Articulo extraido de
La Quimioterapia
es uno de los tratamientos más indefendibles de la medicina moderna. Y sólo el
hecho de que se presente por los médicos como la única alternativa a una muerte
segura permite entender que los pacientes acepten someterse al deterioro físico
y psíquico que provoca, más cercano casi a la tortura que a la medicina.
Hablamos de un método que nació en 1942 cuando Alfred Gilman y Fred Phillips, investigadores de la conocida Universidad de Yale,
decidieron estudiar las posibilidades terapéuticas del tristemente célebre gas
mostaza o Iperita, un producto venenoso que se utilizó como arma química por
primera vez durante
Dicho y hecho; poco después comenzarían los ensayos con
roedores. Y a continuación, tras los aparentes éxitos iniciales, en humanos. En
1946 se anunciaría que se había logrado reducir de tamaño los tumores de dos
pacientes, uno con un linfosarcoma y otro con un Linfoma de Hodgkin. Otros
investigadores -Alper, Dameshek
y Peterson- obtenían poco
después resultados similares. Sin embargo, en los años 50 las investigaciones
realizadas por el National Cancer Institut de Estados Unidos mostraban
que los agentes alquilantes, asociados ya con esteroides y otros fármacos, no
servían para lograr una mayor supervivencia de los enfermos. Una esperanza
nunca lograda que desde entonces se sigue intentando. A día de hoy, sin éxito.
La Quimioterapia nació pues como un método que consiste básicamente
en dar un veneno con el que destruir las células cancerosas o intentar impedir
su multiplicación. Sólo que el veneno actúa igualmente sobre las células sanas.
Basta leer los efectos secundarios reconocidos en los prospectos de cualquiera
de los productos anticancerígenos que actualmente se comercializan para
constatar que si se utilizaran en un persona sana -para qué hablar de una
enferma- lo más probable es que ésta acabara muriendo. No existe lógica alguna
por tanto para la práctica de
Kevin Murphy, un oncólogo que trabaja en Vancouver, resume
muy bien la postura convencional en Adjuvant Chemotherap, un manual
concebido para que sus pacientes entiendan en qué consiste el tratamiento:
"
Es similar a un seguro de vida. Cuando usted paga sus primas
a la compañía de seguros está reconociendo un riesgo potencial para su vida que
puede o no puede acaecer (un accidente, una enfermedad, un terremoto, un
robo...). Bueno, pues el tratamiento con quimioterapia se basa en la presunción
de que su aplicación puede hacer disminuir el tamaño de los tumores y
"reducir" el riesgo de que vuelvan a aparecer después. Las
estadísticas -controladas generalmente por quienes tienen interés en demostrar
que los fármacos que prueban funcionan- indican que así sucede en un porcentaje
significativo cuando se trata de cánceres de mama, colon, testículos,
leucemias, linfomas y la llamada enfermedad de Hodgkin... pero las mismas son
sólo una de las maneras posibles de presentar las cifras. Eso sí, sirven para
que la mayoría de los enfermos crean que los posibles beneficios compensan los
riesgos y acepten ser sometidos a Quimioterapia.
Ante la evidencia de que los
fármacos anticancerígenos utilizados en Quimioterapia no sólo no curan el
cáncer sino que ni siquiera prolongan la vida de los enfermos se ha instaurado
la moda de aplicar "un protocolo de quimioterapia combinada". Es
decir, la utilización de "cócteles" -como en el caso de los enfermos
de SIDA- con varios productos que se toman al mismo tiempo. Según la versión
oficial, cuando esos cócteles se toman tras una intervención quirúrgica para
extirpar el tumor y además se ha sometido al paciente a Radioterapia se logran
"índices de curación significativos".
Claro que lo que eso significa
realmente es que la "supervivencia" en los cinco años siguientes es
algo mayor estadísticamente, no que el cáncer se cure porque el paciente
desgraciadamente termina muriendo en la mayor parte de los casos. Y es que ya
hemos explicado en artículos anteriores que cuando los oncólogos hablan de
"curación" no se refieren a que uno queda libre del cáncer sino que
hablan de "curación clínica", término que se aplica a todo enfermo
que sigue vivo cinco años después de serle diagnosticado un cáncer. Aunque al
día siguiente se muera. Un sarcasmo.
Es también evidente que aun cuando cada persona es un mundo,
la respuesta a
Es más, la mayoría atacan la médula
ósea destruyendo a la vez los glóbulos blancos cuya función es combatir las
infecciones, los glóbulos rojos que llevan el vital oxígeno a los órganos del
cuerpo y las plaquetas que permiten la coagulación de la sangre.
Consecuentemente, todo enfermo sometido a Quimioterapia termina con su sistema
inmunitario destruido o comprometido quedando expuesto a otras enfermedades por
lo que no es extraño que puedan fallecer de una simple pulmonía o de una
infección común. En resumen,
Y, sin embargo, si se sabe que los productos que se usan son
tóxicos, auténticos venenos para el organismo, ¿cómo se sustenta la idea de que
la quimioterapia es beneficiosa en el tratamiento del cáncer? Pues se sustenta
en la creencia de los oncólogos -no demasiado avalada por los resultados
finales- de que el cáncer es un mal localizado -por eso hablan de muchos tipos
de cáncer distintos- que se combate de forma específica y localizada. Con lo
que en la práctica han reducido en general la lucha contra el cáncer a la lucha
contra los tumores. Es decir, como confunden el tumor con el cáncer utilizan
medicamentos tóxicos para intentar reducir su tamaño creyendo que eso implica
vencer al cáncer. Según la teoría oficial, reducir el tamaño de un tumor
proporciona al paciente una mayor expectativa de vida. Una teoría, cabe añadir,
que la experiencia ha demostrado falsa hasta la saciedad. Porque es verdad que
en algunos casos tal cosa puede suceder pero lo cierto es que en el caso de
cánceres avanzados, al final casi todos mueren. Antes de los cinco años en la
mayoría de las ocasiones. Con una calidad de vida, además, mucho peor. Bueno,
pues con esa simple expectativa de aumento de vida durante unos meses o unos
pocos años... justifican
Porque, -ES CIERTO
que hay fármacos que reducen cierto tipo de tumores. Pero conviene saber que
para pasar el test de "efectividad"
-Por tanto, NO ES CIERTO
que la reducción de un tumor implique la curación, la recuperación de la salud.
Alan C. Nixon,
ex presidente de
El
Dr. Ulrich
Abel,
experto en Bioestadística Oncológica en Heidelberg, publicó en 1990 una de las
obras más críticas con la teoría oficial: Quimioterapia para cánceres
epiteliales avanzados. Al decir "epitelial", el doctor Abel se
refiere en su obra a las formas más frecuentes de adenocarcinoma -pulmón, mama,
próstata, colon, etc-, "tipos" de cáncer que provocan el 80% de las
muertes por esta enfermedad en los países industriales avanzados.
Pues bien, al hacer una revisión de
su obra cinco años después -que, curiosamente, nunca fue traducida al inglés-
pudo constatar que las conclusiones seguían siendo válidas. Es más, todavía
hoy, consultado por esta revista, considera sus resultados vigentes aun cuando
reconoce no haber continuado con sus seguimientos estadísticos en este campo.
Bueno, pues la obra del Dr. Abel, sin que afirme la falta de eficacia de
Porque, en sus propias palabras,
"un análisis sobrio y sin prejuicios de la literatura (científica)
raramente ha revelado que los regímenes (de medicamentos) en cuestión tengan
algún beneficio terapéutico en el tratamiento de cánceres epiteliales
avanzados". Después de diez años trabajando en el área de Estadística
en Oncología Clínica, la inquietud del Dr. Abel acabó transformándose en
certeza: "No hay evidencia, para la gran mayoría de los casos de
cáncer, de que el tratamiento con estos fármacos produzca resultados positivos
en los pacientes con enfermedad avanzada, ya sea en expectativas de vida o en
calidad de vida". Y agrega: "La casi dogmática creencia en la
eficacia de
En resumen, el minucioso trabajo del Dr. Abel hasta 1995
-como quién dice, anteayer- pone en evidencia que
La realidad es que la tasa de mortalidad en los cánceres más
comunes -cáncer de colon, mama, próstata, páncreas, y ovarios- ha evolucionado
muy poco en los últimos cincuenta años. Contra los tumores malignos de pulmón
tampoco se ha avanzado mucho. En algunos casos, la diferencia entre aplicar
Quimioterapia y no hacerlo apenas es significativa. Un estudio inglés efectuado
en 1992 concluyó que en el caso del cáncer de mama de diagnóstico temprano se
había hallado una modesta ventaja en cuanto a extensión de vida. Se evaluaron 31
estudios en los que participaron 11.000 mujeres y se encontró una leve ventaja
de extensión de vida después de diez años en pacientes que habían recibido
"poliquimioterapia" (más de un fármaco oncológico durante más de un
mes). La probabilidad de que las mujeres estuvieran vivas diez años después,
sin embargo, eran tan sólo del 51,3% con los medicamentos frente a un 45% sin
los medicamentos. Es decir, sólo un 6,3% de diferencia en la esperanza de vida.
Bueno, pues a pesar de tan escasa -y discutible- diferencia
las autoridades médicas recomiendan quimioterapia a todas las pacientes con
cáncer de mama, tengan o no signos visibles de cáncer después de la cirugía. La
teoría oficial mantiene que, haciendo una proyección estadística con miles de
mujeres, se deduce que muchas se pueden salvar. La verdad, sin embargo, es que
las estadísticas lo que demuestran es que el 93,7% no sólo no se beneficiará de
EL DRAMA HUMANO DE
En suma,
Después están las infecciones. El paciente tendrá que luchar
contra todo tipo de infecciones oportunistas porque los fármacos destruyen los
leucocitos preparados para la defensa del organismo. De hecho, si se contrae
cualquier infección durante el tratamiento con Quimioterapia lo normal es que
el enfermo sea hospitalizado, algo que indudablemente lo debilita aún más
psicológicamente porque tiene que alterar su vida y dejar sus actividades
cotidianas -incluido el trabajo-, le impide cuidar de los hijos, debe
permanecer alejado de la familia y los amigos.... Sin olvidar que por estar
hospitalizado estará más expuesto a contraer otras infecciones. A fin de
cuentas, hoy día los hospitales son auténticos focos de infección.
Además de los citados efectos a corto plazo -entre otros-
El New England Journal of
Medicine publicaba el 21 de septiembre de 1989 lo siguiente: "Se
sabe que los cánceres secundarios son complicaciones causadas por la
quimioterapia y la irradiación empleada para tratar linfomas y linfomas de
Hodgkin además de otros cánceres primarios". Y un año después -el 5 de
enero de 1990- Associated Press difundía la siguiente noticia:
"Las fármacos que se usaban hace tiempo para tratar el cáncer ovárico
pueden haber resultado tan nocivas como beneficiosas al incrementar enormemente
el riesgo de padecer leucemia... Entre las mujeres tratadas desde 1960 hasta
1985 el riesgo de leucemia era 12 veces superior en aquellas pacientes que
recibieron Quimioterapia que en aquéllas que sólo fueron sometidas a
cirugía".
Cabe añadir que según el Dr. John Cairns, microbiólogo de Harvard, "entre el 5 y el
10% de los pacientes que sobreviven a
"Las nuevas combinaciones quimioterapéuticas no
están aportando ni más supervivencia ni más calidad de vida que otros
protocolos más antiguos en los cánceres más significativos pero están elevando
la factura de forma considerable", denunciaba hace poco. el Journal
of National Cancer en un trabajo en el que se comparaba la eficacia y el
coste de la combinación cisplatino-vinorelbina con la de paclitaxel -el
conocido Taxol- y carboplatino. Este último protocolo, comparado con el
primero, eleva el gasto total del tratamiento en 9.000 euros, una diferencia
sustancial sin que por ello mejoren los resultados finales. Lo de siempre: no
hay mejores resultados pero sí más gastos en medicamentos y más ingresos para
la industria. Con la complicidad de los ministerios de Sanidad.
Como
oficialmente se ha decidido no trabajar en nuevas líneas de investigación los
médicos siguen basando en
En 1986 un grupo de investigadores del McGill Cancer
Center hizo una encuesta entre 118 médicos que trataban el cáncer de pulmón
con quimioterapia pidiéndoles que imaginaran que enfermaban de cáncer y
comunicaran con qué tratamientos habituales de Quimioterapia aceptarían ser
tratados. Pues bien, 64 de 79 aseguraron que no consentirían en modo alguno
estar en ningún tratamiento que incluyera cistaplino, un producto común en
Quimioterapia. Es más, ¡cincuenta y ocho! dijeron que los ensayos sobre esos
fármacos no eran asumibles porque no demostraban su eficacia y en cambio su
toxicidad era inaceptable. ¿Le cabe alguna duda aún, amigo lector, de que
médicos y medicina permanecen ciegos ante la realidad?
Ahora bien, ¿significa esto que las personas relacionadas
con las investigaciones sobre cáncer y la industria farmacéutica forman parte
de algún tipo de conspiración para detener la cura del cáncer? Edward Griffin, en su obra The
Politics of Cancer, no lo cree: "(...) Afrontémoslo: esas personas
mueren de cáncer como todo el mundo (...) Es obvio pues que no ocultan
conscientemente un posible control de la enfermedad. Lo que significa es que el
monopolio médico del cartel (farmacéutico-químico) ha creado tal clima de
influencias en nuestro sistema educativo que la verdad científica se sacrifica
a menudo a los intereses creados".
En esta misma línea parece apuntar
la información publicada el 26 de enero de este año en The New York
Times titulada Las ventas de medicamentos (utilizados en quimioterapia)
producen altas ganancias a los oncólogos". Según el diario,
"en un momento en el que el conjunto del gasto en medicamentos de
prescripción está por las nubes, los especialistas en cáncer (en los EEUU) se
están embolsando centenares de millones de dólares cada año vendiendo fármacos
a los enfermos, una práctica que casi ningún médico sigue". Se trata,
ante todo, de un negocio. Para la industria... y para los oncólogos.
Según datos del Medical Group Management
Association, entre 1997 y 2001 la venta de fármacos llevó a los oncólogos a
aumentar sus ingresos en un 40% (ganan de media casi 300.000 dólares al año,
incluidas las ganancias extras por venta de medicamentos antitumorales), lo que
les ha puesto al frente de la lista de quienes más ganan entre los
especialistas médicos. Un grave conflicto de intereses que fue denunciado hace
ya un año por el doctor Nicholas González, director en Estados Unidos
de un programa federal de tratamiento del cáncer de páncreas con terapia
nutricional. González denunció públicamente que los oncólogos muy raramente
recomendaban a sus pacientes que se trataran con esta terapia y afirmó que, a
su juicio, buena parte del problema era "financiero": "Los
oncólogos pueden ingresar hasta 20.000 dólares con un tratamiento de
Quimioterapia para el cáncer pancreático... aunque no funciona. Pero es el
tratamiento normal y está cubierto por el seguro. Además, si recomendaran a un
paciente entrar a formar parte de nuestro estudio de tratamiento del cáncer con
Nutrición el enfermo dejaría de ser tratado con fármacos y ellos perderían esos
ingresos. Ese es el problema. Algunos llevan además sus propios estudios con
Quimioterapia y no están dispuestos a dejarnos los pacientes a nosotros".
Hay que añadir que esta denuncia tiene su fundamento no sólo
en el hecho de que los propios médicos venden los medicamentos -lo que de por
sí propicia la sospecha- sino en algunos datos publicados con anterioridad. La
alarma sobre ese posible conflicto de intereses la hizo sonar el 12 de mayo del
2001 un estudio del Dr. Ezekiel J.
Emanuel, bioético y oncólogo que trabaja en los Institutos Nacionales de
Salud de Estados Unidos, quien levantó una considerable polémica durante una
reunión de
Afortunadamente, en España los médicos no venden
directamente los medicamentos. Desafortunadamente, las terapias complementarias
siguen dejándose oficialmente de lado.
CUESTIÓN DE OBJETIVOS
Terminamos
diciendo que los enfermos de cáncer deberían entender que cada caso es
individual y que son muchos los factores que intervienen en una posible
remisión, comenzando probablemente por la fe del paciente en el propio
tratamiento. Y no es nuestra intención arrebatar la esperanza a nadie pero el
propio Mariano
Barbacid ha
reconocido públicamente que el éxito de
Como no interesa dar a conocer que existen otras formas de
entender qué es el cáncer y cómo afrontarlo de ello les hablaremos en próximos
números.
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¿Entonces no hay alternativa?
El tema me preocupa personalmente ya que practicamente el artículo dice que es mejor resignarse a morir sin dar ninguna batalla ¿será así?