jorge Muñoz Cerda

Políticas deportivas. Se hace necesario un cambio

Actualmente en los diferentes países latinoamericanos existen ineficientes políticas públicas en deporte que orienten a los diferentes territorios a lograr un desarrollo desde su base, si bien es cierto, en los últimos años se ha avanzado en esta materia, aún el peso de los viejos paradigmas continua golpeando y anclándonos al subdesarrollo en plano deportivo.

Actualmente en los diferentes países latinoamericanos existen ineficientes políticas públicas en deporte que orienten a los diferentes territorios a lograr un desarrollo desde su base, si bien es cierto, en los últimos años se ha avanzado en esta materia, aún el peso de los viejos paradigmas continua golpeando y anclándonos al subdesarrollo en pl
ano deportivo .

Los países latinoamericanos en los últimos años ha tenido una evolución paradójica. Los indicadores macro demuestran resultados positivos: un crecimiento económico sostenido, una reducción en los niveles de pobreza y un mayor desarrollo humano.

En general, estos logros se atribuyen a los procesos de modernización que se han impulsado y la creciente inserción internacional en la globalización mundial. No obstante al realizar una mirada mucho más profunda, se constatan graves contradicciones: un desempleo con raíces estructurales; una creciente y arraigada desigualdad (en ingresos y oportunidades); procesos de integración social rígidos y limitados; y sensaciones de inseguridad, frustración y malestar en la ciudadanía. Y el deporte en este plano sólo es mirado como una entretención de segundo orden y no cómo una necesidad humana.

Por otro lado la glorificación del actual modelo hace creer al ciudadano común que el rumbo de todo lo humano depende de parámetros económicos cuyo manejo está más allá del alcance de la mayor parte de los hombres, de modo que se les aboca a la pasividad y al individualismo.

Lo anterior se ve aún más agravado en las diferentes regiones, de Latinoamérica, en donde la lejanía de los centro decisionales y la falta de participación, ha generado una ciudadanía pasiva y conformista respecto a la forma en que se administran sus destinos..

En este escenario debemos comprender que el desarrollo social en los diferentes países no puede eludir el problema de la ciudadanía y el deporte, en este s

Es aquí donde no es posible construir desarrollo deportivo sin una intervención activa del Estado en la promoción y definición de los procesos de transformación social. Seguir dejando el deporte a la libre oferta y demanda, equivale a validar un sistema desigual signado por la concentración de la propiedad, intereses privados y el incentivo de actividades sensacionalistas que trabajan por consumidores y no por ciudadanos.

Los procesos que consoliden el deporte deben avanzar desde la ciudadanía, recogiendo su participación, empoderándola en distintos espacios, Latinoamérica necesita estructuras estatales y legales más fuertes para el desarrollo deportivo, no para el mercado; para la lucha contra la pobreza, no para la legitimación de la diferenciación y exclusión inhumanas; para la inclusión protagónica de la ciudadanía ejerciendo poder y, de este modo, construyendo democracia.

En esta sentido los diferentes estados deben facilitar al mayor número posible de personas los recursos económicos y deportivos, a fin de poder utilizar con la máxima autonomía posible la información y poder participar de manera tanto más activa en la formación de los diferentes deportes.

La institucionalidad estatal en el campo del deporte debe abandonar su inclinación al uso de los medios en función proselitista pro-gubernamentales, abriéndose a su responsabilidad de fomentar procesos educativos y de afirmación cultural, posibilitando la existencia justa y democrática de todas las voces, incentivando la producción deportiva propia y generando políticas y estrategias que partan del ser humano y de los territorios.

Es necesario definir e implementar políticas de deportivas dirigidas a promover el desarrollo. Este desafío implica el diseño de políticas públicas democráticas de corto, mediano y largo plazo, poniendo el proyecto social por encima del interés político y del interés mercantil. No se trata de reponer la propuesta de las políticas nacionales de deporte pero es necesario recuperar su inspiración, para dar paso a la construcción de políticas ciudadanas que legitimen el derecho a hacer deporte en forma democrática y pluralista.

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