El poder de las emociones y el coaching

Enviado por Alvaro Godoy el 05/04/2009 a las 21:26
Alvaro Godoy

 

marioneta con hilos.jpg

Todo este asunto se trata de un asunto poder”- le dije. Era, en síntesis, de lo que estábamos hablando en todas las sesiones de coaching.

Con mi coachee estábamos trabajando la relación entre su dificultad de expresar sus emociones y su angustia. En un momento le pedí que me describiera corporalmente, que teatralizara exteriormente lo que le pasaba interiormente cuando no podía expresar lo que estaba sintiendo y se “congelaba” -según sus propias palabras. Su representación fue la de un cuerpo flácido, como una marioneta a la que le hubieran cortado los hilos, como un títere abandonado en un sillón.

La perdida de contacto con las emociones nos deja sin poder. Y es la falta de poder lo que genera la angustia. Por eso la angustia es vivida como una pequeña muerte, como una perdida de fuerza interior, como si te desenchufaran…como si te desconectaran del poder.

(¿Se han fijado en los hilos de marioneta del afiche de la película El Padrino?. El Padrino maneja a la mafia, pero...¿quien maneja al Padrino? ¿Donde esta el poder?)

El_Padrino_II.preview.jpg

Le llamamos emociones a las sensaciones corporales (producto de reacciones fisicoquímicas) con que nuestro cuerpo responde a los cambios del entorno y nos predisponen a cierto tipo de acciones…y no otras. La desconexión con nuestras emociones nos privan de esa base de sustento fisiológico para actuar con fuerza, con convicción…con poder.

 Así como la electricidad en las máquinas, las emociones son nuestra fuente de poder. Cuando perdemos conexión por alguna razón con esa fuente, cuando el flujo de información emocional se traba de  alguna manera, es como si literalmente nos desenchufaran. Si por alguna razón le tenemos miedo a nuestras propias reacciones (que ciertas emociones disparan en nosotros), tratamos de cortar la comunicación con nuestra emoción para apagar o mitigar nuestra reacción. La emoción entonces se queda sin escape, se acumula en un callejón sin salida, se vuelve en contra nuestra y nos hace daño.

¿Cómo sucede esto?

Los juicios que traban

En algún momento de este proceso normal de emoción-reacción, se nos ha enquistado un juicio. Ese juicio frena y termina acallando los mensajes de la emoción al cuerpo (o al menos eso sentimos en lo inmediato) y del cuerpo a la acción coherente. Este proceso de “modulación” es visto por la sociedad como parte normal de nuestra adaptación al medio y a los diferentes contextos. De otro modo actuaríamos como seres irracionales o meramente reactivos, nos dicen todos los libros. Y en verdad nos enseñan desde niños a controlar nuestras reacciones y acallar las emociones. Sin embargo,  se nos enseña muy poco a escuchar y respetar nuestras emociones, ni menos como darles una expresión sana.

¿Qué sucede entonces con nuestras emociones? ¿A dónde se van? …como preguntaría Silvio Rodríguez.

Si no se transforma en acción, la emoción se queda – permanece- en el cuerpo y en la mente. Cuando se queda en el cuerpo detenida nos enfermamos, es decir, tenemos reacciones fisiológicas inconsistentes con el contexto. Sentimos frio, cuando en el ambiente no existe un estímulo para aquello (nos congelamos). Nos duele el estomago cuando no hemos comido nada malo. Nos enfermamos de algo en la garganta  envenenados de palabras que no dijimos. En la mente, que es otro órgano de nuestro cuerpo, entra una plaga de reproducción muy rápida. Nos llenamos de juicios cargados de resentimientos. Juicios sobre los otros, aquellos que parecen ser los provocadores de nuestro malestar, incomodidad o desasosiego. Esos juicios quedan ahí, parapetados en el silencio de la garganta, dan vueltas en nuestra cabeza como leones enjaulados y ocupan nuestra mente completamente sin dejarla pensar en lo que ocurre en el presente- que es la función normal de este órgano. La mente se confunde, colapsa, atacado por un virus que ocupa todo su ram. Podríamos decir, de cierta manera, que estos juicios están a cambio de acciones no realizadas. O dicho de otro modo, que construimos un juicio para evitar actuar.

Cuando la energía de la emoción no se transforma en acción, es porque seguramente ha sido derivada a la cabeza. En los vericuetos de la mente empieza a seguir un recorrido que termina por enfriarla y desgastarla. Su mensaje nos llega debilitado, contradictorio y confundido por los ruidos de otros mensajes que van surgiendo en el camino. Pasamos, por ejemplo, del miedo a la explicación del miedo y de este a la causa del miedo, y de la causa al causante. Finalmente el miedo se ha transformado en rabia, la rabia que genera nuestro propio juicio contra el supuesto causante de nuestro miedo. Pero el miedo sigue allí, sin respuesta….¿Y que pasa cuando no tenemos permiso para expresar tampoco esa rabia, cuándo tenemos miedo de nuestra rabia?

Quedamos congelados, desactivados, tratando de desoír los mensajes del miedo y de la rabia, pues son mensajes sin destino, sin posibilidad de expresión. Mensajes que sólo nos perturban y nos inquietan. Finalmente nos quedamos con una extraña y confusa sensación de angustia. Atrapados y parapetados en la mente, el último refugio contra la emoción, pero sin energía y sin poder.

 

 

Noticias de Antofagasta, Calama, Desierto de Atacama, Periodismo Ciudadano

Publicidad por Bligoo.com
Comentarios de este artículo en RSS

BANNER_RANCAHUASO.jpg

recicladore_banner.jpg

Rockodromo: Programa Oficial

rockodromo_banner.jpg

Noticias de Atacama, Copiapó, Desierto de Atacama

1328186367360-divisor.jpg

Noticias de Arica, Parinacota, Altiplano, Tacna, Chile, Perú, Periodismo Ciudadano

1328186367360-divisor.jpg

Noticias de Iquique, Chile, Periodismo Ciudadano

Start-Up Chile

startup.jpg

 

Comparte Atina Chile

 

Artículos recientes

Navegación guiada

mi_voz.jpg