Quién lo diría, en cierto modo nuestro estado emocional actual fue predeterminado en la infancia. Sí, porque dependiendo de nuestra genética e historia sicosocial temprana será como enfrentemos el mundo. Análisis recientes revelan que si el ser humano conforma un vínculo amoroso, principalmente durante los 10 primeros días y hasta los 7 años de vida, se producirían factores de resistencia al estrés, esto es lo que se llama resiliencia. Por eso hay personas que frente a una misma situación salen airosas y otras simplemente no pueden hacerlo sin ayuda. Una nueva forma de ver al ser humano, como una unidad, en momentos que distintas áreas de la medicina se relacionan para entender cómo funcionan en conjunto el sistema nervioso con el aparato endocrino e inmunológico, iniciativa que surge tras análisis sobre estrés y los cambios fisiológicos producidos por éste. Un tema que está en auge a nivel mundial y que en nuestra ciudad será analizado durante el II Simposio de Psiconeuroinmunoendocrinología este 22 y 23 de junio, actividad que preside la siquiatra Marcela Rodríguez Alister y el inmunólogo Oscar Venegas Rojas. Hace ya dos años estos especialistas están trabajando en conjunto con otros profesionales para dar respuesta a las inquietudes que aquejan no sólo a los médicos sino a la sociedad entera. Efectos de una carencia de estimulación temprana “El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya están tomando conciencia de la importancia de estimular los vínculos tempranos para tener individuos sanos”, comenta la doctora Rodríguez. Pero, ¿qué pasa con aquellos niños carentes de afecto y que han sorteado una realidad social adversa? “Ocurre que en todo este período, hasta los 7 años, existen ventanas en que se pueden restituir estas circunstancias. Si eso no ocurre, la persona no es resiliente, esto significa que será más susceptible a las enfermedades sicológicas y físicas y podrá tener dificultades para adaptarse al medio. Algunos padres, por ejemplo, reconocen esta realidad en aquel hijo que -por alguna razón- se le escuchó menos, se le dio menos espacio o se le entregó un vínculo menos afectuoso y más agresivo”, explica la siquiatra. En relación a la adaptación del ser humano, el doctor Venegas afirma que es necesario conocer primero de dónde venimos y la evolución que hemos tenido. “Somos una especie relativamente nueva, en que las migraciones humanas se hicieron paso a paso por diferentes ámbitos climáticos de modo que se fue modelando nuestra expresión genética y las etapas de la vida. Es así como el paso de la niñez a la adultez, maduración sicosocial, se identificó en forma paralela a la menarquia (primera menstruacióna), la que se presentaba aproximadamente a los 10 años, edad que ha ido variando con el pasar del tiempo. Con el establecimiento agrícola, por ejemplo, esto se desplazó alrededor de los 12 ó 13 años, y ya en la época industrial a años más tardíos”. Sin embargo, dice el médico, en la actualidad se produce una situación bien curiosa y es que hay una precocidad de la pubertad, que volvió a presentarse alrededor de los 10 años, pero el término de la adolescencia se traslada ya prácticamente a los 20 años o más tarde, según las distintas culturas. “Esto ha creado conflicto en la búsqueda de la identidad como individuo”, dice el médico. Si no se constituye una identidad, agrega Marcela Rodríguez, tendremos alteraciones en la estructura de la personalidad que también es un factor relevante a considerar. “Si existe este problema por lo general hay una mayor posibilidad de desadapatación al medio y por lo tanto más vulnerable a la enfermedad”. En base a lo anterior es que podemos entender la importancia de la historia biográfica del individuo al enfrentar los distintos problemas en su existencia. Es así que frente al estrés la persona responde como una unidad biosicosocial, esto significa un compromiso sicológico, físico y social. Sicológico, porque implica angustia, ya sea breve o prolongada lo que genera cambios simultáneamente en el sistema endocrinológico con alteración hormonal y de la regulación energética, en el sistema inmune pudiendo comprometerse nuestra capacidad de defensa frente a los microorganismos. Un ejemplo es lo que comúnmente vemos frente a la pérdida de un ser querido, nos angustiamos, nos deprimimos nos baja la energía y las defensas pudiendo contraer enfermedades tan simples como un resfrío común, alergias o enfermedades tan graves como un cáncer. Esto va a depender de la resiliencia (capacidad de adaptación) del individuo. Ha sido muy importante, manifiestan los doctores, que la medicina se haya dividido en distintas especialidades para entender mejor el funcionamiento de cada uno de los órganos y sistemas del cuerpo humano, y va a seguir siéndolo, sin embargo, a la luz de los nuevos avances científicos es fundamental entender y estudiar el cómo se relacionan estas distintas partes. De esto trata la siconeuroinmunoendocrinologia, entender cómo el individuo responde como una unidad, concluyen los especialistas. Fuente: Diario El Sur, 12 de junio de 2007. |
Santuario
rambién veo que las relaciones amorosas en la infancia son una base y referencia importante para la vida adulta ... un santuario al cual recurrir .... lo digo por experiencia propia y otras observaciones en ese mismo sentido
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