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"Copia Este Libro" (y descárgalo)
En Julio de 2005 David Bravo, abogado y experto en derechos de autor, presentó su ensayo denominado "Copia este libro", bajo Licencia Creative Commons, en el que trata los aspectos más polémicos de las redes p2p y la propiedad intelectual. El libro fue editado en papel, y luego distribuido libremente en su versión digital.El autor analiza el papel de los medios de comunicación, la industria discográfica y los superventas en la generación del miedo y la mentira, estrategia que busca detener un avance tecnológico que beneficia a millones de internautas. En el libro se desmontan las tesis que criminalizan y califican de piratas a quienes comparten cultura, y se aportan datos que avalan la legalidad, y conveniencia, de las descargas de obras culturales.
"La mayoría de los creadores no serían lo que son si no hubiera existido antes lo que ahora llaman piratería. Si vas a casa de cualquier músico verás que guarda como reliquia del pasado una pila de casetes que, en sus tiempos, se multiplicaban de amigo en amigo. Es esa música, esa cultura que se regalaba, la causa de que ellos hoy sepan qué hacer en el estudio de grabación. La única manera de tenerle ganas a la música es escuchándola y no hay mayor inspiración para hacerlo que ver cómo lo hicieron otros. La principal instrucción de muchos músicos de hoy viene, precisamente, de que se saltaron la barrera que construyó el mercado y accedieron a una cultura que les estaba negada. Sería bueno que existieran los encuestados sinceros y pudiéramos saber cuántos autores de los que hoy claman contra la piratería han sido amamantados por ella"
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En la misma línea de David Bravo, el conocido sociólogo catalán Manuel Castells escribió el artículo La cratividad digital ante la burocracia, donde explicita la trascendencia que tiene para la sociedad (y para los derechos de autor) el fenómeno de la digitalización que deja al alcance cualquier ciudadano los "frutos del cerebro humano", como diría Violeta Parra, además de mostrar lo dañino que es la calificación de "piratas" a quienes se niegan a pagar esos derechos de autor y dan rienda libre a su creatividad.
El siguiente es uno de los párrafos claves de su artículo:
"Naturalmente, el régimen tradicional de derechos de propiedad intelectual se hace impracticable. Los intentos desesperados de las grandes empresas y las sociedades intermediarias de gestión por mantener el monopolio de la cultura se oponen al desarrollo autónomo de una creatividad basada en la libertad de usar lo que otros han hecho para recombinarlo y devolverlo a la comunidad de creadores a través de la red. Pero hay algo mucho más grave.
Al etiquetar como piratas a los millones de jóvenes que en todo el mundo se intercambian la música y las imágenes que han cargado en sus memorias electrónicas convierten en delincuentes a buena parte de toda una generación.
En realidad, apenas pueden castigar a unos pocos, porque contra un movimiento espontáneo de esta dimensión poco puede hacer la represión. Pero el daño mental, como señalaron Lessig y Damasio en nuestro diálogo, es mucho mayor.
El crecer y ser joven en una sociedad que los señala como criminales por hacer algo que se necesita y que parece normal y justificado, ensancha aún más el foso entre nuestras instituciones y nuestra juventud, o sea, entre nuestro presente y nuestro futuro."
El artículo completo de Castells es el siguiente (copiado desde el diario La Nación, de Santiago, del 7 de junio de 2007):
La creatividad digital ante la burocracia
Nuestras instituciones se osifican y atrincheran en el mundo de donde surgieron y que ya sólo existe en las mentes atrofiadas de sus burócratas. Y es así como en la galaxia digital en la que vivimos la creatividad y el poder entran en colisión.
Manuel Castells
Hace poco, he disfrutado de una fascinante conversación científico-intelectual. Nos reunimos en Sevilla a puerta cerrada un pequeño grupo integrado por personas de la neurociencia (Antonio Damasio y Hanna Damasio), el diseño (William Mitchell), el desarrollo local y regional (Peter Hall), la comunicación (Manuel Castells), la cultura libre digital (Larry Lessig) y la creación musical transformada en política de la cultura (Gilberto Gil). El propósito era entender, desde distintas perspectivas, cómo se transforman (o no) la creatividad y la innovación en el entorno digital que caracteriza a la sociedad.
No es una cuestión baladí. La creatividad está en el origen de la innovación y la innovación es una fuente esencial de la riqueza en la economía del conocimiento. No llegamos a conclusiones. No era ése el objetivo. Pretendíamos, simplemente, iniciar una reflexión que abarcase desde cómo el cerebro crea hasta cómo esa creación se convierte en innovación comercial o social.
No puedo hacer un resumen del seminario. Si le interesa, encontrará la grabación en la página web de Fundación Telefónica. Sí puedo compartir mi propia visión del tema. Uno que tiene verdadera trascendencia para la cultura, la economía y las instituciones que regulan la cultura y los derechos de propiedad intelectual.
Sabemos que la creatividad -producir algo nuevo- y su derivada la innovación -añadir valor a un producto o un proceso mediante la aplicación de una creación- constituyen un proceso de activación mental dependiente de la estructura y la dinámica del cerebro. Pero ese proceso se desarrolla en interacción con un contexto cultural e institucional y en determinados tiempos y espacios. El proceso de creación mediante la activación del cerebro se hace social a partir de la exteriorización de la creación más allá de la frontera biológica del individuo.
Ese cruce al territorio social es la comunicación. El que ella sea consciente es el rasgo distintivo de nuestra especie y, por consiguiente, las formas que adopta afectan tanto a su contenido como a sus efectos. Existen distintas formas de cultura y de innovación a partir de la cultura según las tecnologías de comunicación que se usen.
Lo distintivo de nuestra sociedad es que la comunicación decisiva es la digital, caracterizada por una serie de rasgos llenos de significación. Podemos mezclar, combinar y comunicar cualquier producto cultural con otros sobre la base de un lenguaje común, el digital. A través de Internet y la comunicación móvil podemos comunicar interactivamente de lo local a lo global y de lo global a lo local. La comunicación es multimodal, visual, textual, auditiva y también presencial: vivimos en la virtualidad real. Podemos reconfigurar de forma ilimitada todos los contenidos así como sus programas de relación. Podemos tener acceso a innumerables bases de datos digitalizadas que son un hipertexto en el que está contenida, en evolución constante, la inmensa mayoría de los resultados de creación de la humanidad.
En la medida en que las redes de comunicación de los contenidos culturales se relacionan unas con otras, se constituye una mente colectiva mediante una red formada por miles o millones de cerebros. El resultado es que la creatividad, aun originada individualmente, es un proceso colectivo e interactivo: son redes de creadores más que creadores en red.
Ejemplos concretos de este proceso son fenómenos como la colaboración artística en red virtual; las redes cooperativas de programación en software libre, como Linux; la creación musical y de imágenes a partir de la recombinación de productos existentes a lo que se añade la contribución propia; las enciclopedias cooperativas, como Wikipedia; la inmensa variedad de proyectos wikis; la creación de formas, relaciones y proyectos en ese mundo virtual-real en el que se ha convertido el juego virtual Second Life, donde viven más de cuatro millones; el despliegue de creatividad en los 100 millones de videos que se ven cada día en YouTube y con los que interactúan más de 20 millones de personas; las ideas, poemas, experiencias y debates que se intercambian en los 70 millones de blogs; y desde luego las colaboraciones de científicos investigando en línea o de estudiantes haciendo sus deberes con sus amigos por Internet o SMS.
En ese nuevo universo comunicacional, la alta cultura, la cultura popular y mi cultura se entremezclan en sus expresiones y audiencias. La práctica simultánea de múltiples tareas se convierte en norma de vida para las nuevas generaciones. Y el cerebro necesita aguzar sus capacidades de atención y, sobre todo, de selección y de edición para transformar el océano de señales en contenidos útiles para lo que de verdad queremos hacer. Pasamos del estado vegetativo de mirar la televisión a la hiperexcitación interactiva del entorno digital en el que vivimos.
Naturalmente, el régimen tradicional de derechos de propiedad intelectual se hace impracticable. Los intentos desesperados de las grandes empresas y las sociedades intermediarias de gestión por mantener el monopolio de la cultura se oponen al desarrollo autónomo de una creatividad basada en la libertad de usar lo que otros han hecho para recombinarlo y devolverlo a la comunidad de creadores a través de la red. Pero hay algo mucho más grave.
Al etiquetar como piratas a los millones de jóvenes que en todo el mundo se intercambian la música y las imágenes que han cargado en sus memorias electrónicas convierten en delincuentes a buena parte de toda una generación.
En realidad, apenas pueden castigar a unos pocos, porque contra un movimiento espontáneo de esta dimensión poco puede hacer la represión. Pero el daño mental, como señalaron Lessig y Damasio en nuestro diálogo, es mucho mayor.
El crecer y ser joven en una sociedad que los señala como criminales por hacer algo que se necesita y que parece normal y justificado, ensancha aún más el foso entre nuestras instituciones y nuestra juventud, o sea, entre nuestro presente y nuestro futuro.
Parece inevitable la transformación del modelo de negocio de las industrias culturales, las industrias más importantes de este tiempo (más significativas económicamente que el automóvil), mediante una adaptación a las nuevas condiciones de gestión de la propiedad intelectual en consonancia con la creatividad, madre de la innovación, que es a su vez la madre del cordero económico.
La innovación depende cada vez más de la capacidad de relacionarse con ese universo digital en donde están los productos de la creación y su intercambio constante. A veces para crear productos o inventar procesos que desemboquen en un proyecto empresarial en el propio mundo digital, como los creadores de Google o de MySpace o de YouTube o de Second Life, o de los miles de proyectos innovadores grandes o pequeños que pueblan la red, algunos de ellos, como Bamboo, generados en Barcelona. En muchos otros casos, para utilizar el estímulo constante de una red en ebullición para pensar nuevas formas de hacer viejas cosas o viejas formas de hacer nuevos productos, como se documenta en el libro “Pensat a Barcelona”, que acaba de publicar Barcelona Activa.
En medio de esta efervescencia, el cerebro (origen de lo que hacemos y sentimos) evoluciona mediante una nueva relación con su entorno, los creadores experimentan con nuevas formas de expresar sus sueños, los innovadores encarnan los sueños en su práctica emprendedora y la comunicación digital alimenta y configura toda esta erupción multiforme de vida.
Pero nuestras instituciones, formas cristalizadas de intereses creados, se osifican y atrincheran en el mundo de donde surgieron y que ya sólo existe en las mentes atrofiadas de sus burócratas. Y es así como en la galaxia digital en la que vivimos la creatividad y el poder entran en colisión. Aunque Gilberto Gil, mutante bicéfalo de creador y ministro, nos convenció de que tal vez otro mundo sea posible.
este libro es excelente, sobre todo por que está en un lenguaje no técnico, bastante simple, coloquial y con muchos casos concretos de como las empresas multinacionales nos hacen creer que cualquier cosa (como una descarga de un archivo), constituye violación a derechos de autor.
Muchas gracias por destacar este texto, que lo he leído en varias oportunidades para comprender un tema muy en boga.
Un saludo y nuevamente recomiendo que lo lean!
Como dijo alguien: Sin la piratería no existiría la informática....Hablando en serio, el asunto tiene muchas más aristas de las que a primera vista cualquiera podría sospechar, partiendo de la base que muchos softwares hoy en día son "free for personal use" o "tambien libres para para propósitos no comerciales, pasando además por compañías que se autopiratean como un sistema de marketing (por ejemplo algunos programas que son usados en oficinas y empresas)..
Hace poco se publicó la noticia que la clave de Windows Vista había sido crackeado por el método llamado de "fuerza bruta", los que conocen algo del tema leerán entre líneas, que esto estaba previsto por Microsoft, pues con los actuales sistemas de encriptación eso es practicamente imposible.
Otro factor que se añade a este cuadro, es el avance del software libre, el cual tiene exelentes aplicaciones en virtualmente todas las áreas y se hace cada vez más popular entre los usuarios, esto obliga a los distribuidores y fabricantes de software con fines de lucro a ser menos "estrictos", para no ser sobrepasados por la competencia.
En todo esto hay un manifiesto doble estandar y nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. A muchos nos gustaría que se debatiera abiertamente el tema y abandonáramos la actitud hipócrita que existe hasta ahora. Ahí está la inmoralidad.