Chile vive un notorio déficit aeroportuario, que se incrementó visiblemente con la desacertada decisión de cerrar para siempre el aeródromo de Cerrillos. Ya entonces se trató, por todos los medios posibles e imaginables, de advertir al gobierno de turno y a las autoridades pertinentes de lo que pasaría en un futuro cercano. De nada sirvieron las protestas. El gobierno se tapó los oídos y cerró de todas maneras el aeropuerto antes mencionado. ¿Qué intereses habría de por medio? Es difícil elucubrarlo, pero parece por lo menos sospechoso que se haya insistido tanto en proceder al cierre del mismo.
Posteriormente hubo una tragedia
aérea en Peñalolén, que enlutó no solamente a los deudos de las víctimas, sino
a todo Chile. El país entero se conmovió con el caso, en el que fallecieron en
tierra varias personas inocentes y completamente ajenas al vuelo siniestrado.
Con motivo de eso se pidió repetidamente el cierre del pequeño aeródromo de
Tobalaba, desde el cual despegó la avioneta accidentada, por estar éste situado
dentro de una zona urbana y densamente poblada. Puede que la moción esté bien y
que realmente sea necesario efectuarla. Pero si efectivamente se la realiza, el
déficit aeroportuario no hará más que incrementarse, saturando más los
aeropuertos para aeronaves pequeñas que van quedando, con lo cual se deja la
puerta abierta a futuras nuevas tragedias. ¿Ésa es la solución? ¿Eso queremos?
Las autoridades fueron pródigas a la
hora de dar pretextos para justificar una decisión como la del cierre del
aeropuerto de Cerrillos. En este caso, incluso sacaron a colación la
construcción de la segunda pista del aeropuerto Arturo Merino Benítez, al que
muchos conocen como Pudahuel, por estar emplazado en esa comuna de Santiago. Se
dijo que esa segunda pista, cuyos problemas técnicos y de construcción fueron
conocidos públicamente, era el reemplazo del aeropuerto de Cerrillos. Nada más
falso. El aeropuerto Arturo Merino Benítez es para operaciones internacionales
de mediana y gran envergadura y no para aviación deportiva o menor. Se habló de
otros aeródromos pequeños situados en la periferia de Santiago, pero ninguno
tiene una pista como la que se destruyó en Cerrillos, con más de 2.000
metros de longitud.
En fin, el problema nunca se ha
abordado desde una perspectiva realista y mirando los puntos de vista de todos
los afectados. Hubo demasiado apuro en eliminar el aeropuerto de Cerrillos.
¿Tan bueno sería el negocio? Los beneficiados nunca lo contarán. Mientras tanto
seguiremos esperando que se construya un aeropuerto sustituto, apropiado
en cuanto a tamaño y ubicación. ¿Lo harán algún día para bien de todos?






















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Negociados
Me queda claro que el cierre del aeropuerto de Cerrillos fue un terrible negociado. Lo que hicieron no tiene nombre. Menos mal que existen personas que se dan cuenta de lo que realmente pasa.
Carmen Loreto