Aloísio da Cidade

Una Semana

Lunes

Me meto al chat, encuentro una prima que vive en Brasil, como la mayor parte de mi familia. Ella me cuenta que va a pegarse un viajecito con mi mamá y mi abuela este mismo viernes, que le parece lo más entretenido pero que todavía no sabe como chucha mi mamá va a conseguir convivir pacíficamente con nuestra abuela.

Martes

Llama mi mamá por celular desde el correo en Brasil, preguntando mi dirección para enviarme un paquete. Dice que son regalos. No hay fecha especial, navidad ya fue y el cumpleaños no ha llegado. Es por que sí, no más.

Miércoles

Mi Skype está en modo “no disponible” pero mi abuela parece que no cacha. Me llama igual. No la contesto, además porque no tengo micrófono en ese momento – otra vez me martirizo, arrepentido de no haberme comprado un Mac por puro weón y por economizarme unos USD 100,00. Mi esposa sí lo compró y vino con todo instalado y funcionando – los USD 100 los que gasté en una cámara y un micrófono decentes y el primer arreglo en el primer mes de vida del compu. Por fin la abuela se da cuenta que hay una ventanita de texto donde le explico vía chat que tengo problemas pero ella insiste en no entender que no la contesto por razones antes técnicas que sentimentales.

Jueves

Llamo a mi abuela por Skype – ahora si, todo instalado y funcionando, quizás hasta la próxima vez que apague y prenda el computador otra vez, cosa que trato de hacer solamente a cada uno o dos meses para evitar problemas. Ella me cuenta que se va de viaje con mi mamá y mi prima mañana, cuenta las novedades de mi familia y parece ahora sí entender que la quiero y que tenía problemas técnicos. Ella promete entonces que el “Skip” – como le llama al Skype – es la última cosa que va a aprender en su vida, suficiente con manejar aviones, ser policía para no ser presa en la dictadura y vender enciclopedias a analfabetos. 

Viernes

Nadie me perturba. Día de trabajo. Empiezo a escribir esta crónica. 

Viernes II

Una semana ha pasado. Llega un paquete. Mi mamá regala un disco, un libro, una polera para la chilenita que me secuestró de mi país y una carta. Muy breve, me cuenta que el viernes pasado iría de viaje con mi abuela y mi prima. Termino de escribir esta crónica.

 

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