Políticas deportivas. Se hace necesario un cambio
Actualmente
en los diferentes países latinoamericanos existen ineficientes políticas
públicas en deporte que orienten a los diferentes territorios a lograr un
desarrollo desde su base, si bien es cierto, en los últimos años se ha avanzado
en esta materia, aún el peso de los viejos paradigmas continua golpeando y
anclándonos al subdesarrollo en plano deportivo.
Actualmente en los diferentes
países latinoamericanos existen ineficientes políticas públicas en deporte que
orienten a los diferentes territorios a lograr un desarrollo desde su base, si
bien es cierto, en los últimos años se ha avanzado en esta materia, aún el peso
de los viejos paradigmas continua golpeando y anclándonos al subdesarrollo en
plano deportivo .
Los países latinoamericanos en los últimos años ha
tenido una evolución paradójica. Los indicadores macro demuestran resultados
positivos: un crecimiento económico sostenido, una reducción en los niveles de
pobreza y un mayor desarrollo humano.
En general,
estos logros se atribuyen a los procesos de modernización que se han impulsado
y la creciente inserción internacional en la globalización mundial. No obstante
al realizar una mirada mucho más profunda, se constatan graves contradicciones:
un desempleo con raíces estructurales; una creciente y arraigada desigualdad
(en ingresos y oportunidades); procesos de integración social rígidos y
limitados; y sensaciones de inseguridad, frustración y malestar en la
ciudadanía. Y el deporte en este plano sólo es mirado como una entretención de
segundo orden y no cómo una necesidad humana.
Por otro lado la glorificación del actual modelo hace creer al ciudadano
común que el rumbo de todo lo humano depende de parámetros económicos cuyo
manejo está más allá del alcance de la mayor parte de los hombres, de modo que
se les aboca a la pasividad y al individualismo.
Lo anterior se ve aún más agravado en las diferentes regiones, de
Latinoamérica, en donde la lejanía de los centro decisionales y la falta de
participación, ha generado una ciudadanía pasiva y conformista respecto a la
forma en que se administran sus destinos..
En este
escenario debemos comprender que el desarrollo social en los diferentes países
no puede eludir el problema de la ciudadanía y el deporte, en este s
Es aquí donde
no es posible construir desarrollo deportivo sin una intervención activa del
Estado en la promoción y definición de los procesos de transformación social.
Seguir dejando el deporte a la libre oferta y demanda, equivale a validar un
sistema desigual signado por la concentración de la propiedad, intereses
privados y el incentivo de actividades sensacionalistas que trabajan por
consumidores y no por ciudadanos.
Los procesos
que consoliden el deporte deben avanzar desde la ciudadanía, recogiendo su
participación, empoderándola en distintos espacios, Latinoamérica necesita
estructuras estatales y legales más fuertes para el desarrollo deportivo, no
para el mercado; para la lucha contra la pobreza, no para la legitimación de la
diferenciación y exclusión inhumanas; para la inclusión protagónica de la
ciudadanía ejerciendo poder y, de este modo, construyendo democracia.
En esta sentido
los diferentes estados deben facilitar al mayor número posible de personas los
recursos económicos y deportivos, a fin de poder utilizar con la máxima autonomía
posible la información y poder participar de manera tanto más activa en la
formación de los diferentes deportes.
La institucionalidad estatal en el campo del deporte
debe abandonar su inclinación al uso de los medios en función proselitista
pro-gubernamentales, abriéndose a su responsabilidad de fomentar procesos
educativos y de afirmación cultural, posibilitando la existencia justa y
democrática de todas las voces, incentivando la producción deportiva propia y
generando políticas y estrategias que partan del ser humano y de los
territorios.
Es necesario definir e
implementar políticas de deportivas dirigidas a promover el desarrollo. Este
desafío implica el diseño de políticas públicas democráticas de corto, mediano
y largo plazo, poniendo el proyecto social por encima del interés político y
del interés mercantil. No se trata de reponer la propuesta de las políticas
nacionales de deporte pero es necesario recuperar su inspiración, para dar paso
a la construcción de políticas ciudadanas que legitimen el derecho a hacer
deporte en forma democrática y pluralista.






