
"Pateamos la tierra suelta, como se hace en los cementerios con los
muertos. Con la certeza que miles de ojos ciertos quedaban mirando
hacia el cielo, llenos de palabras dichas y faroles de verdad
escondidos para esta pausa larga y sin medida de patria apagada."
Bajo
un sol tibio de septiembre, mientras algunos vigilaban la extensa reja
de madera haciendo las veces de atalaya, los demás cavaban un gran hoyo
en medio del patio que iba acrecentando su cráter para llevar a dormir
una enorme cantidad de libros, acusados y condenados por tener según
ellos, letras subversivas. Casi todos eran autores prohibidos, revistas
de militancia, folletines, breviarios, algunos con empaste de lujo y
otros de amarillento roneo. Cuando la profundidad estuvo terminada,
porque de igual manera ya comenzaban a asomar piedras, era imposible
seguir cavando. Se cubrió toda la superficie de un largo manto de
plástico. Comenzaron acarrear libros desde un dormitorio oscuro,
separado por una cortina. Era un incesante crecer de la ruma. Ya no se
dejaban con suavidad como al inicio se tiraban, volaban desde los
peldaños de la escalera al patio trasero. Todo lo que una buena
librería tenía en esos hambrientos años de cultura. Algunas hojas
sueltas de libros ajados se elevaban con la brisa primaveral. Después
desde otras cercanas casas, comenzaron a llegar cargamentos de las
mismas condenadas palabras que necesitaba dormir el mismo sueño. Había
en el ambiente un duelo de entierro apresurado, como esos difuntos que
se van a dejar caminando, pero se quiere estar de regreso, para
comentar la muerte.
Todos prestaban sus pies para el pisoteo
final, emparejar y barrer la cubierta y no dejar señales de excavación.
Como danza de lluvia, los más jóvenes seguían saltando hasta apretar la
tierra recién descostrada y condenada a dormir en silencio el canto de
las sirenas sobre faros olvidados.
Sylvia Rojas P.
Dedosdecarbón



















El mismo entierro de las ideas
se hace hoy, con el polvo confuso de las palabras mistitificadas, con la palabra vida, la palabra familia, la palabra madre, la palabra maternidad, para qué decir la palabra amor, la palabra espiritual, alma, elevado, infinito, eterno, dios, entre tantas otras de incierto o ambiguo significado, que ensucian la dignidad propia de las cosas que dicen nombrar.
La diferencia estimado
Ramón que esos entierros son voluntarios. Esos otros muertos no querían estar abrazados en plástico y bajo tierra.
Hay tantas cosas de las que Ud. nombra que debieran ser enterrados, pero... se volverían a multiplicar, pocos quieren prescindir de los cuentos.
Un fuerte abrazo