GARZÓN, PINOCHET Y LA EUFORIA DE LA DERECHA
La reciente noticia de la inhabilitación por parte del Tribunal Supremo Español en contra del Juez español Baltasar Garzón por 11 años, causó entre sus detractores –incluida la derecha pinochetista chilena-, muestras de una profunda alegría y triunfalismo. Claro, el que se inhabilite de sus funciones a un juez que ha llevado a cabo juicios a diversos dictadores/genocidas no puede más que alegrar a quienes formaron parte de estos regímenes de terror y que hoy siguen legitimando y justificando las gravísimas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas en dichos periodos.
La derecha chilena en general y la UDI en particular, es decir, los herederos directos y principales beneficiarios del pinochetismo (por lo tanto sus defensores) no han demorado en tachar lo que pasa con Garzón como una vuelta de mano. Así el diputado UDI Iván Moreira se atrevió a señalar en una entrevista en la Radio Biobío que “Cuando la gente actúa con maldad, siempre llega la justicia”, por supuesto no se refería a “la maldad” de la dictadura, sino que a la supuesta maldad del Juez Español, en directa alusión al juicio llevado a cabo en contra del dictador chileno Augusto Pinochet y que significó la detención temporal de este en Londres hacia 1998, causando con esto que la derecha chilena rasgara vestiduras por el oprobio a su “salvador de la patria”.
Ahora bien, el que Pinochet haya sido detenido en Londres, respondió a un juicio que Garzón llevaba en su contra, conocido como la acusación del juez Baltasar Garzón contra el general (r) Augusto Pinochet, esto en el auto de procesamiento de fecha 10 de diciembre de 1998, cuyo texto íntegro está publicado por Ediciones ChileAmérica-CESOC (1999). En dicho auto de procesamiento, el ahora condenado juez llevó adelante el procedimiento contra Pinochet en el Sumario 19/97 por Terrorismo y Genocidio, apuntando a la responsabilidad del dictador chileno en el “Operativo Cóndor”, el sistema de represión transnacional que tenía por finalidad la persecución, secuestro y eliminación de opositores políticos, intercambiando para esto información con los diferentes países que conformaban Cóndor, principalmente latinoamericanos (con regímenes de terror como el chileno) pero con una importante colaboración norteamericana y europea.
Lo interesante del auto de procesamiento que Garzón llevó contra Pinochet, es que incluye el delito de Genocidio para referirse a los 17 años de terror vividos durante la dictadura -de ahí el júbilo derechista chileno al ver mermada la capacidad de acción del juez español-, ya que, según su investigación, “los objetivos de los conspiradores son por una parte la destrucción parcial del propio grupo nacional de Chile integrado por todos aquellos que se les oponen ideológicamente a través de la eliminación selectiva de los líderes de cada sector que integra el grupo por medio del secuestro seguido de desaparición, las torturas y la muerte de las personas de grupo infringiéndoles gravísimos daños físicos y mentales”(Garzón; 1999).
Este juicio que el citado juez llevó contra el dictador, no fue el único de su clase, ya que lo mismo hizo en contra de Adolfo Scilingo un ex militar argentino a quien acusó por delitos de lesa humanidad y detención ilegal en dicho país, en donde el genocidio durante el proceso, dejó decenas de miles desaparecidos. Por lo que no solo es la alegría de la derecha chilena por la reciente noticia, también de la derecha argentina y de aquella heredera del franquismo en España.
Lo que nuestra derecha criolla olvida, volviendo al caso chileno, es que efectivamente la persecución criminal llevada a cabo por las Fuerzas Armadas y de Carabineros bajo órdenes directamente emanadas de Pinochet, buscaban la eliminación sistemática de los opositores políticos al régimen terrorista, implementando para esto un sistema reticular de campos públicos y clandestinos en donde poder extirpar el cáncer Marxista de la sociedad chilena. Extirpación que hizo de la sistematicidad en la tortura el método privilegiado y que ya había dado resultados positivos en la lucha antisubversiva en otras partes del mundo, en lo que era visto como una cruzada contra el comunismo internacional.
Al respecto podemos insertar lo señalado por las propias autoridades militares chilenas encabezadas por Pinochet en la Declaración de Principios de la Junta de Gobierno del 11 de marzo de 1974 “La alternativa de una sociedad de inspiración Marxista debe ser rechazada por Chile, dado su carácter totalitario y anulador de la persona humana, todo lo cual contradice nuestra tradición cristiana e hispánica”.
El que la propia declaración de principios de la naciente dictadura señale que el marxismo contradice nuestra tradición cristiana e hispánica, lleva al juez Baltasar Garzón a señalar en el mencionado auto de procesamiento que, “la acción criminal persigue asimismo la destrucción parcial del grupo respecto de aquellas personas que, o bien son contrarias al planteamiento religioso oficial de la junta de gobierno –este es el caso de los integrantes del movimiento “cristianos por el socialismo” que serán materialmente eliminados- o bien sus creencias son no teístas, identificándoseles ideológicamente como miembros del marxismo internacional”
Teniendo estos elementos en mente, y muchos más que solo por cuestión de espacio no se incluye y desarrolla, es que podemos entender el porqué del jolgorio derechista cuando el dictador, aduciendo incapacidad física y mental para soportar un juicio en su contra y en lo que fue un verdadero rescate, volvió a Chile en silla de ruedas y, cual Lázaro frente a la tumba, se levantó y caminó abrazando a su fanaticada local, sonriente, vivaz y seguro de que en su fundo no podría ser juzgado definitivamente.
Hoy, esa derecha vuelve a sonreír al conocerse la noticia de la inhabilitación de Garzón por largos 11 años, casi tan largos como los 17 de tiranía vividos en nuestro país y que paradojalmente, de no ser por el hoy condenado juez, esos 17 años que nos dejaron como herencia cerca de 4.000 desaparecidos y centenares de miles con secuelas graves por la tortura, no hubiesen conocido de culpables ni condenas.
Cristian Gutiérrez Tapia
(Lic. En Historia y Cs. Sociales / Corporación Villa Grimaldi)
Libros que recomiendo para porfundizar el tema:
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McSherry, J. Patrice "Los Estados depredadores: La Operación Cóndor y la guerra encubierta en América Latina". LOM, Chile, 2009
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La Acusación del Juez Baltasar Garzón contra el General (r) Augusto Pinochet. Texto íntegro del auto de procesamiento de fecha 10.12.98. CESOC, Chile, 1999
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Feierstein, Daniel (comp.) "Terrorismo de Estado y genocidio en América Latina". PROMETEO, Argentina, 2009






