de chistes, entre los que, por supuesto, también los había sobre las rubias, como:
“¿Por qué las rubias abren los envases de yogurt cuando todavía están en el supermercado? Porque en la tapa dice: abrir aquí”.
Según los resultados del test, los chistes sobre rubias surtieron efecto entre las rubias, y si los prejuicios hasta ese momento eran falsos, ellas consiguieron hacerlos realidad, pues la lectura de los chistes sobre rubias provocó inseguridad entre las estudiantes rubias, ya que se sentían aludidas por la picaresca popular.
Como conclusión, se dice que quedó comprobado que las rubias que habían leído los chistes no obtuvieron un rendimiento como el de sus compañeras, sino que tardaron más en solucionar las tareas. Sin embargo, hay que mencionar que las rubias fueron más eficientes en su trabajo, y es que a pesar de trabajar con más lentitud, cometieron menos fallos.
La culminación del estudio nos muestra que, cuando a alguien se le dice que no puede realizar bien una tarea, estos tienden a trabajar con más lentitud, pero con más cuidado, para tratar de cometer pocos errores.
Visto lo visto, si las rubias son tontas o no, todavía no ha quedado demostrado científicamente. Sin embargo, lo que si ha quedado demostrado, es que la sociedad las hace inseguras y, por lo tanto más lentas en reaccionar.
En fin, la realidad no es tan sencilla como parece y muchos creen. Nuestros valores y creencias están sujetos a replanteos y revisiones constantes, y así debe ser para que nuestra evolución sea constante, profunda y completa.
Claro que duele pegarse golpes. Claro que no los queremos ni para nosotros ni para nuestros seres queridos, pero ellos forman parte de la vida, y quien intente eludirlos disfrazándose de Superman, luego descubrirá que la kriptonita abunda en el mercado, y sentirá que su vuelo se hace cada más y más rasante, pudiendo a veces, terminar en un panzazo maestro y con el tren de aterrizaje averiado… ¡Algo inverosímil!






