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Bush, Ahora si que no!

Un desastre natural ha logrado lo que ningún otro acontecimiento, suceso o guerra había conseguido hasta ahora: que el nivel de popularidad de George W. Bush haya caído a los niveles más bajos desde que revalidó su mandato como presidente de Estados Unidos. A pesar del 11-S, de la guerra de Irak, de la delicada situación en que ha dejado el país árabe, Bush seguía contando con el apoyo de sus ciudadanos. Sólo los militantes más activos del partido demócrata eran capaces de mostrar con su corta capacidad de movilización y con un pequeño espacio en los medios de comunicación las limitaciones del inquilino de la Casa Blanca, su empeño en seguir considerando el mundo como terreno propio donde desarrollar una política unilateral más pendiente del negocio que de la prosperidad y el bienestar de los propios estadounidenses. Ahora no. Ahora, a los miles de soldados americanos muertos en Irak, a la certeza de que la guerra ha abierto grandes negocios ligados al petróleo y dominados por personas cercanas a Bush, se suma un huracán. Katrina ha arrinconado al presidente porque Washington ha seguido mirando hacia lo lejos sin percatarse de la magnitud de la catástrofe que a comienzos de la semana pasada entraba por los estados del sur. La lluvia, el viento y el desastre que conllevan cuando no se prevén las consecuencias con la necesaria aptitud que debe exigírsele a un presidente han dejado a Bush aislado y sin el apoyo de sus conciudadanos. La Casa Blanca prefirió invertir en la guerra que hacerlo en la seguridad de los diques que protegen Nueva Orleans, su previsión de la catástrofe se quedó corta y su reacción fue tardía.Katrina , además de desvelar las desigualdades que sufre la sociedad estadounidense, de clase y de raza, ha encarecido notablemente el precio de la gasolina, un escándalo para un país que consume sin control y desarrolla su vida sentado al volante de un vehículo. Pese a la evidencia de que Bush no ha estado a la altura de la crisis desatada por el huracán, cuyo balance final de víctimas puede ser mucho mayor del que se preveía cuando empezó a castigar el sur del país, habrá que ver si el hondo malestar de la población pasa la misma factura que se cobraría en cualquier país europeo. La Casa Blanca sabe navegar en los desastres, aunque sean de las enormes proporciones de Katrina.
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