Pocas veces he leído un texto de tanta perfidia y mala fe como el documento que, en mayo de 2007, firmó la ex ministro de Salud del gobierno de la presidenta Bachelet, María Soledad Barría Iroume, que incluye un proyecto de ley sobre maltrato animal que debiese reemplazar la actual ley contenida en el artículo 291 bis del Código Penal. Este documento, que no lleva título, no es el proyecto de ley ni las mociones que se encuentran bajo estudio en la Comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados (el boletín 3250-12; se accede a él en la página web de la cámara), pero el gobierno socialista tiene la intención de presentar al parlamento y a la ciudadanía el documento que quiero discutir aquí.
El documento
-que sólo he podido encontrar en la copia hecha pública por Pepa García- consta
de once páginas holandesas, fue firmado por la ministro el 7 de mayo de 2007,
lleva el número A15/2195 y anuncia que su materia es la "tenencia
responsable de mascotas".
Desde que fuera aprobado el
brevísimo artículo 291 bis, se han presentado a la Cámara de Diputados
innumerables mociones y proyectos para reemplazarlo. Las diferentes versiones
del proyecto llevan empantanadas en el Congreso más de quince años. No existe ninguna señal, ningún
indicio de que el proyecto que reposa en la Cámara ni el que quiere presentar
el gobierno vayan a ser aprobados alguna vez.
En mi opinión, francamente creo
que dedicar esfuerzos para la formulación de una nueva ley de maltrato animal,
pese a su deseabilidad y urgencia, no tiene mucho sentido. En más de quince
años no se ha logrado avanzar absolutamente nada en este sentido y no es
probable que ocurra ahora.
La causa de esta situación es
ciertamente el hecho de que las dos cámaras del parlamento no representan a la
ciudadanía, por la simple razón de que los ciudadanos sólo elegimos a la mitad
de los legisladores. La otra mitad la imponen los partidos que participan en el
sistema binominal, mediante un sistema en que el voto ciudadano es irrelevante.
Esta ausencia de democracia en Chile es la causa fundamental del
estancamiento legislativo del país, ya no solamente en el tema que nos ocupa,
sino que prácticamente en todo lo demás. El actual sistema político chileno
ha sido modelado obviamente para impedir todo cambio y perpetuar en el poder a
los grupos políticos que hicieron posible la sangrienta dictadura de extrema
derecha. Al contrario, si el parlamento representara a la ciudadanía, ya
contaríamos con una nueva y genuina ley de maltrato.
En este contexto, la elaboración
y presentación de proyectos de ley de maltrato animal es un ejercicio en gran
parte académico que sólo dará sus frutos cuando Chile vuelva a ser una
democracia.1
Vuelvo a mi asunto. El documento
del Ministerio de Salud pretende ser un proyecto de tenencia responsable de
mascotas y su objetivo aparente es reemplazar el artículo 291 bis del Código
Penal, que sanciona el maltrato animal, que establece que "el que
cometiere actos de maltrato o crueldad con animales, será castigado con la pena
de presidio menor en su grado mínimo y multa de uno a diez ingresos mínimos
mensuales o sólo a esta última".
Es evidente, según me parece, que esta
ley, pese a su carácter sumario, se origina en la filosofía de que los animales
son seres sintientes con derecho a una vida libre de maltratos, torturas y
sufrimientos cometidos contra ellos por humanos. Por la misma razón,
debiese entenderse que esta misma ley hace caducar o reemplaza el antiguo
artículo del Código Civil que, tan estrafalariamente, define a los animales
como cosas. Empero, la ley no define qué es exactamente maltrato ni si se
refiere solamente al maltrato físico, dejando de lado el maltrato psicológico,
ni si, por ejemplo, el abandono es igualmente una figura delictiva. (Yo creo
que sí, porque el animal abandonado puede pasar hambre o frío y otras
inclemencias, puede contagiarse de enfermedades, puede ser atropellado o
lesionado en incidentes con objetos y conductas humanas que desconoce).
Los esfuerzos de reformulación de
esta ley se han basado en el propósito de mejorarla, definiendo el abandono,
por ejemplo, como maltrato, o aumentando las penas privativas de libertad en
casos de maltratos graves o muerte o tortura de animales. En consonancia con
el espíritu de la ley, los legisladores y otros ciudadanos y organizaciones
interesadas han propuesto mociones para mejorarla en el sentido expuesto:
ampliar a cobertura de protección de los animales.
El documento del ministerio, sin
embargo, subvierte enteramente el espíritu de la ley y propone, a diferencia de
los esfuerzos anteriores, disposiciones que no tienen como fin prevenir o
sancionar el maltrato animal sino justificarlo y legalizarlo, llegando al
absurdo de proponer un plan nacional de campañas sistemáticas de exterminio de
lo que los funcionarios consideran una población canina excedente o sobrante
que no sea rescatada de los caniles municipales.
Según les parece a los autores de
este proyecto, el tema del maltrato animal gira en realidad en torno al tema de
los perros callejeros o abandonados, "[...] constituyéndose", dicen
los descerebrados, "en un problema de salud y de seguridad pública por
las numerosas enfermedades que potencialmente pueden producir al hombre,
además de representar un peligro para la seguridad de las personas en la vía
pública, atendiendo al importante número de accidentes por mordeduras que
generan, además de los accidentes del tránsito en que estarían
involucrados".
Las afirmaciones con que parte este
documento son absolutamente erróneas, por no decir falsas. No solamente no
citan los autores las fuentes en las que se basan, sino además contradicen
todos los estudios, informes y declaraciones que conocemos sobre el tema del
peligro que representarían los perros en la vía pública. Para comenzar, es
sabido que la inmensísima mayoría de los incidentes con mordeduras y ataques
de perros contra humanos los provocan perros con dueños, no los perros
abandonados a los que el ministerio culpa de estos incidentes. "Los
canes que muerden", declaró en abril de 2008 el Dr. Guillermo Prado, del
Hospital Carlos van Buren de Valparaíso, "en general tienen dueño. Por la
experiencia que tenemos rara vez lo hacen los perros vagos" (en La
Estrella de Valparaíso; véase Los
perros de Playa Ancha).
Cuando digo inmensísima mayoría,
estoy diciendo que más del noventa por ciento de los casos que registran las
postas médicas y las comisarías de carabineros con incidentes de mordeduras son
atribuibles sin más a perros con dueños. Aunque no contamos todavía con cifras nacionales fiables,
es sólo natural que sean perros con dueños los que atacan, habida cuenta de que
estos canes son adiestrados como guardianes para proteger propiedades e
inmuebles atacando a las personas que perciben como peligro. Al contrario, es
menos probable que los perros callejeros, que dependen de la piedad de los
transeúntes con quienes conviven día tras días, tengan conductas agresivas
contra los humanos. Obviamente hay casos de agresión, pero son incidentes muy
excepcionales. Otra cosa es la percepción que puedan tener algunos vecinos,
aunque no se base en nada real.
Por otro lado es evidente que la
mayoría de los incidentes con mordeduras tendrán que ver con perros con dueños,
si se considera que, para 2002 en Santiago, por ejemplo, de la población canina
calculada en 1.117.192 individuos, sólo 64.794 eran callejeros o vagos
(en Propuesta
CEFU sobre control canino).
El ministerio fundamenta su plan de
exterminio -que expondrá luego- en que los perros abandonados son también
causantes de accidentes de tránsito. ¿Será necesario fundamentar la profunda incoherencia de esta
afirmación? Según sé, la inmensísima mayoría de los accidentes de tránsito
que causan la muerte de miles de personas todos los años son el alcoholismo o
el consumo de alcohol -droga que, dicho sea de paso, la ministro que firma
el documento alababa en la creencia de que pertenecía a la identidad y economía
nacionales-, el exceso de velocidad, la impericia de los conductores e incluso
las inclemencias del tiempo y el mal estado de las calles. No creo que la
incidencia de los perros callejeros en estos accidentes alcance siquiera a
expresarse en términos estadísticos.
Agrega el documento seguidamente que
"[...] estos animales contribuyen en forma importante a deteriorar las
condiciones de aseo e higiene de las áreas urbanas, a través de la
destrucción de los depósitos de basuras y la acumulación de fecas en la vía
pública".
Es curioso leer semejante afirmación
en un documento de nuestras autoridades políticas sanitarias. No solamente se
puede evitar que los perros abandonados destruyan las bolsas de basura, sino
además se puede educar a la gente para que recoja las fecas de sus mascotas o
simplemente iniciar un servicio de aseo especializado en su recolección y
tratamiento. Además, se exagera enormemente este problema. En ciudades como
Amsterdam, donde no hay perros callejeros, la cantidad de fecas en las calles
dejaría boquiabierto a cualquiera de los funcionarios implicados en la
escritura de este documento. Pero, francamente, responsabilizar a los perros
de romper las bolsas de basura y con ello empeorar la calidad de vida de la
gente, es pasar por alto que los responsables de esta situación son quienes les
han abandonado. Y justificar por ello el exterminio es simplemente
recompensar el abandono. No se puede impedir que los perros hambrientos traten
de comer, como pretenden las insensatas ordenanzas de muchas municipalidades
del país -estas ordenanzas, que prohíben alimentar a perros abandonados,
constituyen en sí mismas delito de maltrato. Responsabilizar a los perros es
equivalente a perseguir a pacientes psiquiátricos paranoicos: simplemente un
acto de estupidez y de crueldad.
El documento se refiere luego
brevemente a lo que llama "sobrepoblación de perros abandonados", sin
decirnos en ningún lugar en qué consiste esa sobrepoblación o en qué momento la
población canina supera los límites admisibles para las autoridades. Dice que
los esfuerzos de las autoridades por reducir el riesgo de transmisión de la
rabia "genera fuertes controversias en el seno de la comunidad". Cómo
no, cuando todos sabemos que la rabia fue prácticamente erradicada hace
varias décadas y que hoy no representa ningún peligro en absoluto. Dice el
documento: "Muchas de estas situaciones han llegado a los Tribunales de
Justicia [sic], los que en algunos casos han dictaminado la prohibición de
eliminar los perros callejeros, lo que interfiere con las funciones de salud y
pone en riesgo a la población".
Dos falsedades seguidas. Los
tribunales de justicia, y los dictámenes de las contralorías, no interfieren
con las funciones de salud, porque la rabia fue erradicada hace mucho y porque
hay servicios de vigilancia y control permanente de este fenómeno, y no por el
posible riesgo de contaminación de los perros urbanos, sino por los riesgos que
representan para los animales domésticos en general. En este contexto, el
peligro de contagio es realmente mínimo. La población no corre ningún riesgo
en este sentido. El que corremos es en todo caso pero infinitamente menor al
riesgo de morir atropellados por un conductor borracho o de encontrar un dedo
humano en una empanada.
El ministerio, en el macabro e
imaginario contexto que describe, propone la "[...] la instauración legal
del registro canino y felino obligatorio, apoyado además en la creación de
centros de rescate animal y sistemas de recolección de animales abandonados o
callejeros", todo lo cual quedaría a cargo de las municipalidades. Uno de
los objetivos, dice el documento, es terminar con los conflictos entre la
población y las autoridades erradicando "[...] la eliminación de estos
animales [callejeros] in situ, por medio de la administración de tóxicos".
Yo pensé que estaba leyendo mal. ¿Dice el documento que las autoridades
sanitarias o políticas renunciarán a la práctica de eliminar -a los perros y
gatos callejeros o abandonados- mediante el uso de venenos y otras substancias
tóxicas -como estricnina-, como hacían en el pasado y/o siguen haciendo en
algunas ciudades? Ciertamente los autores de este documento no parecen
estar al tanto del artículo 291 del Código Penal, que sanciona precisamente a
los "[...] que propagaren indebidamente organismos, productos, elementos o
agentes químicos, virales, bacteriológicos, radiactivos, o de cualquier otro
orden que por su naturaleza sean susceptibles de poner en peligro la salud
animal o vegetal, o el abastecimiento de la población".
Los centros de rescate animal
permitirían albergar a los "perros capturados en la vía pública por un plazo
limitado".
El proyecto de ley propuesto, que
sigue a continuación en el documento, continúa la infamia e insensatez de la
primera parte. Entre otras cosas, como un intento de anular la costumbre
chilena de dejar salir de casa a sus mascotas -en tanto que niños o hermanos
menores-, califica como animales abandonados a todo "[...] animal que
se encuentre en la vía pública sin la vigilancia de su dueño o responsable o que
deambule suelto sin correa de sujeción, independientemente que esté o no
registrado". Serán las autoridades municipales las encargadas de
"[...] implementar un sistema de recolección de perros abandonados a
objeto de retirar de la vía pública todo animal que deambule suelto y sin la
vigilancia de su dueño o responsable".
En esos apartados, el proyecto de
ley del ministerio introduce la temida perrera de antaño, con la que
empleados municipales premunidos de lazos y redes cazaban a los perros
encontrados en la calle para darles muerte posteriormente. Las municipalidades
deberán crear "[...] centros de mantención temporal de animales a objeto
de albergar a aquellos animales abandonados que se retiren de la vía pública y
a los que sean entregados por la comunidad". Los animales secuestrados
podrán ser retirados por sus dueños u otros interesados previo pago de las
multas correspondientes. Pero los animales "[...] que no sean
reclamados en el período establecido se consideran sin dueño y podrán ser dados
en adopción, subastados o sometidos a eutanasia".2
El título VI del proyecto sanciona
el abandono de mascotas no por lo que pudiera significar en términos de
maltrato animal, sino sobre la base de las insensateces descritas en torno a la
salud pública y al imaginario peligro que representan los animales en situación
de calle.
El artículo 25 de esta ley autoriza
al juez local a "[...] disponer la eutanasia de animales cuando
constituyan un grave e inminente riesgo para la salud de la población [humana],
lo que se acreditará con un informe de la Autoridad Sanitaria [sic]
correspondiente". Hasta hoy, sólo el seremi de salud tiene la autoridad de
disponer la muerte de un animal, y sólo si porta el virus de la rabia. Este
artículo desvía esa autoridad hacia un funcionario judicial no especializado en
estas materias, que puede o no adoptar los informes de los secretarios
regionales convertidos ahora en subalternos del poder judicial.
Este proyecto es, como dije, una
espantosa adulteración del sentido original de la ley contra el maltrato animal
y un claro ejemplo de usurpación ideológica. Tal parece que para los autores de
este proyecto, el maltrato animal cometido por humanos simplemente no existe. De
ahí se deriva también la propuesta de eliminar las sanciones penales que
contempla todavía la ley actual (el artículo 291 bis).
Lo que persiguen los autores del
proyecto simplemente es derogar la ley de protección animal actual para
reemplazarla por este documento que aprueba el maltrato animal, entendiendo
este como la muerte o la aplicación sin justificación médica ni desde el punto
de vista de la salud pública, de la eutanasia a perros encontrados en la calle,
con o sin dueño, que no sean recuperados mediante el pago de un rescate o
multa.
El proyecto va todavía más lejos en
su lucha contra la sensibilidad de la inmensa mayoría de la población, al
permitir que la ley fije la cantidad de animales permitidos a sus dueños. El
artículo 8 establece que el ministerio de salud "[...] podrá establecer un
número máximo de animales que se pueden mantener en una propiedad". No
cabe duda de que la intención detrás de este artículo es desmantelar los
caniles privados, con los que parte de la población protege contra maltratos y
violencias a los animales que abandonan sus dueños. Estas son iniciativas
privadas todavía más loables por la ausencia de un sistema humanitario y
razonable público de protección animal. El gobierno socialista pretende, pues,
incluso despojar a la población de una de sus expresiones más piadosas de
solidaridad con los animales.
El artículo 14 permite que las
autoridades municipales puedan celebrar "[...] convenios entre sí, o con
otros organismos públicos o privados, a objeto de ejecutar las labores
indicadas" -vale decir, el gobierno puede dejar la eliminación de
mascotas en manos de empresas privadas.
En ningún momento se paran los
autores del proyecto a definir maltrato animal, que no incluye solamente a las
mascotas. Y su definición inmanente de maltrato, si cabe, es un engendro
ideológico monstruoso, tan monstruoso como la matanza de los perros de Plaza de
la Constitución con la que el gobierno de la presidenta Bachelet inició tan
premonitoriamente su mandato. Este gobierno ha mostrado una mala fe en el tema
de las mascotas que el documento que discutimos no hace más que confirmar. Nada
justifica los planes del gobierno de volver a instaurar en el país lo que costó
décadas erradicar: la matanza injustificada3 y cruel de las mascotas
abandonadas bajo la repulsiva pretensión de proteger la salud pública. Y este
infame proyecto considera el gobierno que está destinado a fomentar la tenencia
responsable de mascotas. Vaya idea de responsabilidad la que se pretende
imponer en el país, destinando a la muerte a las mascotas capturadas cuyos
dueños no puedan pagar el rescate municipal o a los perros y gatos callejeros
que tienen todavía menos posibilidades de escapar de la codicia e inhumanidad
de las autoridades.
En este proyecto de por sí extenso
nada se dice sobre la explotación de los animales, incluyendo a mascotas, que
tras una vida de leal servicio a tutores humanos terminan abandonados o
sacrificados; no se menciona ni una sola vez la palabra tortura, práctica
frecuente y sancionada en los ridículos rituales de iniciación de muchos
jóvenes chilenos; para nada se menciona la extendida práctica de violentar
sexualmente a los animales domésticos. Al contrario, se eliminan las penas privativas de libertad
-que sí están contempladas en la ley actual- y se las reemplaza por inefectivos
servicios comunitarios.
Creo que es urgente que la
ciudadanía se movilice para que el proyecto no llegue siquiera a ser discutido
en el parlamento ni por ninguna de sus comisiones. Debe ser rechazado de plano,
incluso en su fase actual. De esta discusión no puede salir nada bueno. No creo que sea conveniente poner en
discusión la ley actual que, pese a sus defectos y lagunas, es infinitamente
mejor que la infamia que nos propone el ministerio de salud.
Sin embargo, también es probable que
este proyecto no llegue a ser discutido nunca. Contradice de plano la
sensibilidad nacional sobre el maltrato animal. Algunas municipalidades han
dejado de practicar la eutanasia injustificada. Lo que se asume como
legislación actual establece como única causal de muerte de una mascota
abandonada, que represente un peligro inminente, dispuesta sólo por las
autoridades sanitarias competentes (no las municipalidades) y únicamente
después de un período de observación de diez días. Hace unos días la
Sociedad Protectora de Animales de Valparaíso hizo circular una declaración
pública en la que rechaza la aplicación de eutanasia sin justificación
médica fehaciente. El nuevo canil de Laguna Verde es un albergue permanente
"[...] de animales recogidos de las calles sólo en caso que estos sean
evaluados como de alta vulnerabilidad (hembras preñadas, cachorros, enfermos)".
Aparentemente el nuevo alcalde de Valparaíso -un militante de extrema derecha-
tiene la intención de convertir el canil en un albergue de paso y matar a los
animales que no encuentren nuevas familias de adopción en algún plazo limitado.
La sociedad declara que "[...] la Sociedad Protectora Carlos Puelma
Besa, no va a participar de esas políticas , va a hacer todo lo posible por
denunciarlas e impedirlas y de ninguna manera va a permitir que esas prácticas
estén vinculadas con el Eco Refugio [...] [cuyo fin es] generar un lugar de
protección de animales, no lo contrario".
Creo que la declaración de esta
protectora representa sentimientos compartidos por la inmensa mayoría de los
ciudadanos y es un consuelo saber que asume tan resueltamente la defensa de las
mascotas.
Desde hace un tiempo, en las
municipalidades controladas por la extrema derecha se vienen aplicando
políticas de eutanasia ilegales -como el reciente caso en Viña del Mar, en
que en el curso de una semana las funcionarias del canil clínico de la ciudad,
bajo la dirección de una empleada de nombre Claudia Bilbao, y aparentemente con
la autorización de la alcaldesa Virginia Reginato (UDI)- mataron a veinticinco
perros, aparentemente sanos, según denuncias anónimas de otros empleados del
lugar. Lamentablemente también ocurre lo mismo en municipios controlados por
partidos de izquierda.
Parece inevitable que tengamos que
enfrentarnos en el futuro a iniciativas criminales de este tenor. En esta
titánica lucha por el respeto de los derechos animales y la defensa de valores
fundamentales de nuestra propia civilización, nuestros únicos aliados son los
perros. Es de suma importancia que los ciudadanos hagamos de tripas corazón y
escribamos a los diputados y senadores de nuestras circunscripciones,
manifestando nuestro absoluto repudio al proyecto del Minsal y solicitándoles
que lo rechacen de plano, sin brindarle ninguna oportunidad de que llegue a
estar en la agenda parlamentaria. Es una pérdida de tiempo y sólo nos haría
retroceder y volver a discutir temas que creíamos haber superado hace décadas.
Notas
1 Prácticamente todos los candidatos
presidenciales actuales -Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Marco Enríquez-Ominami,
Alejandro Navarro, Jorge Arrate y otros-, excepto el candidato de la coalición
de extrema derecha (el inversionista Sebastián Piñera), han incluido en sus
programas la recuperación de la democracia para Chile. La ausencia de
democracia se impone como una constatación que comparten políticos de muchas
tendencias.
2 El Dr. Fernando Álvarez, del
Colegio Médico Veterinario de Chile, dice en un comentario que los animales
serán eliminados con métodos
humanitarios. Probablemente quiere decir que se les aplicará lo que llaman
métodos indoloros. En la descripción de estos métodos se habla solamente de
evitar el dolor físico. En ningún caso se menciona lo que sabe todo el mundo,
incluyendo a los veterinarios, que es que los animales presienten su propia
muerte y anticipan las intenciones de muerte de otros. Lo que quiere decir que
los animales sufren ante su muerte inminente, sin o con dolor, la misma
angustia que los condenados a la pena capital o el ganado en los mataderos. El
olor a muerte no miente ni engaña. Pese a lo que dice Álvarez, los autores del
proyecto ni siquiera se comprometen a no utilizar métodos indoloros en la
eliminación de los perros marcados para morir. Sólo se comprometen a no hacerlo
con substancias tóxicas en la vía pública -in situ, pero callan sobre cómo los
eliminarían en sus mataderos resguardados. Por otro lado, es difícil prever
para qué o quiénes serviría la subasta de perros no rescatados. ¿Podrían los
restaurantes empezar a vender platos a base de carne de perro? Ciertamente si
llegásemos a semejante monstruosidad -que en el Chile de hoy no es
inmediatamente descartable- este proyecto sólo agravaría la situación de
indefensión de los perros.
3 La hipocresía del proyecto en lo
que se refiere a la aplicación de eutanasia y las prácticas de control de lo
que llaman sobrepoblación canina se hace evidente en el artículo que destina a
la muerte sólo a las mascotas no reclamadas por sus dueños ni adoptadas por
otros. En el texto desaparece repentinamente el manido problema de la
sobrepoblación canina, ya que en él se autoriza la eliminación sólo en caso de
que la mascota no sea rescatada mediante un pago o multa, sin mencionar para
nada si se trata de mascotas sobrantes o excedentes o no. Es evidente que la
codicia obnubiló a la ex ministro Barría.
Fotos
1 Las autoridades chilenas ha
sobresalido en el asesinato de perros callejeros, generalmente con estricnina,
que son luego arrojados a vertederos o, peor, botaderos ilegales. La foto
muestra la matanza de noviembre de 2006, en Coquimbo, Chile.
2 El documento con el proyecto de
ley del ministerio de salud.
3 Foto de Soledad Moretti.
[cc mérici]



















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