La misión de la escuela y los cambios en la familia
Enviado por Jaime Valdes el 09/10/2005 a las 20:32
Etiquetas: Educación | Regiones Región Metropolitana
Como sabemos, niños y niñas adquieren en el espacio familiar lo que se denomina la "socialización primaria", aprendiendo habilidades fundamentales como hablar, asearse, vestirse, comer, obedecer a los mayores, compartir con terceros, participar en juegos, distinguir pautas de lo que está mal o bien, etc. Desde ahí, se forma la base sólida, de aprendizajes elementales, sobre los cuales construirán, más tarde, aprendizajes más complejos. Posteriormente, la presencia de las figuras parentales, se va constituyendo en una dimensión orientadora fundamental en el crecimiento de los(as) jóvenes adolescentes.
Jaime Valdés
Rector Colegio Altamira
www.jaimevaldes.cl
Todos intuimos que los niños más felices no son los niños mimados o sobreprotegidos, sino aquellos que viven en un ambiente lleno de afectividad, sin barreras excluyentes, de respeto y aceptación, donde no existe afán de poder, notoriedad o lucro, donde se tolera el error, donde se supone que lo más importante es el cariño, la responsabilidad y el humor. Un ambiente que funciona por la vía del ejemplo y la ternura, más que por los discursos. Y eso que se aprende bien en la familia perdura toda la vida. Cualquiera de ustedes lo ha experimentado.
Sin embargo, ¿qué está ocurriendo hoy en la sociedad actual, y que vemos cotidianamente en la escuela o el colegio? ¿Qué ocurre en este mundo de inestabilidad laboral estructural, en el cual papá y mamá trabajan durante extensas jornadas, o donde muchas veces es la mamá sola teniendo todo el peso de la crianza, mantención y cuidado de sus hijos? Constatamos, desde la experiencia, que muchos de esos niños, niñas y jóvenes, al pasar solos ciertas horas del día, experimentan la necesidad de contar con otro tipo de relaciones de apego, con personas que estén cerca, les pongan límites y cuiden, además de otorgar refugio e intimidad, funciones hasta ahora exclusivas de la familia.
Cada vez más, padres y madres sienten incertidumbre porque no pueden dedicarles más tiempo a sus hijos e hijas, se sienten culpables y se desaniman frente a las tareas formativas, mostrando luego su malestar porque el colegio falla en sus labores (a veces, con fundamento), imputando a profesores de ser responsables del fracaso escolar de sus hijos, la disciplina, la falta de autoridad, el desapego ante el estudio o ante el valor que implica la convivencia. Por otra parte, profesores y terapeutas, explican que la responsabilidad es de los padres. El peligro que esto tiene es la configuración de dos "bandos", que desconfíen entre sí, se descalifiquen o no colaboren, perjudicando con ello al ser que nos interesa criar y educar. Bandos que son ciegos a un cambio de época que requiere de una reflexión mayor y de acciones integradas.
Porque ocurre que la familia, al atravesar por estas transformaciones respecto de lo que era su función tradicional, comienza a demandar nuevas tareas a la escuela, que sin sustituir a los padres, pueda colaborar más integralmente en la crianza de los hijos. Es con lo que nos encontramos en la práctica cuando muchos apoderados(as) llegan buscando un tipo de ayuda ante profesores y profesoras que han ido asumiendo, imperceptible y sutilmente, roles paternos, maternos, terapéuticos, trabajadores sociales y docentes, complejizando las funciones especificas de enseñar.
Una recomendación a las madres, padres y apoderados con hijos e hijas en edad escolar es que construyan vínculos de confianza perdurables con maestros y maestras.
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