
Pensé
que lo lograría, que traspasaría triunfalmente la meta que tanto le habría
gustado coronar, pero me equivoqué en forma rotunda. Me refiero, obviamente, a
Marcial Maciel Degollado, el siempre evocado fundador de los Legionarios de
Cristo. Dicho sacerdote, conocido debido a su predilección sexual por los
seminaristas, sonaba como un firme candidato a ser canonizado. Ahora todo se
arruinó. El festín de beatería hipócrita se derrumbó como un castillo de naipes
en medio de un huracán.
Tener
un hijo ya es un asunto diferente y mucho más complicado. A los ojos del sacro
colegio cardenalicio y los obispados esto sí que es un pecado descomunal, a
desemejanza del abuso sexual en contra de menores que, en el mejor de los
casos, es visto por ellos como una falta de poca cuantía y mucha frecuencia. Y
por eso Marcial Maciel ya no será santo. Su imagen de yeso no adornará las
bellas catedrales de las capitales europeas y latinoamericanas. No se erigirán
santuarios que inmortalicen su memoria retorcida y libidinosa. Carecerá del
honor de presidir, dentro de una urna de vidrio y cargado por sus adeptos, una
procesión, pese a que éstas cada día son menos concurridas. Tampoco se
imprimirán estampitas a colores, con una aureola blanquecina sobre su cabeza,
para recordarles a los feligreses y peregrinos su falsa santidad.
Es
que Maciel cometió el notorio desacierto de engendrar una hija, con lo cual su
figura cayó perpetuamente en desgracia para los fanáticos trasnochados y
andropáusicos que dirigen el Vaticano. Eso de ser papá sí que es imperdonable.
¿Cómo se le ocurrió perpetrar semejante tontería a Maciel? ¿No tenía, en ese
momento, acaso, suficientes querubines bien dotados con los cuales revolcarse
debajo de las sábanas? ¿Quiso el padrecito jugar a ser hombre? ¿Le sobrevino un
súbito arrebato heterosexual? Porque, por lo que sabemos, a Marcialito más bien
le picaba el culito. O para manifestarlo con una expresión bien criolla y algo
vulgar: le gustaba que le atoren el tubo de escape. ¿Se entendió?
No
ahondaré más en el tema. Lo que voy a decir a continuación puede sonar curioso,
pero defiendo la opción de Marcial Maciel de haber elegido ser papá. Creo,
incluso, que es lo único bueno y positivo que hizo en su inmoral vida. Y el
clero diocesano debería respaldarme en mis dichos. ¿No dicen ser los más
grandes defensores de la familia? Ahí tienen un buen ejemplo de alguien que
trató de formar una familia, aunque informalmente. Marcial Maciel ya tiene un
retoño propio que le puede poner flores en su tumba en el día del padre. Sus seguidores
probablemente ya no lo harán, asqueados por la pérdida de prestigio de su
progenitor espiritual. ¿Y qué dice la curia vaticana de todo este lío?
Seguramente ya están buscándole un sucesor menos lujurioso a Marcial Maciel. A
rey muerto, rey puesto. JQB






















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Tienes razón
Jorge:
Tienes razón. Marcial Maciel fue un degenerado. Los Legionarios de Cristo son un grupo repulsivo, fundado por un inmoral y que solamente representa a unos pocos millonarios insensibles frente a la realidad de los más necesitados. Me alegra saber que existen personas valientes como tú, que se atreven a decir la verdad. Felicitaciones.
Candy