Anverso Literario: Cállate Viejo ´e mierda de Luis Seguel Vorpahl

Dentro de los lanzamientos que Mago Editores realizara a fines del año pasado durante la feria del libro de Santiago, encontramos una novela publicada bajo la colección
“Viaje al fin de la noche”
llamada
“Cállate viejo `e mierda”
la cual fue escrita por Luis Seguel Vorpahl, narrador nacido en Pucón en el año 1955 pero afincado en Arica desde hace más de tres décadas.
La presencia y deuda del título con el norte grande, es ineludible; no sólo por tratarse del espacio vital del autor, sino por que este eligió la ciudad fronteriza como telón de fondo para estructurar la diégesis y discurso central de esta, su segunda obra de narrativa extensa.
De forma picaresca y socarrona Seguel Vorpahl equilibra la comicidad y el drama y nos relata las peripecias de un escritor nortino paradójicamente llamado Gracio Espejo, pues su porte físico poco agraciado ante el reflejo y la mirada del resto, personalidad agazapada, temerosa e inadecuada frente al mundo y sus cambios, hacen de él,
un desgraciado misántropo que a temprana edad, asume voluntariamente el llamado de abstraerse del espacio que lo rodea.
A fin de superar las barreras físicas y metafísicas que lo anclan a su mundana existencia carente de sobresaltos y marcada a fuego por los valores y aprehensiones de su madre; Espejo vuelca todos sus anhelos y obsesiones en el arte de crear mundos por medio de la palabra. Realidades ficticias que el lector puede conceptualizar rápidamente como representaciones exageradas y romantizadas de Arica y el esplendor que la ciudad gozara a principios del siglo XX producto del comercio, el vertiginoso crecimiento y urbanización que iba de la mano con el turismo.
Este fenómeno, halla su punto más álgido en la arquitectura del tan recordado Hotel Pacífico, la anecdótica visita de figuras como Charles Aznavour, cantante y actor francés que pasara por la ciudad con el fin de rodar un film, y desde luego, hitos de sobra conocidos como el mundial del 62.
Esta visión hiperbolizada y nostálgica del mundo sumado a los personajes que forman parte de las fantasías escriturales de Espejo,
gangsters gordos de origen italiano, policías de quijadas prominentes y una femme fatale de tentador nombre con sonsonete gálico y silueta que desquicia,
van construyendo a vista y paciencia del lector una trama que discurre por la abúlica y frágil consciencia del protagonista, sus fracasadas relaciones amorosas con atribuladas mujeres, su patética vida laboral y sus tragedias personales que contrastan con la meta-historia que Seguel construye y que corresponde a la ficción dentro de la ficción, o sea, la obra narrativa de Espejo.
La operación del escritor nos revela entonces, una caja china o muñeca rusa, que hilvana a la par de la trama principal, un subordinado segundo nivel de narración propio de serie negra con matices de novela rosa. La protagonista de esta metadiégesis o meta-historia es Lia, una mujer cuyo único talento es una desbordante belleza y la forma en que manipula sus atributos físicos para satisfacer sus pasiones y ego, sin importar las consecuencias que sus deslices provoquen a su alrededor.
Lo notable del juego y el talento del autor, esta en la forma en que mantiene esta dicotomía, verdad-fantasía, haciéndola verosímil para el receptor, pues los hechos se suceden de modo paralelo y se afectan entre sí.
La metanarratividad como estrategia textual no es algo nuevo, basta con remontarnos a Las mil y una noches o al mismo Cervantes y así podemos seguir sumando hasta nuestros días,
lo destacable del texto Vorpahliano sin embargo, estriba en como se logran comunicar estas dos dimensiones, sin exponer la estructura, el andamiaje que sostiene el acto y que permite la vitalidad del pacto entre lo enunciado, cómo se enuncia y el efecto que provoca en quien lo recepciona.
Seguel Vorpahl trabaja para ello con un doble código lo cual le permite ampliar su espectro comunicativo y abordar otras dualidades no menos importantes. Por ejemplo el par best seller/ novela de sillón. Lo paraliterario, propio de una novela de simple distendimiento, lo encontramos en el tipo de narrador que organiza los hechos y la constitución de su voz.
Un análisis pragmático revela su registro, el fraseario vernacular y el dinamismo descriptivo lleno de redundancias, exceso de adjetivización y giros esteriotipados propios del melodrama o culebrón,
escritura dirigida a un destinatario popular que sólo quiere enfocarse en la intriga y avanzar en la lectura.
Ahora, si atendemos al diseño; a la forma y la consciencia y control que tiene el escritor dentro de su proceso, para plantearse de antemano la necesidad de un narrador como el recién descrito a fin de no hacer hermética su propuesta, nos topamos con la otra faceta del texto, la de un creador con oficio que sabe mimetizarse y jugar con las expectativas de sus hipotéticos y eventuales lectores. El libro en esta medida, se halla plagado de referencias y técnicas para un interprete más aguzado y crítico, se olfatean guiños constantes a Hemingway, a su decálogo, a su estilo parco, a su juego del dato escondido, y a lo mucho que este aprendió de los clásicos rusos y franceses, la intertextualidad brilla desde la primera línea del texto:
“El mundo era una fiesta”
parafrasea y reformula la voz principal de Cállate viejo ´e mierda. Asimismo, no hay que ignorar el como se establecen los vasos comunicantes, como se salta sutilmente de la ficción principal al metatexto, y el modo en que se anexan constantes digresiones dirigidas al oficio y la percepción de un lector/escritor.
La obra binariamente compuesta atrapa al lector semántico llamado por algunos ingenuo y desafía al lector semiótico conocido también como crítico.
En la misma medida es importante atender a otro par el fundacionalismo/ universalidad, estas dos caras se contraponen en el texto, a ratos de modo satírico en otras de forme grave, pero siempre manteniendo la caricatura como una crítica al creador atrincherado en su feudo físico y mental de provincia, cerrado olímpicamente al mundo mientras sostiene su aislamiento como una bandera de lucha. La abulia de la capital y la indiferencia a todo lo que no sea parte de su esfera, no se restringe. Por un tema de encuadre, si estamos hablando de un escritor más cerca de otras capitales del mundo que de la suya propia, no podemos soterrar el golpe directo al rostro que Seguel da a la realidad productiva y de difusión literaria, existente en nuestro rincón del continente.
El llamado de atención es tanto para los que sienten periféricos y se autocompadecen de su situación como para los que están en el ojo del huracán. De esta manera Seguel asume su causa con el escritor mismo, libre de todo chauvinismo y mirada gregaria o sectarista.
Ligado a esto último, otro punto a reseñar, es el de la enciclopedia. Pues el lector informado con respecto al panorama literario del norte grande y en específico de la región, puede entender mejor algunos chistes y señas, como la que se hace en torno a la figura del aspaventoso Gamael Hernández y la dinámica reunión en el círculo de escritores de la ciudad. Una licencia, entre otras referencias a calles, playas y espacios emblemáticos, que sin embargo no pasan más allá del chiste interno, pues como señale, la doble codificación, permite al lector externo y universal, reconocer en aquel personaje con bigotes a lo Dalí a todo pomposo ente de las letras que se da en diversos contextos mundiales y locales,
y que a nivel nacional se resume en la imagen de un Pompier magistralmente ideado por Lihn.
La sufrida reunión no se aleja de cualquier prototípico conventilleo de vacas sagradas y las alegorías al pueblo de turno y su patrimonio urbano, forma parte de la ambientación. Si Vargas Llosa delira con Jirón de la Unión y el tetas negras con Paseo ahumada, porque un narrador nacional no puede trasladar a su público a una pseudo cosmopolita 21 de mayo y las faldas del morro.
La obra en definitiva, es refrescante dentro de la producción novelística del norte grande, no sólo por la limitada cantidad de títulos que al año se dan a conocer y emergen de esta zona, especialmente dentro de lo que podemos llamar narrativa extensa, sino también por el interés y ambición permanente del autor de explorar en su discurso una gama de oposiciones que van revelando en el contraste de pares tan antiguos y manoseados como la frontera lábil entre ficción/realidad, elitesco/popular, cosmopolitismo/fundacional e incluso escritura/oralidad una vertiente sensible y consciente, de carácter desmitificador capaz de traspasar las barreras de lo que se ha presentado como propuesta de novela que surge desde el norte de Chile y que trata en particular de Arica al no caer en los lugares comunes que limitan entre el abismo de las cuestas y el desierto de la línea de la concordia.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en: Cinosargo.







Me quedé pegado en la idea de que sus pies estaban medio enterrados o medio desenterrados en la arena. Había vivido tantas emociones las horas anteriores que mi cabeza apenas podía coordinar alguna idea. Y por sobre todo las imágenes previas a esa tarde llenaban mi mente; la lluvia, los pastos cortados, el silencio aterrador detrás del monótono traqueteo del agua sobre los techos rojos, eso había sido antes, ahora era el sol, el mar y los pies de ella en la arena caliente. Sus rodillas no me dicen mucho, anoche me hablaban, me distraían, me invitaban a tocarlas y a besarlas con adoración, ahora las encuentro algo feas, un poco más oscuras que el resto de la pierna, no me parecen las de anoche antes del amor, antes de la locura del encuentro desesperado de dos solitarios.
Me había sentido enamorado por momentos; mientras la veía desvestirse la amé, mientras sus pechos jugaban con la gravedad la amé y la hubiera llevado al cielo si me lo hubiera pedido y creo que entre suspiros y besos se lo dije al oído, pero ella no estaba para escuchar, su jadeo y sus manos inquisitivas lo invadían todo pidiéndome que no la dejara jamás. Ahora, sentado a su lado, el sol nos calienta la piel y siento que las formas del mundo están más claras y más limpias.
Quiero estirarme pero alguna vez aprendí que es mala educación hacerlo delante de alguien que es casi un desconocido así que, con disimulo, extiendo una pierna y después la otra.
Ella mueve los pies, sintiendo el calor que emana de la arena, ella puede estirarse y lo hace, como una gata satisfecha y feliz. Hace media hora comimos y ella comentó que hacia días que no lo hacía; dos huevos fritos con trocitos de un jamón añejo. En la mitad de la comida me puso su boca en el oído derecho y me dijo te amo, riendo, sentí vergüenza porque había otras personas en la cafetería y algunas nos miraban, nada fijo, pero no somos invisibles y es evidente que no somos padre e hija.
Su ropa no era para una mañana de sol, por lo que le prometí que al caer la tarde le compraría un vestido de verano. Estaba arrepentido de haberlo hecho, no porque no quisiera comprárselo sino que eso la mantendría todo el día a mi lado y ya quería que se fuera. Miro sus manos, largas, blancas, casi transparentes; bellas, no se puede negar eso, las mueve de manera que me hace recordar cómo las movió anoche, esas manos lo descubrieron todo, de una forma suave y ágil, lenta y angustiante.
Pronto querremos almorzar y no quiero estar con ella el resto de la jornada, pero debo retribuir tanto esmero por darme placer y proponerle que comamos juntos, aunque ya es la tarde, debe tener hambre pero no me dice nada, sólo juega con la arena y yo intento pensar en otra cosa que no sea la noche anterior, pero no es fácil; aún tengo en la piel el olor tan singular del centro del mundo, dulce, ácido, único, y su espalda arqueada y mojada, y esa boca abierta buscando aire para poder seguir viva, realmente la amé anoche, y se lo dije.
Más allá veo los botes de artesanales que entran y salen de la bahía, algunos pelícanos que los siguen esperando que les arrojen cabezas de pescado, y ella me mira; de pronto siento su mirada como una aguja que me recorre todo el cuerpo, le sonrío intentando ser amable y decir algo que haga pasar rápido las horas, ella vuelve a mirar la arena y yo le indico el horizonte lleno de pequeñas embarcaciones descoloridas, pienso en lo bello que es el mar Pacífico por las tardes, pienso en que cerca del mar no hay tiempo; nada tiene tiempo aquí, ¡cuánta verdad, cuánta verdad!, en que a esta hora mis hijos vendrían del colegio si fuese día hábil y que mi esposa, mi ex esposa, los esperaría como siempre en la puerta y con un vaso de leche en la mano, más tarde llegaría el que ocupa el lugar que tuve por dieciocho años, pero ahora es la tarde y estoy en pantalón corto en una playa llena de gente que nunca he visto acompañado de una jovencita que lleva un traje de baño comprado por mí hace una hora en una feria de baratas a una cuadra de aquí, está usado y un poco descolorido, pero ella lo lleva con mucha gracia acompañado de esas manos que tanto me han gustado y esos pies que anoche eran bellos y esas rodillas que se ponen coloradas por el sol que las quema implacable.
Anoche estuve enamorado por algunas horas y ella también, y ambos lo dijimos, Dios mío, ¡cómo se puede cambiar tanto en tan poco! Era bella anoche, hoy lo es también, es fresca y linda, pero anoche lo era más, era mía y me amaba, y yo la amaba como un animal desesperado y solitario, la busqué entre muchas y ella mostró tanta ternura que por un momento olvidé que era una desconocida, pero lo era, y ahora veo las gaviotas que pelean la comida entre ellas y a un perro que les ladra jugando feliz y miro sus manos que se pasean por su pelo, y que recorren su piel quitándose la arena y veo que sonríe, que se pone de pie y me llama al agua. Una invitación sorprendente porque a estas alturas una mujer ya se habría aburrido de mí; casi no he hablado, pero le di desayuno y querrá darme las gracias; ya me las dio anoche, y yo la amaba como se ama la vida, anoche entre mis brazos fue mi amor, el amor de siempre, el soñado.
Por momentos siento rabia conmigo, debí decirle después que se marchara, después del amor, pero seguí abrazado a ella, por temor a quedarme más solo que unas horas antes, y así dormí hasta la mañana.
Domingo, día de descanso, mucho calor, en un pueblo desconocido y lejano al mío, la invité a esta playa a estar unas horas. La veo entrar al mar, veo su cuerpo, es bella y ágil, todas sus curvas están exageradas en la medida perfecta, después de todo sus rodillas me vuelven a parecer bellas, con el agua, con el sol, con la arena, con el resto de su piel. Creo que la invitaré a comer algo, y después, si ella quiere, la llevaré al cuarto de hotel conmigo a pasar la noche del domingo y quizás la del lunes, quién sabe, ahora la seguiré al mar para tenerla cerca y si tengo suerte sentiré que la amo de nuevo.
-----------------
Saludos amistosos, Katina
Entrevista aparecida el domingo 18 de enero en La Estrella de Arica
Su padre es el último profesor de latín que tuvo la Universidad de Tarapacá (UTA). Su esposa, docente de castellano. Usa un sombrero campechano y disfruta releer La Divina Comedia.
Tomó la escritura como un trabajo de tiempo completo y prefiere partirse el espinazo que esperar la inspiración. No sabe arreglar un enchufe, pero dedica un año y medio a corregir un texto.
De tanto hacer reflexionar a los seres que pueblan su último libro, terminó por remover sus propias ideas sobre el cristianismo.
Tiene una patente de corredor de propiedades y poco aprecio por su primera novela, La Casa de Marialba (2000).
En diciembre pasado escribió dedicatorias y firmó libros al lado de Pedro Lemebel y Alberto Fuguet.
El autor de "Cállate Viejo 'e Mierda", Luis Seguel Vorpahl, construyó una novela sobre Arica, pero pensando en el mundo.
Superpuso planos y narradores para hacer una historia con la ciudad de los años 60 y 70. El profesor de español de la UTA, Patricio Ubeda, la elogió.
- ¿Quién es el autor?
- Nos vinimos de Temuco con mi papá el '74, después del golpe. Siempre he escrito. El '99 hice contacto con una escritora arrancada de Cuba. Vino a Arica a conocerme. Se llevó todos mis escritos. De ahí salió La Casa de Marialba. Hasta que llegué a esto, que es lo que buscaba.
- La Casa de Marialba...
- Es una novela más cercana al realismo mágico. Crecí con el realismo mágico. La verdad, no me gusta hablar mucho de ese libro. Siento que éste ("Cállate…") es el primero. Es un hijo más querido. Dicen que es el primer hijo, pero no. Eso no es cierto.
- ¿Salió pesado escribir el último libro?
- Demoré seis meses. Y después un año y medio en revisar. Si es un trabajo serio hay que revisar frase a frase. Si a mi personaje le falta un dedo, tengo que acordarme en la página 50 que el tipo tiene un dedo menos. Hay que ir armando una cosa creíble. Y el trabajo más desagradable, entre comillas, es revisar. Llega un momento en que tiene que leértelo otro. Tú ya no ves.
"Y si tú me preguntas ahora, qué tal encuentro el libro… malo lo encuentro".
SUDOR MAS QUE INSPIRACION
- Complicado...
- Mi rutina de todos los días es escribir. A veces no tengo ninguna gana, pero escribo media página. La borro al día siguiente, la reviso, la corrijo o la guardo para otra cosa. No es un hobby. A veces tampoco es agradable. Me levanto temprano. Tengo un sistema, un método. No estoy esperando la inspiración. Esa cuestión no existe para mí.
- ¿Hubo sucesos sobresalientes durante la creación?
- Hubo varios. Uno de los episodios que aparece ahí, lo soñé completo. Me levanté y lo escribí exactamente igual. Cuando el tipo va a la Virgen de Las Peñas. Todo lo que siente. Otra cosa: después de haber leído el libro impreso, encontré que había un par de personajes demasiado cercanos a la realidad. En algún momento me van a buscar para retarme.
- ¿Cuál era su norte mientras escribía?
- Siempre intenté que la novela no fuese tan ariqueña. Quise mostrar que las cosas que pasan en Arica, en esta aldea, son del mundo.
- ¿Dejó consecuencias esta obra?
- Tengo hartas dudas con relación al cristianismo, que no tenía antes, porque fui hombre de iglesia. Se me movió el piso completamente en cuanto a la fe.
- ¿Este es el comienzo de un libro tras otro?
- Sí, absolutamente. Tengo otra novela lista, armada. Está en proceso de última revisión. Se me ocurrió novelar la leyenda de La Tirana.
- Le gustaría que un profesor diga: "niños, este libro".
- Claro. Uno busca la inmortalidad, pero lamentablemente llega cuando ya está muerto. No ser conocido, sino saber que alguien está contigo en lo que sientes. Me gustaría ser famoso, sin que nadie me conociera.
- ¿Se siente parte de una nueva horneada de escritores chilenos?
- No, sería muy pretencioso. Tengo todavía que demostrar mucho. Estoy en pañales. No sé qué corriente hay en literatura, pero he tenido algunas luces. Me han dicho que mi trabajo es moderno, aunque lo hice sin mucha conciencia de ello.
- ¿Qué pasó en la Feria del Libro de Santiago?
- El título había llamado mucho la atención. Y me preguntaban contra quién era. No es contra nadie en realidad.
- ¿Qué piensa de los escritores ariqueños?
- Hay buenos escritores, pero algo está fallando. La gente no sale afuera, no publica. El miedo al éxito es lo que está fallando. Es más seguro estar acá. No exponerse a que todo el mundo te vea y diga que en realidad no eres tan bueno.
-----------------
Saludos amistosos, Katina