Reflexiones en torno a la matemática y la poesía
Lionel Henriquez Barrientos.
Instituto de Matemáticas
Facultad de Ciencias
Universidad Austral de Chile
Valdivia, Chile, Enero de 2009
En estas reflexiones me he permitido traer algunas consideraciones que he
presentado en otros escritos, pero que por su pertinencia a éste, lo
complementan, haciéndolo un todo más ordenado y posiblemente con un mayor grado
de acercamiento a mi línea de pensamiento. Un texto que he querido compartir
con todos aquellos que lo deseen, con el propósito de aproximación al tema por
parte de quien han tenido la Matemática como su primera y principal fuente, y
que posteriormente se ha dedicado con verdadera pasíón a la Poesía, en un
intento de quien cambia la dirección de sus pasos, pero con la intención
manifiesta de volver su vista al camino recorrido con anterioridad.
El hombre vive en dos mundos o universos, el interno o subjetivo y el externo u
objetivo; donde en este último están presentes las circunstancias en que le ha
tocado vivir y comunicarse, ya sea con su lenguaje materno o con el corporal, y
con algún tipo de lenguaje arquetípico simbólico que en determinados casos se
transforma en personal si se trata de la interrelación entre estos dos mundos.
El primero contiene sumergido en él, al mundo externo, simplemente como una
imagen que es reflejo de éste, o bien como alguna estructuración singular,
regida por leyes propias, independientes, distintas a las externas y, es
fundamentalmente un universo creado por el propio hombre, de manera consciente
o inconsciente. En este mundo interno actúan, las más de las veces
armónicamente, sus ideas -con algún grado de sentido semántico y sintáctico-,
ideas que pueden ser consecuentes, inconsecuentes, azarosas, sincrónicas o
caóticas, ordenadas o desordenadas, también entran en escena la imaginación, su
voluntad, sus sentimientos y sus emociones, junto a principios, juicios y
prejuicios de todo tipo. En ellos, tanto la Belleza como la Verdad siempre han
estado, están y estarán presentes en la realidad del hombre, al lado de los
valores y antivalores propios a ellas.
En este punto es necesario introducir lo que puede entenderse por belleza y
realidad.
Se puede concebir la belleza como aquella actitud que se expresa en un
observador, en un embelesamiento al contemplar libre de todo prejuicio, un
objeto que lo atrae, que lo impresiona y que le causa una gran satisfacción, y
también como la que se expresa en el encanto que le produce el descubrimiento
de alguna ley que ha regido, rige y regirá algún tipo de manifestación, o
simplemente como esa sensibilización frente a lo verdadero.
También se puede considerar la realidad como aquello que está constituido por
todos los hechos posibles, no sólo los reales, sino también los ficticios, no
importando que estos últimos sean contradictorios. Estos hechos determinan que
una cosa exista, sea y suceda. También ellos pueden originar, combinándose
entre sí con otros hechos o consigo mismo, nuevos elementos, donde estas
combinaciones pueden darse por causas naturales o artificiales, en forma
ordenada, azarosa, caótica o simplemente sin causa que las provoquen.
Esta realidad, está compuesta no sólo por los elementos (cosas) del mundo
exterior, sino también por los del mundo interior. Son éstos los elementos que
circunscriben a través de toda la vida, que vigilan el libre transcurrir del
día y la noche y que se interrelacionan, tanto objetiva como subjetivamente a
través de la riqueza de las imágenes. Son sólo ellos los que han buscado,
buscan y buscarán emerger, de las manos de la imaginación y de la razón o sin
ella; saliendo, al menos, con un velo que quiere, que desea ser retirado con la
suavidad
de la palabra poética, para mostrar la realidad, esa realidad del creador, en
todas sus dimensiones. Realidad que al menos puede producir autoencantamiento.
En relación a este autoencantamiento, se puede decir que un buen lector de
poesía tiene la actitud de embelezarse contemplando su mundo exterior e
interior a través de los creadores como referentes. Y puesto que todos tienen
una génesis, un alumbramiento, el que lo desee sólo deberá ventilar o dejar que
entren otros aires en su cerebro. No sólo se sorprenderá sino que vivirá
intensamente el autoencantamiento.
En el mundo subjetivo, el hombre camina, con su propio ritmo interno, a través
de él con su personalidad inconsciente, esa que es inmutable y que no está
sujeta a ningún canon o regla y que se manifiesta por medio de mensajes
necesarios de alguna interpretación a su personalidad conciente -esa con la que
interactúa en el mundo externo- utilizando un lenguaje simbólico, el que puede
ser propio y creado por el mismo, o un lenguaje de símbolos de tendencia
universal, arquetípico, y que ambos en el común de los hombres se dan a través
de los sueños, ya sean estos los propiamente oníricos, o aquellos que aparecen
en su vigilia como ensoñaciones de situaciones pasadas, de construcciones para
su futuro o simplemente como un despliegue de su imaginación, sin ningún fin
específico.
En ambos casos los mensajes son, los que llamo urgencias interiores y que se corresponden
con el crecimiento de la personalidad consciente o con un mejoramiento del
carácter, “condición sine qua non" para poder desarrollarse plenamente
como ser humano de tal manera que como ser desarrollado pueda contribuir a la
sociedad en la que está inserto o simplemente para una mayor armonía consigo
mismo.
Hay casos de personas en que esta entrega de mensajes, correspondiendo o no con
algún estudio y análisis investigativo o con alguna reflexión, en cualquiera
que sean estos mensajes, los reprocesan utilizando la imaginación y para ello
incursionan en el plano de la creatividad, investigando, desarrollando o
inventando elementos, que pueden corresponderse con lo Bello o con lo
Verdadero, o con ambas a la vez, con o sin ninguna aplicación en el mundo
externo en que se desenvuelven. Son los casos de los filósofos, los científicos
ya sean de las ciencias puras, biológicas, o sociales y los inventores. Pero es
los los artistas, cualquiera que sea la expresión de su arte, en quienes
fundamentalmente la Belleza debe estar siempre presente en sus creaciones.
En referencia a estos mensajes, se puede agregar aquí, lo siguiente.
Percepciones, sensaciones, emociones, se buscan, se encuentran y en su
peregrinar se unen con sentimientos, imágenes e ideas y todos juntos, se
engarzan con la naturaleza, el cosmos, el alma individual y el alma colectiva.
Esta amalgama se sumerge en profundos hoyos negros, quedando encadenada a las
entrañas de éstos, hasta aquel instante en el cual, sincrónicamente, con o sin
causa y efecto, o de manera caótica, pero siempre de forma sorprendente, la
química cerebral le da impulsos y la hace viajar, en vaivén, entre los
hemisferios. En este viaje que efectúa por túneles visita universos con
diversidad de dimensiones, posiblemente conocidos, ya sean éstos reflejos de
los reales o simplemente ficticios, para obtener en ellos la energía de escape
necesaria y así poder emerger a la luz del día. Sólo con esta energía puede
romper la gravedad que la retiene y sólo con ella puede estructurarse en un
todo ordenado, como si constituyera un modelo matemático. Y al emerger, esta
misma energía la hace mostrarse a través de imágenes transformadas en palabras
poéticas, al igual como se muestra el limpio color de los ojos que trasunta la
alegría de vivir.
Ahora bien, estos mensajes al ser interpretados por el hombre que siente la
necesidad de comunicarlos, necesita de un lenguaje plenamente estructurado y
con técnicas precisas, como asimismo para quien no los interpreta y los da a
conocer simplemente guiándose por parámetros inconscientes. Lo mismo sucede con
quienes no sienten ninguna necesidad de comunicarlos, quedando éstos en el
plano de una reflexión intrascendente, en el mejor de los casos, pues hay
quienes ni siquiera los toman en cuenta.
Si se adentra en el contenido de estos mensajes, muchas veces se determina que
ellos son respuestas de problemáticas que el mismo hombre se hace después de
haberlas investigado, estudiadas y analizadas y se puede llegar a determinar
con o sin algún grado de dificultad, si ellos pueden ser aplicados en el medio
en éste se desenvuelve, como es el caso de los inventores filósofos y
científicos. Pero también si se observa el contenido de otros, ellos no son
nada más que respuestas de algunas reflexiones o simplemente inquietudes de
vida. En estos casos se está frente a los artefactos creados por artistas. En
cualquiera que sea el caso se requiere de un lenguaje que sea atractivo para
quienes lo reciben.
El lenguaje es el vehículo que lo transporta hacia el observador. Este lenguaje
no solamente debe estar bien estructurado, sino que debe estar encauzado en lo
estético, en formas bellas, para realzarlos y entregarlos apropiadamente, para
que impresionen, sorprendan, pero sobre todo que provoquen el autoencantamiento
del observador, y ello se da en cualquiera que sea el plano de competencia del
mensaje. Así si se trata, por ejemplo de un problema, un teorema de las
Matemáticas o de un poema en la Poesía, la solución debe estar caracterizada
por la creatividad en que debe estar presente la elegancia, la novedad, lo
sorprendente, un mínimo de datos o hipótesis con el mínimo de pasos necesarios
para llegar a su solución o a su demostración que en la Poesía se puede
interpretar como la síntesis presente en el texto o, si es el caso de alguna
Ciencia en particular, el contenido del producto de una investigación debe
estar estructurado también de manera elegante, en un lenguaje atractivo para
quien lo estudie y analice, llevándolo también a ese autoencantamiento que lo
hace estar muy a gusto con la disciplina. Lo mismo debe suceder en cualquiera
que sea la disciplina del conocimiento.
Pero hay que insistir que en el caso del Arte y en la Literatura y en
particular la Poesía, las bellas formas deben estar siempre presente, a diferencia
de las Ciencias Exactas, Biológicas y Sociales, en que el objetivo fundamental
es alcanzar las respuestas a las interrogantes que aparecen como hipótesis y
por lo mismo se permite que los resultados puedan estar expresados un tanto
alejados de la belleza, aunque si ellas estuvieran próximas o en las vías de
ella sería tanto mejor, en beneficio de aquellos que acceden a ellas.
Es importante aquí rescatar aquello que la observación de un artefacto bello
produce en el observador y en relación a ello se puede tener las siguientes
consideraciones.
El sentir intensamente al internarse por los laberintos de un artefacto
artístico, en particular por un poema, al reflexionar su mensaje desde una
propia óptica, se llega al éxtasis estético, ese que hace trascender los
propios espacios de soledad, de silencios, experiencia que se guarda en la
memoria, como un acto supremo de vida, pues hace conocer y apreciar la belleza.
Éxtasis que lleva a elevarse, desligarse de la materialidad, conectarse con el
mundo del espíritu, desde donde no sólo se puede vivir la Belleza, sino que
también las grandes Verdades, reales, místicas, aquellas que permiten
desarrollarse en plenitud y también a vivirlas en el mundo subjetivo, aunque la
personalidad consciente no se percate.
Es a través de expresiones como las artísticas, entre ellas las poéticas, que
se puede apreciar y conocer las urgencias interiores que el artista plasma en
sus artefactos artísticos, como un mensaje de su mundo interno o de sus propias
circunstancias, lo que hace a través de la comunicación que efectúan los
símbolos trasuntados en ellos, esos que el artista quiéralo o no, quedan en el
espacio para una posterior interpretación. Con este acto de orden superior,
usando la imaginación y la intelectualidad con una voluntad de impermeable
concentración, se tiene la posibilidad de sorprenderse con un universo ajeno, y
que puede complementar el propio, al recrear o internalizar en él, visiones,
sensaciones, sentimientos ajenos, experiencias que tienen la riqueza de dar a
conocer nuevos y distintos caminos con los que se puede crecer aún más.
Desde este estadio, al volver a la realidad, leyendo y releyendo la simbología
de los colores, silencios y formas, manifestadas en ritmos, melodías, imágenes,
metáforas, expresados en los artefactos artísticos, y al efectuar profundas
reflexiones en torno a ellos, se puede llegar, entre otras cosas relevantes, a
tomar el Humanismo como filosofía de vida y encarnar sus valores en todo el
ser, tanto en la personalidad inconsciente, subjetiva, como en la objetiva,
consciente; pues sólo en esos momentos cósmicos, el ser trasciende su propia
materialidad, ya que es desde la altura, que se establecen caminos que conducen
a la armonía personal y social. Aún más, se puede llegar a apreciar, desde ese
lugar al que conduce el éxtasis, las cosas relevantes de la vida, de una manera
que trasciende toda realidad material que circunscribe el diario caminar y que
aleja de los asuntos realmente sin importancia.
En relación a los mensajes mismos, se puede agregar el hecho, que estos no se
dan sin un conocimiento previo, el que proviene de la experiencia misma de la
vida, donde se puede considerar, que este conocimiento es una relación entre
sujeto y objeto los cuales permanecen en esta relación siempre separados el uno
del otro. La función del sujeto es la de aprehender al objeto y la del objeto
la de ser aprehendido por el sujeto en cuanto que conoce, siente y quiere. El
instrumento mediante el cual la conciencia aprende su objeto, es la imagen. El
objeto puede ser real o ideal, donde lo real es lo que nos es dado en la
experiencia externa o interna o se infiere de ella. Los objetos ideales se
presentan como irreales o simplemente como meramente pensados. Las
concordancias entre la imagen que se tiene de un objeto y el objeto mismo o el
contenido del pensamiento con tal objeto es la verdad. Un conocimiento falso es
error o ilusión. Un objeto no puede ser verdadero ni falso, se encuentra más
allá de la verdad y falsedad. El concepto de verdad tiene la trascendencia del
objeto. Ahora si se analiza el sujeto cognoscente, el hombre, se puede concluir
que es un ser espiritual y sensible y por ello para él debe haber un
conocimiento espiritual y otro sensible, donde la fuente del primero es la
razón y la del segundo la experiencia.
En relación a la Matemática, se puede decir que es la disciplina que, o bien
formula mediante su lenguaje riguroso y apropiado, el modelamiento de variadas
situaciones reales o irreales, ya sea éstas, leyes por medio de las cuales se
rigen los fenómenos, donde éstas son capaces de describir series de fenómenos
los que pueden ser comprobados por medio de la observación de los hechos y de
la experimentación y sean capaces de predecir acontecimientos futuros o las que
se corresponden con situaciones meramente ideales y que provienen del ejercicio
del pensar, sin otro objetivo que el de tratar de obtener la falsedad o
veracidad de conjeturas en relación a la estructuras que rigen el Universo, o
también determinar aquellas que lleven a inconsistencias o a paradojas. Es
decir la Matemática acompaña desde siempre al hombre en su eterna búsqueda por
la verdad.
Por otro lado, la Poesía que también ha acompañado al hombre desde los
comienzos de la humanidad, utiliza también un lenguaje riguroso y propio, pero
simplemente para mostrar la belleza del Universo en que está circunscrito
juntamente con sus circunstancias y no para describir situaciones reales o
irreales, ni menos se interesa si ellas sean o no modelos de leyes que
describan comportamientos de fenómenos de la naturaleza o del ejercicio del
pensar y, tampoco si ellas sean conjeturas verdaderas, falsas o se correspondan
con paradojas o inconsistencias; muy por el contrario en la poesía pueden darse
aquellas que sorprendentemente sean contradictorias, inconsistentes, pues éstas
son las que precisamente más impresionan la sensibilidad del espíritu humano,
razón de ser de la Poesía.
Tanto en la Matemática como en la Poesía hay estructuras formales bien
definidas que deben cautelarse. Si bien es cierto que en su aspecto sintáctico,
ambas deben tener una lógica que les permita desarrollar su lenguaje simbólico,
en lo semántico no hay una lógica para la poesía, pues ésta se mantiene en el
ámbito de variadas interpretaciones que la hacen más rica en su contenido, a
diferencia de la primera en que la interpretación es rígida, aunque ambas
utilizan las analogías para su desarrollo. Analogías que conducen a imágenes y
metáforas en la poesía que concatenadas o no, llevan a obtener un cuadro mental
de lo que ella quiere transmitir y que en la Matemática permiten deducir o
resolver situaciones mediante ellas.
Lo anterior lleva de inmediato a adentrarse en el terreno mismo de la poesía en
que los elementos determinantes, por un lado son el contenido y por el otro la
formalidad, teniendo en cuenta que el contenido de un mensaje para que sea un
artefacto realmente artístico, las formas que los encapsulen, deben estar dados
en estructuras bellas.Por otro lado una forma bella contribuye a mostrar también
la belleza, las verdades, la Verdad que es eterna, “Un ave sin su forma
aerodinámica bella, no podría volar como lo hace”, las bellas formas permiten
realzar, hacer más interesantes los mensajes y en el caso de la Matemática
misma permiten al estudioso de esta disciplina adentrarse en ella con una mayor
motivación y expectativa en la que lo utilitario pasa a segundo plano
sumergiéndose él bajo el creciente interés de su encuentro con las respuestas
que busca, independiente de su grado de veracidad. En suma la trilogía
Verdad-Belleza-verdad debe ser y debe estar siempre presente en ambas
disciplinas alumbradas por la belleza, como así también debiera suceder en
cualquier disciplina del conocimiento que se estudie y desarrolle de una forma
eficiente y seria.






