“La cara del verdugo
está siempre bien escondida”
(Bob Dylan)
Por Josep Maria Antentas y Esther Vivas
Si algo ha caracterizado a la reciente cumbre del
G20 en Londres es la grandilocuencia de las declaraciones de sus
protagonistas, empeñados en dar trascendencia histórica a sus decisiones y en
buscar frases de impacto.
Pero ¿qué hay
detrás de los acuerdos anunciados y de las políticas seguidas por los gobiernos
desde el estallido de la crisis?
En
palabras del respetado geógrafo David Harvey “lo que están intentando hacer
es reinventar el mismo sistema(…). El razonamiento fundamental que se están
planteando es, ¿cómo podemos reconstituir el mismo tipo de capitalismo que
hemos tenido en los últimos treinta años en una forma ligeramente más regulada
y benevolente?”.
Los acuerdos de la cumbre profundizan las políticas
hasta ahora adoptadas por sus integrantes para hacer frente a la situación. La
declaración final mantiene el compromiso del G20 con las bases del modelo de
globalización neoliberal y sus instituciones. Se reafirma la necesidad de
seguir impulsando la liberalización del comercio mundial y las inversiones en
el marco de
Se señala
la necesidad de dar un nuevo protagonismo al Fondo Monetario Internacional (FMI)
receptor de la anunciada inyección de 500.000 millones de dólares. Esto supone
el enésimo intento de restablecer la credibilidad y las funciones de uno de los
símbolos y pilares institucionales del actual modelo de globalización. Reforzar
el rol del FMI, en el ojo del huracán desde su nefasto papel en la crisis
financiera asiática de 1997, es toda una declaración de intenciones.
En el terreno del sistema financiero los acuerdos
anunciados están lejos de suponer cambios estructurales, a pesar del anuncio de
más medidas regulatorias y de control que buscan evitar los desmanes recientes.
Los rescates a entidades financieras continuarán como hasta ahora.
La
retórica y la presión contra los paraísos fiscales se endurece pero no se
anuncian medidas concretas en dirección a su desaparición efectiva. Tampoco hay
propuestas claras referentes a la regulación de los salarios de los directivos
de las grandes empresas. Más allá de algunas medidas que puedan paliar la
indignación popular ante situaciones escandalosas, lo cierto es que no se
vislumbra ningún cambio sustancial de la dinámica que ha comportado la
explosión por arriba de las remuneraciones de los altos cargos y el aumento
espectacular del diferencial entre sus salarios y los de los trabajadores
medios.
En definitiva, como señalan Éric
Toussaint y Damien Millet, miembros del Comité por
El sentido de las políticas de los principales
gobiernos del mundo es claro: hacer pagar el coste de la crisis a los sectores
populares e intentar apuntalar el modelo actual con tímidas reformas que
aseguren su viabilidad.
Frente a
ello es necesario plantear otra agenda portadora de una lógica de ruptura
con el actual orden de cosas. “Cambiar el mundo de base”, como reza la conocida
estrofa de
La declaración de la asamblea de los movimientos
sociales aprobada en el pasado Foro Social Mundial de Belem traza lo que pueden
ser las líneas maestras de una agenda alternativa de salida a la crisis
sistémica contemporánea:
“Tenemos que
luchar, impulsando la más amplia movilización popular, por una serie de medidas
urgentes como: la nacionalización de la banca sin indemnización y bajo control
social; reducción del tiempo de trabajo sin reducción del salario; medidas para
garantizar la soberanía alimentaria y energética; poner fin a las guerras,
retirar las tropas de ocupación y desmantelar las bases militares extranjeras;
reconocer la soberanía y autonomía de los pueblos, garantizando el derecho a la
autodeterminación; garantizar el derecho a la tierra, territorio, trabajo,
educación y salud para todas y todos; democratizar los medios de comunicación y
de conocimiento.”
Es el momento de profundizar y
radicalizar las alternativas, en el sentido de ir a la raíz de los problemas,
de apuntar hacia el “núcleo duro” del actual sistema económico, y no de
conformarse con retoques cosméticos, la “moralización” del capitalismo o, simplemente,
la domesticación de sus “excesos” neoliberales. Así ha quedado patente en
las demandas de las manifestaciones celebradas en Londres y en todo el mundo en
el marco de
Aunque Gordon Brown afirmara en vísperas de la
cumbre haber entendido el mensaje de los manifestantes en Londres, en realidad
entre las políticas del G20 y las demandas expresadas en las movilizaciones se
enfrentan dos lógicas irreconciliables.
En palabras
de Daniel Bensaïd: “La del beneficio a
cualquier precio, el cálculo egoísta, la propiedad privada, la desigualdad, la
competencia de todos contra todos, y la del servicio público, los bienes
comunes de la humanidad, la apropiación social, la igualdad y la solidaridad”.
Para
nosotros la elección es clara.
Josep Maria Antentas es profesor
de sociología de





































Economía de recursos...
es el próximo paso =)
la corrupción del sistema "monetario" actual (capitalismo) no es un "efecto", sino que es la misma raíz; por lo mismo, nunca habrá abundancia, sustentabilidad, equidad, paz, cooperación,etc, hoy, porque el mismo capitalismo no puede darse el lujo de ser así de "ético", ya que simplemente no funcionaría.
Visiten la alternativa! más allá de la política (obsoleta), las guerras, y la pobreza
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