
Santiago.- Hoy a las 11 de la mañana me encontraba paseando a la Cala mi perrita cuando con asombro descubrí en la esquina de Carlos Antúnez con Av. Suecia, un zorzal pequeño, tirado en el pasto. Al verlo instintivamente miré hacia arriba, para ver desde donde podría haber caído y me di cuenta que unos 5 metros más arriba en la rama de un árbol se encontraba un nido, desde el cual se podía ver una cabeza de pájaro levemente asomada.
Temí que el pajarito estuviese
herido por la caída porque no se movía. La Cala, mi perrita, trataba de
olfatearla, pero cobardemente se alejaba rápidamente en cada intento por
acercarse. Me quedé mirando al pajarito, me agaché para observarlo mejor, y
luego lo tomé con mis manos. No opuso resistencia y más bien se sintió
protegido entre mis manos que emulaban al nido del que había caído.
Ahora el dilema era cómo devolverlo
a su nido. Necesitaba ayuda y ésta apareció. Pasó un sujeto de mi edad
aproximadamente, Carlos, a quien no conocía pero se interesó en el asunto cuando
me vio sosteniendo al zorzal en mis manos. Le expliqué lo sucedido y ambos nos
pusimos a buscar entre los conserjes de los edificios del sector una escalera
lo suficientemente alta para alcanzar el nido. No tuvimos éxito.
Pedimos ayuda a una patrulla de
carabineros que pasaba, pero no pudieron hacer nada porque se dirigían a un
procedimiento. Nos recomendaron que llamáramos a bomberos, lo cuál hicimos, sin
obtener ayuda por encontrarse fuera de servicio el vehículo que nos podía
ayudar en la situación. Aún con el pequeño zorsal en mis manos llamamos a la
municipalidad, para ver si podían prestarnos una, ya a esas alturas, mentada
escalera. No hubo caso.
La solución vino de donde menos lo
esperabamos. Una camioneta de la compañía de cable VTR pasó por Av. Suecia. Con
Carlos le hicimos señas para que se detuviera, lo cual hizo. Luego de
explicarle la situación al chofer, curiosamente también un sujeto de más o
menos nuestra edad, accedió a ayudarnos. Estacionó la camioneta, bajó la
escalera que traía en la parrilla y Carlos subió el árbol con el zorzal en su
banano para protegerlo.
Fue cuando llegó arriba que se
produjo lo más sorprendente. Un segundo zorsal pequeño saltó al vació cayendo
en el pasto, igual que su predecesor. Quedé confundido. Ahora eran dos los
pájaros fuera de su nido. Inmediatamente pensé y le dije a Carlos, que no se
preocupara, que dejara al primero y luego subíamos a este segundo fugitivo.
Pero la situación giró nuevamente de manera inesperada, cuando el primer zorsal
al verse de vuelta en el nido, aleteó con fuerza y saltó al vacío siguiendo a
su hermano en el suelo.
El sujeto de VTR aclaró la situación
que nos tenía desconcertados. Los pájaros ya querían volar. Estaban dejando el
nido. Entonces me percaté que cerca del nido, a unas ramas de distancia, habían
dos zorsales observando los hechos y cantando fuertemente a sus pequeños, como
animándolos a que trataran de volar.
Ahí fue cuando comprendimos que no
debíamos hacer nada más. Esos pájaros quería volar y sus padres estaban ahi para
ayudarlos. Por preocpación a que los pudieran dañar, los subimos a ambos a una
rama del árbol del que habían saltado en donde se quedaron tranquilos esperando
el momento oportuno para el próximo salto. Nos despedimos agradecidos uno del
otro por la ayuda prestada y un tanto conformes de la experiencia que habíamos
tenido.
Nos alejamos cada uno en la
dirección a la que nos dirijíamos antes del suceso y no pude evitar percatarme
que al momento de alejarme del lugar los dos zorzales que miraban a sus hijos
desde una rama lejana, bajaron volando a ver el estado de ambos. Luego
volvieron a la rama donde se encontraban y siguieron cantando.
Los animales son nuestros hermanos
menores, dijo San Francisco de Asís, pero sin duda que nos enseñan lecciones
profundas de la vida y nos acercan como humanos frente a los problemas que
puedan tener. Hoy conocí a dos personas con enorme voluntad que se detuvieron
por un instante en su vida a preocuparse por el bienestar de uno de sus
hermanos menores.






















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Felicitaciones.
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Saludos amistosos, Katina