En su origen y desarrollo, el núcleo central de las religiones es la visión sagrada o mística consistente en la intuición o encuentro con la divinidad, experiencia personal extrema en torno a la cual se unen los participantes.
En esta asociación o relación religiosa están claramante diferenciados sus integrantes, una parte son los titulares o propietarios de las visiones, y la otra sus seguidores, discípulos o creyentes, que participan de la experiencia mística indirectamente, a través del relato de los primeros.
Entre unos y otros se forma necesariamente una relación vertical, intensamente jerarquizada, en la que uno es el intermediario de la divinidad o el que administra el acceso a sus dones, y el otro es el recepcionador de las enseñanzas, el creyente crédulo, que espera y necesita la orientación y la guía de su sacerdote, maestro o gurú.
En cualquier disciplina de carácter práctico, técnico o científico, el discípulo tiene elementos más o menos accesibles de donde obtener de la realidad información sobre las materias en estudio; en materias religiosas, por el contrario, el creyente no tiene cómo acceder a información sobre estos hechos misteriosos en los que cree sino a través del visionario, que a su vez la obtiene abundantemente por sí mismo, de sus sagradas visiones interiores, lo que determina, pienso yo, de manera necesaria, la oscura relación de poder, el necesario sometimiento de uno y el dominio por parte del otro.
Las sectas y las iglesias desarrollan en forma explícita una serie de normas éticas y de buen vivir, pero cualesquiera que sean las doctrinas explícitas que propongan el carácter de las relaciones que en la realidad se establecen al interior de estas asociaciones, es, según este análisis, de dependencia y sometimiento de unos y de dominación por los otros.
Con todos los vicios y virtudes que estas relaciones de sometimiento y dominio generan.



















Libre Pensador
"La religión no mantiene a nadie. Tiene que ser mantenida. No produce trigo ni maíz; no ara la tierra; no derriba bosques. Es una mendiga perpetua. Vive del trabajo de otros, y luego tiene la arrogancia de pretender que ayuda al que da".
Robert Ingersoll
No existe el antónimo
de librepensador, la naturaleza de pensamiento es ser libre, lo contrario es no pensador, o pensador sumiso, o sometido, o lameculo, por ejemplo.
Saludos