Girardi: ¿de izquierda? ¡Qué risa!
Patricio Araya G.
Periodista y Lic. en Comunicación Social
En medio de la tormenta producida por el senador Girardi a raíz de su episodio carretero, miles de voces ciudadanas se alzaron en distintos medios para expresar su rechazo, tanto a la actitud como a la figura del parlamentario. Sus partidarios también tomaron la palabra. El denominador común de la apología de Girardi tuvo una “notable” base argumental: lo atacan porque es de izquierda. No porque haya comprometido la fe pública ni por haber mandado al tacho su eventual reelección al Senado, ni porque se haya autoinferido un duro y definitivo golpe a su aspiración presidencial. Los ataques se deberían a su calidad de militante izquierdista. Ello motiva la siguiente reflexión…
La máxima de la fisiología de que todas las enzimas son proteínas, pero no todas las proteínas son enzimas, con toda certeza le daría pie al notable semiólogo italiano Umberto Eco para –luego de darse una vuelta completa por la filosofía, la semiología y la sociología– explicarnos que, aunque las enzimas pertenecen a la familia de las proteínas, no todos los parientes de esa noble familia las reconocen como tales, debido a que éstas carecen de la capacidad de aquéllas de realizar otras funciones más relevantes, como nutrir al cuerpo, formar sus estructuras elementales, como los tejidos y la sangre; participar en la reproducción y defensa del organismo, organizar el Transantiago celular, en fin, mantener el equilibrio político de “la economía”, o sea, la homeostasis. Y que las mentadas enzimas son las que hacen la pega y que los honores se los llevan las proteínas porque son las que salen en los libros, y bla, bla, bla. El ejemplo sólo pretende ilustrar lo fácil que es decirse o sentirse pertenecer a algo sin serlo en cuerpo y alma al mismo tiempo; en cuerpo tal vez, pero, en alma hay mucha discusión pendiente antes de zanjar ese asunto. En política, estamos llenos de enzimáticos y proteínicos; llenos de travestidos; escasos de militantes a secas. La tenue frontera entre unos y otros es una sola: la oportunidad de representarse asimismo.
Todos los chilenos somos latinoamericanos, pero no todos los latinoamericanos son chilenos. Cierto. Todos los pinochetistas son de derecha, pero no todos los derechistas son pinochetistas. Este silogismo a medias sí que puede resultar bastante ilustrativo para desmitificar algunas pertenencias o pseudo pertenencias ideológicas de ese sector de la política chilena. Decir que toda la gente que se declara como de Derecha profesa una suerte de fanatismo religioso hacia la figura del extinto dictador, sería, al menos, una imprecisión, porque su naturaleza enzimática, aquella capacidad catalizadora, modificadora de estados bioquímicos, no es una característica de los fanatismos, menos de los políticos; ellos son menos jugados, menos proteínicos. Lo justo es justo. No todos los derechistas estuvieron, ni están de acuerdo, con las violaciones a los derechos humanos cometidos durante la dictadura, es más, muchos de ellos se han rebelado contra su antigua condición de simpatizantes de ese gobierno de facto, renegando su filiación o afinidad a grados y fustas, ubicándose lo más a la izquierda posible del centro, casi cayéndose para la izquierda, sin caerse del todo, afirmándose a duras penas en el centro, en fin. Y algunos lo lograron, se escindieron de esa pesada carga y hoy andan felices por la vida pavoneándose con esta democracia enclenque que nos da tanto para hablar, y discernir. Allá ellos.
Todos los allendistas son de izquierda, pero no todos los izquierdistas son allendistas. Esto sí es que es cierto, casi no admite prueba en contra, se sostiene solito. No hay admirador posible de la figura del Presidente Allende que no sea de izquierda; pero, qué duda cabe, sí hay muchos izquierdistas que no están ni ahí con el máximo inspirador de la izquierda chilena ni con toda esa pesada mochila marxistoide que les cargaron hace como treinta años; incluso hay quienes ya se deshicieron de las ropas que los identificaban como allendistas, marxistas, leninistas, comunistas, etcétera. Muchos de ellos nunca lo fueron, no les alcanzó para proteínas; y aprovecharon la hecatombe de la democracia, y en el exilio –incluso algunos sin salir de su barrio– cambiaron de piel (o se chantaron una a la medida), para dejar atrás tanta lucha revolucionaria inconducente, total, al cabo, algún día tenían que dejar de ser utópicos porque esa gabela pasó de moda y no dejó más que traumas sociales y una montonera de resentidos ídem; tenían que comprarse casita, autito, vacacionar, mandar los críos al colegio, pagar la nana, y una larga lista de deberes domésticos y compromisos particulares, y financiar uno que otro magíster por ahí u obtener un pregrado entre gallos y media noche, lo que no es (ni ha sido nunca) malo.
En algún momento de nuestra historia reciente declararse izquierdista constituía un verdadero peligro, hasta que las condiciones políticas imperantes lo morigeraron, y entonces se transformó en una moda, era lo más que hay declararse y ser izquierdista, o sea, proteínico, esto es, pertenecer a la gran familia de la izquierda, y desde ella actuar como todo buen enzimático: cambiarlo todo, a favor de uno mismo o a favor de unos cuantos, ¡qué importa!, lo cierto es que la oportunidad estaba tendida como una manta en un pic nic, en plena plaza Ñuñoa, el lugar común de la intelectualidad izquierdista por antonomasia; ser de izquierda y no emborracharse en Las Lanzas es como no haberte educado en París, ¡qué básico que eres! De modo que no hubo cuiquito que, habiéndose sentido “parte” de la izquierda clandestina de la dictadura, no sacara las garras para asir una tajada del botín que ofrecía la naciente democracia. El festín era tan prometedor que hubo algunos que, no teniendo arte ni parte en la lucha por recuperar la democracia, también se subieron al carro de la victoria sin haber leído a Marx y sacaron boletos para el gran viaje hacia el futuro esplendor que se dejaría caer con toda su abundancia y bondad sobre los vencedores de la dictadura. Para todos alcanzaba; sólo había que tener hambre de ser alguien y harta sed de poder.
Dicen que las oficinas de la productora Filmocentro (realizadora del spot del NO) se ubicaba en las cercanías de la plaza Ñuñoa, en Jorge Washington, creo. Esa plaza es para los izquierdistas como Utah para los mormones, o la Meca para los musulmanes. Ergo, ser izquierdista requiere provenir de un buen barrio, residir en él o haberse criado en él, (frecuentarlo por último), pertenecer a una cierta clase social más o menos elevada, no tanto, pero, cuiquita, al menos. Por eso que desde el “retorno” a la democracia hemos visto a tanto hijo de papá declarando a los cuatro vientos su condición de izquierdista, porque es bien visto ser de izquierda, no comunacho, porque eso es más complicado de explicar y entender, ellos son más doctrinarios, más inflexibles e ideológicos y engrupidos en buena (y en mala también) y desconfiados hasta de su sombra; además, ser de izquierda suena mucho light que declararse rojo de una, es menos conflictivo y te permite entrar al sistema y obtener velas para todos los entierros; ser de la izquierda dura como los comunistas que se precian de tales te deja afuera de todo y tení que pasarte veinte años rogándoles a los dueños del binominal que te den una oportunidad de participar, para que a cambio de tus votitos te pateen el culo con esa frase marketera que sirve de consuelo universal: siga participando.
Eso sí, ser izquierdista de los que venimos hablando implica mantener sus prerrogativas burguesas, ya sabemos: buenos colegios para los hijos, la media casa en un barrio alternativo, entrada liberada al mejor boliche donde juntarse con los amigos a soñar el país que “nos convenga” a todos, el terrible papú del año, ojalá una 4x4 con chofer inmune a controles policiales, pegas aseguradas y bien pagadas, redes de poder con largos tentáculos, un grupo de amigos intelectuales al cuete, una historia de exilio en Europa (lo ideal en Paris, Roma o Barcelona, porque al otro lado de la cortina de hierro es muy izquierdoso, bueno, no importa, si no la tiene ¡qué tanto!), y en lo posible, un cargo público, y si es un cupo parlamentario ganador, mucho mejor. Para completar el discurso fundacional de esta izquierda aburguesada hay que hablar de la gente, no del pueblo, eso es muy marxista, lo otro es más progresista; también es necesario ubicar un lugar agreste para fijar allí el lugar de su nacimiento, un lugar familiar, idílico, donde uno tenga una historia medio latifundista que contar, o sea, hay que demostrar alguna mínima tradición y compromiso con los sectores más desposeídos, ideal resulta un abuelo buena onda, filántropo sería el sumun, y empapado de esa pobreza rendidora de votos, con harto perejiliento agradecido por generaciones a los que pasarle la cuenta; hay que abrazar causas nobles, ecológicas, por ejemplo; hay que salir en la tele defendiendo todo lo que se pueda, hay que ser un sabelotodo, dominar todos los temas, desde la importancia de las manzanas confitadas en la infancia, hasta el acelerador de partículas de unos científicos medios chalados, allá en Suiza, dicen. Ser de izquierda es sentirse y verse como de izquierda, pero sin serlo; hay que vivir en el barrio alto, eso es lo mínimo, pero convencer a tus incautos de turno que eres uno más de ellos, que “sientes” como ellos, que vives como ellos, aunque eso es mentira y nunca será verdad; tener una casa en la costa, ojalá en las cercanías de alguna casa de Neruda, eso te da un nivel inimaginable que hasta los españoles te pueden respetar; hay que tener una esposa ABC1, rubia de verdad, esbelta y de ojos verdes y una pandilla de cabritos igualitos como hijos, educada en colegio de renombre, de esos de congregación, y el infaltable apellido vinoso, y en lo posible, con tradición; eso es ser un izquierdista encachado, consolidado. Un izquierdista que se precie de tal debe ser un poco excéntrico, usar calcetines rojos y llevar una barba un poco descuidada y sacarse fotos con la cotona de la universidad para demostrar que pasaste por ella, y un detalle no menor: contar con un pasado político intachable, un izquierdista no debe haber lanzado bombas contra bienes públicos ni privados ni haberse agarrado a palos con los pacos, ni mucho menos haber estado preso alguna vez en dictadura; o sea, tiene que haber pasado piola, no haberse jugado jamás por causa alguna, esto es, ser un burgués, pero parecer de izquierda; ser de izquierda también pasa porque los demás izquierdistas lo validen como uno de ellos, aunque no estén muy convencidos, no debe quedar lugar a dudas, de modo que ante cualquier ataque de la prensa o algún otro canalla, esos amigos sean los primeros en salir en masa a defenderlo, y argumentos en mano, deben retrucar diciendo que la alevosía de los ataques se funda en su prístina condición de izquierdista, y que esto es una operación montada gracias a la conjunción de megapoderes organizados e interesados en acallar a un defensor de los más débiles, y de hacerlo desaparecer del mapa y borrarlo de la mente de aquellos que lo eligieron para que los representara en la corte celestial, y deben, al fin, persuadir a los atacantes a recular, llenos de culpa por haber atentado contra la dignidad de un izquierdista ejemplar, condición que tanto cuesta ganarse…
No sé por qué tengo la impresión de estar escribiendo las primeras líneas de la biografía no autorizada de Guido Girardi… ¿Qué será él: enzimático o proteínico; mucho ruido y pocas nueces, o el nogal, de una?... (to be continue)







Que buen post, es importante también ser ecológico.
porque la derecha y el pinochetismo por más que sean cosas distintas estàn indisolublemente ligados, no pòr un vínculo legal o sagrado, pero sí por uno emocional que ha demostrado ser indisoluble: es como el Colo y su Barra Brava, no son lo mismo, pero ambos están muy involucrados. O el ejercito y sus Grupos de Inteligencia, no son lo mismo, o el Pinochetismo y el Ejército, los vínculos emocionales borran las diferencias formales exteriores.
La izquierda por su parte es una actitud emocional tanto o más potente que el Pinochetismo, y para nada puede ser reducida para bien o para mal a unas modas más o modas menos, las caricaturas son simpáticas, pero sólo eso, caricaturas simpáticas.
Aparece Pinochet....siempre la defensa no tiene mas argumentos......¿Por que don Patricio Araya, para opinar tiene que ser de aqui o de alla?, Me parece un buen articulo para expresar su malestar como ciudadano frente a una casta de politicos que equivocan su real cometido, no estoy metiendo a todos los politicos en el mismo cajon,
Pero parece ser que cuando uno habla contra la izquierda marxista, porque este es el basamento ideologico, inmediatamente eres de derecha, fascista o pinochetista, es analogo cuando uno habla contra el sionismo que ultraja los derechos del pueblo Palestino, es acusado de nazi, de pro nazi, de antisemita. Parececiera ser que los unicos con derecho a tener el microfono para hablar y exigir derechos y que se respete la libre opinion son los que se dicen de "izquierda".
Que bueno que en atina se de esta instancia de discusion para que los divisionistas de derecha e izquierdas se den cuenta que mucha gente del pueblo tenemos nuestra opinion, discrepante y hoy en dia hay mucha mas gente del pueblo que se ha educado, no es ignorante, es capaz de razonar, de pensar, de cuestionar y no se traga asi como asi, la pomada que algunos señores queren vender. Lo que molesta en el caso de este señor Guido Girardi es que se quera esconder detras de una pomada que nadie compra, haciendose la victima.
que tiene el tejado de vidrio, y eso de andar arrastrando el poncho es para otros lugares, creo que equivocó su sitio, y creo que lo sabe.
Porque usted pretende que yo coarte mi opinion, no hable, no diga nada, le molesta que hable en contra del marxismo, y el derechismo, es mi postura, no creo en las bondades que estos predican, solo veo sangre, division entre unos y otros, luchas inestinales, donde los ganadores se comen a los vencedores.
Soy libre de opinar, de hablar, de escribir, de cantar, da bailar, etc. mientras viva.
Y si muero tambien soy libre y mejor aun habre hecho historia...resucitare, reencarnare, me hare inmortal en las memorias de los que me aman y por generaciones......No le parece increible sr ramon. Y usted me pide que me calle: " si se calla el cantor....."(Mercedes Sosa).
Sr. ramon con el debido respeto yo creo que Chile es un pais libre y este sitio es un lugar de libre expresion mientras yo lo haga con respeto y citar algun articulo u opinar en los diferentes blog le da movimiento, le da vida, se genera la energia impulsora de las ideas, si estas son diferentes, discrepantes es nuetra esencia.
David Contreras B
Felicitaciones, hablando de libertad y derecho, eso me gusto, pero me parece haber leido en otro post que aplaudia y sapateaba por alguien que no respeto ni lo uno, ni lo otro.