Con la Licencia de la Conferencia Episcopal Española del 22 de Abril de 1998, se imprimió la Biblia de Jerusalén, cuya Introducción expresa textualmente que “ antes de ser puestos por escrito, los evangelios, o por lo menos una gran cantidad de los materiales que contienen, se transmitieron oralmente.”
Agrega que “En la Iglesia Primitiva había también narradores especializados, como los evangelistas, que contaban los recuerdos evangélicos bajo una forma que tendía a fijarse por la repetición” y señala o quienes puede ser atribuida su composición, y atribuyen uno de ellos a Marcos, discípulo de Pedro, “cuya predicación había puesto por escrito ... en Roma, donde Pedro ejercía su ministerio” y que en general, “los datos tradicionales son pues contradictorios, en lo que se refiere al orden de producción de los evangelios sinópticos”.
Otro párrafo autorizado por la misma Conferencia Episcopal expresa que “conocemos más de 200 manuscritos griegos en pergamino que contienen el texto de los evangelios sinópticos”, y que “Los textos que nosotros utilizamos en nuestros días, ya sea para estudiar los sinópticos ya para traducirlos a lenguas modernas, se fundan en los dos más antiguos de estos manuscritos” que son el Sinaítico, hoy conservado en el Museo Británico, y el “Vaticano” conservado en la Biblioteca Vaticana. “Ambos se datan de mediados de siglo IV”
Sin duda de que la autenticidad de estos dos antiguos manuscritos no prueba que hayan sido escritos por Dios, sólo prueba que son los ejemplares originales, o que el texto corresponde a los riginales.
Difundir urbi et orbi de por Dios fueron escritos, sin que exista indicio ni fundamento alguno de ello me parece irresponsable, una frescura, un inmenso fraude.
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