Se me ha hecho obsesiva mi antireligiosidad, por mi incapacidad de aceptar que la sociedad en su conjunto haya caído en esto tan grotesco de creer en cuentos inverosímiles, y de haber asignado autoridad moral a una cáfila de abusadores para que les aconsejen el camino correcto, cuando, todo el mundo lo sabe, estos consejeros son seres terriblemente perturbados.
Es una obsesión para mí ver cómo se enarbolan párrafos de
Es una obsesión ver a tanta gente tan desorientada y confusa porque los han atiborrado de creencias incomprensibles, tanto que confundes realidad con fantasía, y se entregan mansamente a los que dicen tener las claridades.
Han humillado al hombre, a la mujer, a la sexualidad, a la inteligencia, a la reflexión, los han llenado de culpas, y la sociedad les teme y respeta porque le han quitado las herramientas para pensar.
La mía es una reacción emocional frente a la la ideología religiosa, que inevitablemente lleva a la confusión y a la incapacidad de discernir, por sí mismos, entre realidad y fantasía, con el resultado de que las personas deben someterse al manejo inescrupuloso de voluntades ajenas. Los seres humanos son naturalmente tan capaces de altos logros, tan capaces de autonomía, de reflexión, de orientación real y concreta de sus vidas, de vivencias hermosas, de experiencias llenas de sentido, todas ellas abortadas por la fe irreflexiva en creencias inverosímiles, que a través de la historia han enajenado a la humanidad.
Que todo esto sea a través del fraude, la mentira y el abuso aumentan mi sensación de rencor.
Cuando mi alma acepte este estado de cosas terminará mi obsesión.
No sé si lo logre.



















Tu verdad...
Ramón, esa es tu verdad... tu obsesión, la obsesión de ¿no tolerar? y quizás hasta un punto ¿aborrecer? a "esas personas" que creen en esa "gran mentira".
Mi verdad... es que "esa mentira", es mi verdad, mi obsesión.
Un gusto, un excelente escrito.
Saludos,
Karina.
La no tolerancia
es una disposición emocional siempre presente en los seres vivos, cada cual tiene su cutis, sus atractores y sus repulsores.
Los míos te los dije, y son la actitud de la sociedad, de piernas abiertas como diría nicanor parra, y la actitud de los que la penetran.
A las personas que creen las considero víctimas, pero bastante culpables de su inconsecuencia e irresponsabilidad: las falacias están a la vista, tan sobreexpuestas que no las quieren ver.
Una sola, estimada Karina, aunque quizá la principal, es la Palabra de Dios, que todos sabemos cómo fue escrita. Lo que no sabemos es cómo alguien serio la puede atribuir a Dios.
Saludos