Nuestra Música: ¡la mejor de todos los tiempos!

Desde hace mucho ha llamado mi atención y me lo he preguntado más de una vez, por qué cada cual, indistintamente de la época en que se nace, considera que “su música”, o sea, la que escuchó en “su tiempo”, es la mejor del mundo. Anoche, durante la transmisión en vivo de Festival de Viña del Mar 2012 pude ser testigo y parte viviente de ese fenómeno.
Dentro de la programación del recién pasado viernes, le tocaba presentarse a Salvatore Adamo, el cantante ítalo belga de dilatada carrera, cuyos albores en el campo de la música se remontan al año 1963 y del cual muchos jóvenes hoy en día ni siquiera ubican alguna de sus melodías.
Naturalmente yo, admiradora de sus bellas canciones desde “mi tiempo”, o sea, desde mi adolescencia, me preparaba a disfrutar su presentación sin prejuicios de ninguna clase.
Para agrado de todos quienes aguardábamos verlo, él abrió el encuentro y ¡vaya sorpresa!, después de una importante cantidad de años, allí aparece este señor sobre el escenario sin ningún toque parafernálico, saluda, da un guiño a sus músicos y…comienza a cantar. Era evidente e imposible de negar el desgaste de su voz a través de los años, pero… ¿acaso no estamos hablando de recordar la mejor música de todos los tiempos? ¡Obviamente!, y para ello, qué mejor ejemplo que el de una persona, que destila sencillez por todos los poros y quien a través de una acertadísima selección de canciones nos llevó en un dos por tres a revivir momentos que marcaron distintos hitos de nuestra infancia y juventud. Sin esforzarnos siquiera, allí estaban de nuevo haciendo presencia esas manos en nuestra cintura mientras bailábamos un lento tras otro con aquella persona “especial”.
“Y mis manos en tu cintura
pero mírame con dulzor
porque tendrás la aventura
de ser tú mi mejor canción (…)”
¿El nombre de él o ella? Ello es detalle secundario; lo que sí importa es, que tal como dice el cantante :
“Tu nombre
llena mi pensamiento
desde el mismo momento
en que me he enamorado.
Tu nombre
para mí es el emblema
y el más bello poema
que el amor ha creado (…)”.
Salvatore, a sus 68 años, fue ganándose al público canción tras canción gracias a una interpretación digna, músicos de primer nivel, letras con contenidos simples y esenciales a la vez, y con una autenticidad a toda prueba.
Para esta espectadora, la que escribe, y con seguridad para muchísimos más, el momento fue más que un simple recital del recuerdo visto por televisión. Fue…un viaje de introspección dentro de uno mismo. Un involucionar en la vida buscando la partida, las pautas que marcaron cada giro de nuestros pasos en aquél tiempo, los cuales dieron por resultado lo que somos y vivimos hoy en día. Acertado o no, así fue. Y gracias a los acordes imborrables de la música, a la sencillez ingenua de una poesía que puede ser de todos, y a la gracia de un intérprete que no necesita ponerse plumas en la cabeza ni disfrazarse de nada para conmover, el momento fue exquisito, mágico, y profundamente enriquecedor, pues nada hay en la vida mejor que saber sacar provecho de las enseñanzas que ésta nos presenta a través de pequeños guiños.
Anoche aprendí, y ratifiqué mientras escuchaba, emocionadísima “Háblame de mi infancia”,el porqué para cada cual “su música”, ya sea balada, pop, roquera y hasta folclórica, es “la mejor del mundo”. Esto es, sencillamente, porque nos recuerda/transporta al tiempo en que teníamos todos los sueños viviendo sobre la piel. Teníamos…esa inocencia del ser que comienza a recién vivir y cree que le va a ganar al proceso y que todo será perfecto: amores, aventuras, triunfo y realización personal en general. Luego, vivimos “en serio” y somos otros. Somos o vamos siendo lo que podemos y lo que nos dejan ser.
Entonces, después de todo lo expuesto…cómo no guardar celosamente en la cajita de los recuerdos y entre muchas otras cosas valiosas ( como por ejemplo, un mechón de sus cabellos) la nostalgia de nuestra música?
“Un mechón de su cabello
aún conservo para mí
un mechón de su cabello
que por fin encontré.
Un mechón de su cabello
que desde hoy veneraré
para dejar mi corazón
y vivir en paz con la ilusión
de que su amor recobraré (…)”
¡Imposible no hacerlo! Menos aún para todos los que aprendimos tempranamente de este Salvatore Adamo, que habríamos de vivir, por siempre, con “el corazón en bandolera”.
“Con ilusión castillos levanté
los vi caer perdí la fe
me desengañé porque en el mundo
nunca tanta farsa imaginé
Yo que en él creí
y que siempre fui
con mi corazón en bandolera (…)
Amanda Espejo
Quilicura / Febrero/2012
Salvatore Adamo (nacido el 1 de noviembre de 1943 en Comiso) es un cantautor ítalo-belga. Tuvo gran éxito comercial durante los años 1960 y 1970, principalmente en Europa, América Latina, Japón y Estados Unidos.
Algunos discos editados y distribuidos en Chile
La Noche (La Nuit) (1965)
Amo (J’aime) (1966)
Los Éxitos de Adamo en Español (1967)
Adamo Canta en Francés e Italiano (1967)
Adamo Canta (1968)
El Sensacional (1968)
Segundo en Español (1969)
Amor, Vuelve a Mí (1971)
Adamo International






