
Pareciera ser que actualmente ningún actor social público, sin importar
su mirada filosófica o ideológica, puede desconocer el grave problema
que enfrentamos en Educación. El mayor mérito de la llamada Revolución
Pingüina de hace dos años y medio no fueron sus demandas específicas,
sino poner en el centro de la discusión social y política el grave
deterioro que en todo sentido ha sufrido la educación chilena.
En efecto, desde aquella ocasión no ha habido un momento más
propicio para enfrentar los ineludibles cambios que requiere nuestro
sistema educativo, ya sea por convicción o por presión pública, los
líderes sociales y políticos han manifestado en reiteradas ocasiones su
voluntad de mejorar nuestra educación y es hora de cobrarles la palabra.
Para ello, no obstante, se requiere una
mirada de estado que supere las limitaciones cortoplacistas y que sea
valiente a la hora de enfrentar las todavía insospechadas reacciones
que va a causar forzosamente un cambio como el que se necesita. Esto
equivale a abrir muchas puertas que han permanecido tanto tiempo
cerradas ocultando tras de sí una variopinta fauna de lacras y gérmenes
que se han ido enquistando en nuestro sistema educativo. Abrir dichas
puertas significa, dicho de otro modo, descerrajar violentamente
algunos candados y dejar escapar un olor nauseabundo que seguramente
saldrá al constatarse los niveles de inequidad y de injusticia, la
menguada solidaridad de sistema, la desmejorada situación valórica y
ética, la ideologización, la falta de transparencia y la desidia que
por tanto tiempo corroen a nuestra educación pública.
Por cierto, ante la importancia del debate, no han faltado quienes desean allegar aguas a su propio molino y de aquí y allá se han levantado voces y puños para aprovechar a su beneficio los cardúmenes de diagnósticos y pronósticos, ideas y visiones, fórmulas y metodologías que se hacen y siguen haciendo para implementar las soluciones necesarias. Probablemente, no todos buscan mejorar la Educación sino que algunos tienen la secreta esperanza de demostrar que sus propias ideas, en desmedro de otras, son las mejores.
No podemos seguir indiferentes a este asunto de tanta trascendencia para nuestra República, algunos sostienen, desesperanzados, que la solución al problema es larga y onerosa para el país. Es hora de responderles con las palabras de un ex rector de Harvard: “Si cree que la Educación es cara, calcule cuánto cuesta la ignorancia”.
Así las cosas es hora de pronunciarse por una Educación pública que se sustente fuertemente en una convicción de que la mejor educación la debe entregar el Estado. En un sistema de provisión mixto como el nuestro, las diferencias opciones debieran correr más por el lado de las distintas sensibilidades (filosóficas, religiosas o pedagógicas), más que por una diferencia tan abismal en la calidad educativa como ocurre actualmente.
Por eso, parece necesario plantear algunos puntos que permitan perfilar una mirada educativa para el país desde nuestros propios valores universales, nuestra propuesta es:
1. Una educación pública laica y comprometida con los valores,
derechos y deberes humanos, que posibilite la formación de jóvenes con
espíritu libre y dotados de las herramientas intelectuales y morales
que les permitan hacer su propia opción política, social y espiritual,
lejos de la ideologización que por su intrínseca naturaleza
proselitista y militante cualquier tipo de confesionalidad le habrá de
imprimir.
2. Una educación para la Democracia, donde los valores de
la convivencia democrática, el diálogo, la tolerancia y la
participación cívica sean parte de las prácticas formativas y
pedagógicas permanentes.
3. Una educación moderna, que actualice los currículos y ponga el
acento en desarrollar capacidades, competencias y habilidades, más que
reproducir un modelo academicista superado ya por el continuo avance en
la evolución humana. Ello implica también incorporar plenamente las
nuevas tecnologías informáticas con metodologías apropiadas y
significativas, agregando al uso práctico (único actualmente vigente)
un uso ético y crítico imprescindible.
4. Una educación de calidad, que permita generar capital humano
adecuado para implementar las grandes transformaciones sociales que el
país requiere y dotar con ello a nuestra república de nuevas
generaciones de líderes que vayan siendo un relevo mejorado de los
actuales.
5. Una educación solidaria y emprendedora, que forme a los jóvenes para
el bien común, no solo para el éxito personal. El emprendimiento social
es una utopía realizable si formamos desde la base personas capaces de
proponer soluciones innovadoras y creativas a los problemas sociales de
nuestra patria.
6. Una educación que posibilite la cohesión y movilidad social, dotando
al sistema educativo de las herramientas que requiera para corregir las
diferencias de cuna y elevar por mérito , capacidad y talento a los
jóvenes egresados a peldaños más altos en la pirámide de la
satisfacción de las necesidades.
7. Una educación que prestigie y reconozca a los educadores como los
más dilectos trabajadores sociales. Que en los niveles de Educación
Superior formativos de docentes haga de la rigurosidad y la excelencia
una práctica común, para que en los niveles pre-escolar, básico y
medio, los profesores de nuestros niños y jóvenes sean ejemplo de
profesionales con vocación, prestigiados, valorados y libres de las
angustias del presente.
Mucho más podría decirse pero contienen estas ideas a otras que
esperamos desarrollar más tarde y que son consecuencia lógica y natural
de su adecuada implementación.
prof. Benedicto Gonzçalez Vargas
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Buena mirada ...
Emplaza a la educación a convertirse en lo que debe.
Creo que la propuesta debiera contemplar algo así como una educación para la vida, para el desarrollo local y social, para la prevención, la buena alimentación y salud, para la sustentabilidad y la administración racional que mejore el acceso a medios y oportunidades, pero, que más que eso, asegure cantidades y variedades mínimas de la calidad necesaria que todo esto requiere usando lo que entra en conflicto hoy con la propuesta cinco (5) ya que esa expresión no necesita precisamente una educación a futuro, sino que una herramienta hoy para debatir lo que las personas quieren, lo que los territorios necesitan y las formas de conseguirlo.
Buen artículo. Creo que sería mucho más acogible si detallara el qué se hace dónde con el apoyo democratico de candidatos y el pueblo y las mejoras que precise, o las puntualizaciones que requiera, o los debates que sean menester para conformar esa propuesta que llega a la comuna x, ajustándose al presupuesto para educación, histórico o previsto, para que lo que se plantea sea una realidad.