¡Ay, Girardi!... ¿De qué más deberíamos enterarnos de ti?
Patricio Araya G.
Periodista y Lic. en Comunicación Social
Cuando este domingo 28 de diciembre, El Mercurio titula en portada: “Girardi repitió casi calcado episodio con carabinero que quiso multar a su chofer” –aclarando en su epígrafe que fue hace doce años–, y luego en su bajada explica que el hecho ocurrió en el peaje de Lampa, uno comprueba que no estamos frente a las clásicas bromas del día de los inocentes, que algunos medios suelen hacerles a sus lectores en este día; peor aún, se trata de una situación idéntica a la protagonizada hace unos días por el mismo parlamentario, quien a raíz de un control carretero, utilizó el mismo modus operandi (exhibir sus credenciales) para conseguir burlar la infracción, y de paso, drásticas sanciones para el carabinero fiscalizador.
En el cuerpo de Reportajes la nota de la periodista Paula Afani explica de manera detallada el incidente ocurrido hace más de una década (14 de marzo de 1996), cuando frente al uso indebido de luces altas por el parte del vehículo que trasladaba al entonces diputado Guido Girardi, éste fue obligado a detenerse a un costado de la vía, cerca de la medianoche. Como consecuencia de ello, el joven parlamentario descendió de la camioneta “en forma altanera, solicitando hablar con el jefe” del policía que efectuaba el procedimiento a su conductor, el carabinero Ignacio Carrasco Fernández, luego de identificarse como diputado. Su arrojada acción rindió los frutos esperados, no sólo no fue multado, también consiguió que sancionaran al uniformado con cinco días de arresto “por no haber tenido las deferencias del caso con el parlamentario”, escribe Afani. El asunto, tal como el del 19 de noviembre pasado, y que conocimos recién hace pocos días, se cerró dejando sin efecto el castigo que Girardi logró para los policías en ambos casos.
A la luz de estos escabrosos acontecimientos, y de otros de diversa índole en que se ha visto envuelto el ahora senador Girardi, los ciudadanos tenemos el legítimo derecho a preguntarnos de qué más deberíamos enterarnos de este señor. Claro, porque si el río cada vez suena más fuerte, ya hasta miedo debería darnos el descomunal tamaño de las piedras que podría traer su torrente, sin considerar los daños secundarios de su paso por la ciudad política que cruza su caudal. ¿Con qué más podría sorprendernos el senador en los próximos días o meses? La sospecha ciudadana sobre la probidad del señor Girardi crece a diario, y con toda certeza, no se detendrá por obra, ni de la magia con que cambian los titulares en la prensa, ni por la cada vez más esquiva amnesia pública; por el contrario, tanto los habitantes de la séptima circunscripción Santiago Poniente, entre los que se encuentran sus electores, como el resto de los chilenos de Arica a Punta Arenas, desde ahora en adelante comenzaremos a preocuparnos mucho más de la manera en que este parlamentario ejerce sus prerrogativas, en cómo vulnera nuestra fe, y lo más importante, en cómo salva de este y todos los episodios en los que involucra por propia decisión, y no por su voceada condición de político “progresista”, apelando cada vez a la supuesta confabulación para sacarlo del escenario político.
Horror deberíamos sentir al escuchar la palabra “progresismo”, cuando en su nombre se cometen arbitrariedades e injusticias, cuando quienes dicen profesarla, como Girardi, se sientan en ella depositando todo su hedor, “torpeza”, arrogancia y desparpajo posibles, porque no sólo en cuestiones de tránsito es donde este senador ha tratado de imponer su investidura, también en otras esferas ha hecho patente aquella inmunidad reservada sólo al hemiciclo del Parlamento, o sí no que lo diga el senador Novoa, a quien intentó involucrar en el caso Spiniak.
¿En qué película de misterio volveremos a ver en un futuro no muy lejano a este notable actor de la política chilena? No sería extraño que alguien nos alertara sobre alguna corporación o un municipio benefactores, a los que hincarles el diente para descubrir algo tan pérfido y podrido como todo lo que proviene de este arquitecto de su propio imperio de poder, quien como pocos, ya rebasó el ámbito de la mera corrupción –aquella dosis máxima permitida por la sociedad, antes de hartar su decencia–, entrando en otro estadio de la vida social, como es la capacidad desatada de las personas por expresar aquello que las supera y que se torna insoportable.
Girardi es un tipo que provoca a la sociedad hasta conseguir su reacción, logrando su rechazo organizado, rechazo que no tiene otra transversabilidad que la emesis que provoca en los seres humanos lo asquiento, lo nauseabundo, el desprecio y las ganas irreprimibles de quitar la manzana podrida del cajón; rechazo que no está vinculado con resentimientos políticos sino personales, porque Girardi no tiene adversarios políticos como suele tenerse en esa arena, él ha acumulado acreedores de diversa monta a quienes les adeuda deslealtades inimaginables giradas en nombre de su arrogancia, soberbia y desmemoria; en suma, Girardi comete una enorme torpeza cuando expande el rechazo que provoca en el mundo político hacia el resto de la sociedad civil, se resta de la posibilidad de ser rechazado por la masa, su afán mediático lo arrastra a la orilla del río, desde donde se lanza al agua sin saber nadar, porque dar manotazos de ahogado no es nadar, peor aún, es peligroso para el propio afectado y para quienes se acerquen a socorrerlo.
Por desgracia no podemos revocarle su investidura, porque en Chile el desafuero es una cuestión reservada sólo a la capacidad fiscalizadora de la Cámara de Diputados, dado que carecemos de la figura del plebiscito revocatorio, como sí lo tienen otras culturas más evolucionadas, como la venezolana y la boliviana. Guido Girardi Lavín no es de izquierda, ¡basta ya! con esa gabela que no convence a nadie; él es un derechista camuflado, vive como tal, va por la vida con esa seguridad que brinda el dinero y el poder, incluso, esparciendo a diestra y siniestra el desprecio que siente por sus propios electores; los habitantes de Cerro Navia lo saben, lo han sufrido en carne propia, así como también lo han hecho con otros miembros de su familia, porque la arrogancia es tan vasta y generosa, que alcanza para todos. Él es un profesional, no de la negociación seria, sino del arreglismo; él es underground, un under, no un político que se desplace entre nosotros y pueda mirarnos a los ojos cuando nos habla. Es de temer.







Patricio por favor, El Senador Girardi ha sido siempre de Izquierda, no me venga con cosas ahora de mandarlo para la Derecha. Por que si es así yo le mando a Espina para la Izquierda...
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acusete, moño cuete, mira unos clases de carabineros me pasaron un parte , yo soy honorable, soy satrapa, tengo fuero, tontin, tontin , te salio un tiro por la culata , un 7 para los carabineros, y la renuncia de la subsecretaria de crabineros. que renuncie, yo pensaba que estaba preocupada de la delincuencia, por girardi tambien te vais a ir, que se vaya, chaoooo, girardi acusalo con tu mama quico
A nuestro pesar esta es una de las pocas cosas que logran salir a la luz y que todos sabemos...ahora le ha tocado a este payaso politico de turno...
me da vergüenza la direccion de carabineros... no tienen ninguna pisca de HONOR, solo por que salio a la luz se retractaron de la medida tomada por un oficila que cumplio con su deber... me parece una mariconada de parte de los altos mandos de carabineros....
asi es la cosa en chile....
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ATTE LEØN :3
"El patriotismo es la virtud de los depravados" (oscar wilde)