Patricio Araya González

La Ruta de Girardi

Patricio Araya G.

Periodista y Lic. en Comunicación Social

 

Cada vez que ignoramos esa sentencia de que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, no hacemos sino darle dramático sentido. Chile es el país de la memoria frágil. Por arte de magia se nos olvida todo, desde lo más emotivo hasta las cosas más terribles. ¿Por qué será? Tal vez seamos víctimas de una enfermedad de origen sicológico desconocido, o de una deformación cultural asentada de manera inconsciente que nos impide retener el presente; lo cierto es que nuestra fragilidad para llenarnos de recuerdos es abismante. Eric Hobsbawm (Historia del siglo XX) dice que la gente joven ?vive en un presente permanente?, sin la vocación de hacerse de recuerdos, ignorando el pasado como si no hubiese existido. Bueno, los mayorcitos también, al parecer.

Así como hay quienes ya olvidaron que hubo una dictadura, hay otros que también olvidaron que para recuperar este esbozo de democracia que nos mantiene atados a una convivencia forzada, hubo muchos que pagaron con su vida ese gustito del que hoy sacan partido algunos caraduras, como Guido Girardi; su proselitismo postal financiado con fondos públicos, su turbio episodio de las facturas falsas de Publicam, su rol de jefe de una familia italiana, y ahora, su llamado a una subsecretaria quejándose por una infracción de tránsito, son sólo algunos de sus descaros públicos que a su turno han ido ocupando por breve lapso la agenda de los medios, hasta desaparecer, o mejor dicho, hasta ser abonados a la desmemoria.

Algo que resulta imposible definir hace que los chilenos tendamos a saturarnos con los temas que requieren mayor complejidad de análisis. No nos aburre la inmortalidad de Raquel Argandoña o las recurrentes imágenes de Chile en Francia ?98; tampoco nos cansa el penal de Caszely ni las derrotas de Martín Vargas, ni la imagen de un Austin Mini cayendo al lecho del río durante una inundación. Lo que sí nos agota son aquellos acontecimientos que nos incomodan, que nos obligan a reflexionar, y que los medios de comunicación suelen mostrarnos de manera breve y sucinta con el propósito de cumplir con el mínimo deber de informar, hasta ir restándolos de su quehacer. De ahí a la amnesia colectiva hay un paso. Girardi está consciente de esto. Él sabe que su nombre y el episodio del parte en la ruta 68 pronto no serán tema para los editores. Raquel Argandoña corre una suerte diferente. De ella podremos seguir hablando hasta el día de su funeral, y después también, cuando la evoquemos como la diva del pinochetismo.

Qué duda cabe que en las próximas semanas, fiesta navideñas de por medio, ya nadie recordará el impasse de Girardi. Ya ocurrió con el espectacular operativo de la PDI para trasladar a Zacarach desde el aeropuerto hasta el cuartel Borgoño, o con los dichos etílicos de un general peruano al borde del retiro, o con las matinales zambullidas de la Presidenta y su asistenta en una playa brasileña; todo pasa, todo se olvida. De modo que lo imperativo y urgente es honrar el presente, darle contenido, no dejarlo marcharse hacia la estación del olvido y la impunidad con la ligereza de un volantín, porque lo comprometido en toda esta deleznable historia es mucho más que un simple incidente de carretera, es la forma más vil de agredir la fe pública; aceptarlo y dejar que pase como una micro más en la calle, es ofender la dignidad de quienes eligen a este tipo de representantes. Permitir que pase piola es hacerle una (otra más) finta a la democracia, es decirle que nos gusta de esa forma, con sus matices; con sus relajos y privilegios. ¿Qué sucedería con Girardi si las elecciones parlamentarias fueran este domingo? Por fortuna para él las próximas serán en diciembre de 2012; para entonces, muchos ni recordarán este oscuro capítulo de su vida parlamentaria.

No obstante, tanto la cobertura que los medios le han brindado al tema, como la impresionante reacción social que ha generado el episodio Girardi-Blanco-Carabineros, deben ser vistos como un cambio de actitud de los chilenos frente a temas que hasta ahora podían pasar piola. Las miles de personas que se han manifestado opinando en blogs y foros de internet deberían tener con los pelos de punta al propio aludido y a más de alguien. Impresiona comprobar la poca simpatía que este señor despierta en la gente común y corriente, ciudadanos normales que se han tomado el tiempo para expresar su molestia, jóvenes asqueados de la política por persona como Girardi; no son sólo sus adversarios políticos quienes se han dado un festín a costa suya, también surgen otras voces carentes de espacios para contrarrestar su desenfrenada carrera mediática, quienes han creado varios grupos en Facebook. No es el mundo contra Girardi, es él contra el mundo civilizado, contra el mundo del respeto y la tolerancia, un mundo que no acepta ser postergado en favor de los mal habidos privilegios de un político que asegura ser transparente, pero que los hechos lo muestran como una persona de dudosas actuaciones.

La conclusión no debería hacerse esperar: la unión hace la fuerza. Esta movilización ciudadana sin precedentes en los últimos años sólo tiene un parangón actual en la prensa: la violenta reacción de los ciudadanos griegos frente a la muerte de un estudiante a manos de la policía local. Los chilenos se han movilizado, eso es lo importante; que el alto mando de Carabineros haya revocado la sanción a los castigados, es lo mínimo que se podía hacer para reparar la injusticia sufrida por dos funcionarios que sólo cumplieron con su deber. Hasta hoy no hemos escuchado las excusas públicas de Girardi a favor de los carabineros; nunca lo hará. Lo más que ha hecho es reconocer que ?fue una torpeza?. No pidió disculpas ni reconoció sus verdaderas intenciones al exhibir sus credenciales, sólo habló de ?torpeza?. O sea, es un senador torpe.

Y, al parecer, con eso estaríamos dando por cerrado el asunto. Una vez más Girardi recorre la ruta soberbia de su arrogancia: comete la falta, defiende lo indefendible, justifica lo injustificable, endosa la responsabilidad a otros (en este caso a su chofer; en el de las cartas, a su adlátere Ricardo Farías; en el de las facturas falsas, de nuevo, a Ricardo Farías), asume su rol de víctima en la historia, habla de confabulación (lo quieren ?bajar? de su inminente proclamación como abanderado del PPD a las primarias de la Concertación), paga mínimos costos (unos días sin tele), desaparece unos días de los medios, y luego, cuando el asunto ha sido olvidado, reaparece con más fuerza que antes, hablando de todo y de todos, con toda su consabida demagogia? que nació en Cerro Navia, que su preocupación son los más pobres, que quiere nacionalizar el agua, que él está por una energía limpia, etcétera. Hasta que lo veamos meter la pata de nuevo. Esa es su ruta, su modus vivendi, por allí transita de esta forma.

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Gonzalo Borja
dijo :

Patricio:


Eso que usted llama demagogia y se refiere a la nacionalización del agua y la energía limpia,  y que usted le dedica dedica una linea y media, es el tema de fondo. Lo que verdaderamente intereza.

Los exabruptos del senador Girardi, que el mismo califica de insensatos, no tienen ninguna relevancia y merecen la linea y media o talvez dos lineas.

Lo que la prensa quiere es destruir la imagen del senador pues el es un defensor de los intereses del país y hay poderosos que se ven afectados y no desean que los temas de fondo se traten y prefieren que se discuta sobre lo accesorio y no sobre los grandes problemas que si afectan a TODOS los chilenos.

Saludos



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Gonar

23/12/2008 a las 11:56
Pedro Huichalaf Roa
dijo :

Yo no sé hasta que punto la opinión pública fue manipulada por los medios. Se hubiera reaccionado asi si fuera un senador de derecha?

Por lo mismo mi opinión contraria a expresiones como las de Mosciatti , en cuanto a que me parece extremo decir que “En Chile murió demasiada gente para que tengamos senadores como Guido Girardi”


Esto, toda vez que por ejemplo existen parlamentarios que mantiene relaciones con entidades de AFP donde han ganado millones de pesos mientras estas mismas entidades han hecho perder millones a gente común y corriente.
Eso si que es descaro y en dichos casos podría decir que en Chile murió demasiada gente para que tengamos senadores como tales parlamentarios.

 

No justifico la acción de Girardi, solo que hay que tener ojo en si la reacción es acorde a la falta

23/12/2008 a las 13:00
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