Venezuela es infinitamente democrática

Pero la palabra es mucho más que eso: es una feroz alabarda que impuso el cristianismo en la América indígena, del mismo modo que se transformó en letra de fusil cuando los militares violaron a la fuerza la dignidad del sur. Quizás por ello es que la palabra y la libertad van de la mano y se cuidan como ángeles extraviados en el invierno altiplánico. Sin palabra no puedo decir libertad y sin libertad no puedo decir palabra alguna. Claro, y sin ambas cuesta pronunciar democracia, aunque en el albor del nuevo siglo no haya palabras para definir esta peculiar democracia chilena que también nos habla de participación y derechos, pero sin participación y sin derechos. Pero, por supuesto, no trepida en criticar a otros países y a otros pueblos en nombre de la misma democracia que asesina trabajadores forestales y comuneros mapuche. Que humilla al pobre haciéndolo caminar cuadra tras cuadra para alcanzar un bus que jamás llega.
Y todo lo hace en nombre de la libertad de expresión, criticando al gobierno venezolano por no haber renovado la concesión a un canal de televisión, pues - señalan sin vergüenza - esta es consubstancial a un sistema democrático. Así se suman el gobierno de la Concertación , el parlamento y la derecha, a la campaña internacional dirigida por Estados Unidos en contra del derecho que le asiste al gobierno soberano de Venezuela de ejercer la ley en su propio territorio. Argumentan que nada justifica la limitación del derecho a la libertad de prensa, omitiendo señalar, por supuesto, que en nuestro propio país ésta no existe, toda vez que la propiedad de los medios de comunicación es patrimonio de un reducido número de grupos económicos de derecha. Tampoco dicen, obviamente, que están condenados a la desaparición todos aquellos medios - diarios, revistas, radios comunitarias, micromedios con cierta orientación social y política que no poseen los recursos para mantenerse en esta economía de mercado que solo se mueve por el lucro. Claro, porque el Estado se ha negado sistemáticamente a subsidiar o a aportar con avisaje de las empresas del Estado a otros medios que no sean aquellos que ya poseen ingentes recursos. Es decir, el Estado ayuda a la derecha con el dinero de todos los chilenos por medio de publicidad de importantes empresas como BancoEstado, Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), Corporación del Cobre (Codelco), entre otras, y, por supuesto, diversos Servicios estatales.
Quizás hoy ya no son detenidos, torturados o asesinados periodistas como en dictadura. Tal vez hoy no son clausurados diarios y revistas como en dictadura, pero igual perecen ahogados por las deudas y por la imposibilidad de seguir funcionando solo a través de sus ventas. Es plenamente sabido que, bajo los parámetros neoliberales, ningún medio puede subsistir sin recurrir al avisaje y, aunque sea una perogrullada siquiera decirlo, las grandes empresas no publicitan en ningún medio crítico. Conclusión: la libertad de expresión en Chile es solo un mito. Aún así se critica a Venezuela, a pesar de que en ese país el 80% de las radioemisoras y canales de televisión abierta son de propiedad privada, del mismo modo que lo son casi 120 periódicos, siendo muchos de estos medios abiertamente críticos al gobierno de Hugo Chávez.
Desafortunadamente, la campaña de mentiras en torno al tema de RCTV ha ocultado y relegado a un segundo plano el surgimiento de un nuevo canal con directa participación ciudadana: Televisión Venezolana Social TVES. Dicho canal no pertenece a los grandes grupos económicos de derecha, como en Chile y Venezuela, sino que al pueblo; constituye un servicio público y no un negocio. Es la recuperación de la palabra, de esa mariposa azul que volará rauda por los aires venezolanos, sin permiso de los ricos.






