El General Poto Pelao
General Poto Pelao, o Trasero
Desnudo, o Butt Naked. Así se hacía llamar uno de los más notorios y bizarros
criminales en la historia del África moderna. Suena difícil decir algo así, en
un continente tan plagado de gobernantes excéntricos y sanguinarios, pero sin
duda este militar es uno de los que entrará cómodamente en los anales de la
infamia. Se hizo
conocido por su actuación en la primera guerra civil de Liberia (1989-1997),
que estalló en 1979 cuando el sargento analfabeto Samuel Doe apresó y colgó de
farolas frente a la playa al presidente William Tolbert y sus ministros -y que
fue luego, Doe, en 1989, ejecutado por Charles Taylor. En estos días ha vuelto
a primera plana por sus espeluznantes confesiones ante una comisión de verdad y
reconciliación de Liberia.
Poto Pelao nació en 1970 llamándose Joshua Milton Blahyi y fue iniciado de niño
como brujo de una sociedad secreta de su tribu krahn. Esa iniciación le
permitió pasearse como un ser invisible por el país durante años. Luego se hizo
miembro de un grupo político con el solemne nombre de Movimiento Unido de
Liberación por
Ante la comisión explicó más en detalle la espantosa reputación que le precede.
Y es que para conservar y renovar el
poder de hacerse invisible, Joshua tenía que agasajar al Demonio con un
sacrificio humano. Sus súbditos le llevaban un niño vivo y virgen, al
que le arrancaba el corazón con un cuchillo, el que comía tal cual, sin más
preparación, chorreándole por las manos su sangre.
Los
chiquillos que iban a ser sacrificados por este esperpento no eran solamente
niños de tribus enemigas. En una ocasión una madre de su propia tribu le llevó a su hijo para que
lo ofrendara. Le abrió el vientre, le sacó el corazón y lo compartió alegremente
con sus compañeros del comando por la democracia. Y entonces se le apareció
Jesús el Crucificado, que lo reprendió en duros términos, acusándole de haberse
convertido en esclavo del Malo. Dizque, porque en otra ocasión dijo que lo
había llamado Dios por teléfono.
A raíz de esta conversación con Nuestro Señor, Poto Pelao se arrepintió y empezó a recorrer las ciudades y pueblos de
su país con traje de tres piezas y corbata, e incluso zapatos lustrados,
incluyendo una gruesa y usada Biblia en la mano derecha. Vive de la venta de
casetes con sus sermones evangélicos.
Poto Pelao dirigió uno de los grupos de combatientes más bestiales del
continente. Salvajes y jóvenes, generalmente adolescentes, algunos niños. A él
mismo le llamaron Poto Pelao por su costumbre de ir al combate completamente
desnudo: sólo lo cubrían unos botines. Con cordones, explicaría a la comisión.
Sus compañeros de armas solían vestirse de mujer, prefiriendo los trajes
largos, las pelucas de payasos con colores estridentes y carteras. Se dice que el aspecto de los energúmenos
atemorizaba a los enemigos -que deben haber sido, según saben los que conocen a
los militares de cualquier parte, simples civiles indefensos.
El general Poto Pelao había cerrado un pacto con Satanás a
los once años. Dice que Satán lo llamó por teléfono y le ofreció la victoria en
el campo de batalla a cambio de sacrificios humanos y de ofrendas sexuales
indecentes. Y el
canibalismo de sus tropas servía aparentemente, aparte de atemorizar a los
civiles, para hacer creer al Malo que compartían una misma identidad: eran
todos ellos enemigos del género humano. Satán le premiaba con la victoria,
propiciando cada vez una nueva búsqueda de víctimas para su altar de
sacrificios. Los soldados empeluquinados se emborrachaban y drogaban antes de
los combates -allanamientos diríamos aquí en Chile; luego de las comilonas
caníbales, los soldados travestis jugaban al fútbol con las cabezas de las
víctimas. Joshua hablaba con el Demonio al menos una vez al mes, que era la
frecuencia con que comía carne humana (o sea, entre 1980 y 1997 se comió al
menos a 204 personas). Según calculó, él y sus hombres deben haber
asesinado a unas veinte mil personas.
Fiel a su naturaleza, el Demonio del general Poto Pelao era neo-liberal. El
general defendía la causa de la democracia por dinero, pues así lo dictaba el
catecismo de Satán, que humilla a los hombres reduciéndolos a mero cálculo
económico. Peleaba pues por el billete y los demócratas eran simplemente
los que mejor pagaban. También era una exigencia de Satanás que matara a niños
sin motivo alguno, entre amigos y enemigos. Joshua cumplía zambulléndose en los
ríos durante sus viajes y jalando a niños por debajo, a los que desnucaba para
honrar su compromiso con el Malo.
Cualquiera pensaría que estos personaje bizarros y
demoníacos sólo emergen en tierras lejanas.
Nada más lejos de la verdad.
En Chile también conocemos homicidas semejantes, que también han participado en
rituales satánicos. Pensemos por ejemplo en el señor que se hace llamar General
Mamo. Este general, como Poto Pelao, consideraba enemigos a los civiles, a los
que sometía a atroces torturas para luego asesinarlos y hacerlos desaparecer. Como
Poto Pelao, peleaba por dinero, llegando a ordenar a sus subalternos en la
policía secreta extraer -con un alicate, según la confesión de su criado- los
dientes y tapaduras de oro de los asesinados. Según parece, vendía en el
mercado estos fragmentos del metal precioso. O no se sabe si debía
entregárselos al Capitán General, un demonio mayor que ordenaba a sus soldados
mutilar los cuerpos de las víctimas para quitarles anillos y otras joyas -en
1973, esas joyas terminaron aparentemente en el fondo de reconstrucción
nacional, vale decir en el pescuezo de una Ñá Lucía, esposa del usurpador.
El General Mamo tampoco desconoce otras aberraciones satánicas. No se sabe
si cometió canibalismo, pero su costumbre de extraer los ojos a sus enemigos
asesinados despierta muchas sospechas. No estaba esta práctica destinada a
causar temor, porque los cadáveres eran hechos desaparecer. ¿Entonces, qué
motivos tendría para cometer esos ultraje póstumos? Normalmente, en
prácticas brujeriles se arranca los ojos a las víctimas sea para impedir que
vuelva a ver y hacerle así imposible al alma que reconozca a sus victimarios,
sea para apoderarse mágicamente de su visión y apropiarse así de sus ojos -es
decir, ver lo que ven los ojos de las víctimas y poder identificar así a los
compañeros de los caídos. Esta última modalidad requiere que el endemoniado se
coma esos ojos. Por una misma razón mágica, a veces se mutiló a los prisioneros
antes de quitarles la vida.
Así que la verdad del Mal es redonda. Satanás no vive sólo en regiones
remotas entre pueblos violentos y primitivos. También vive por aquí. El demonio
mayor ya se murió, y su familia tuvo el ingenio de incinerarlo para impedir que
alguna poblada clavara en su corazón una estaca de plata, que hubiera
significado su muerte eterna. El otro, el que se hacía llamar General Mamo,
está preso. La guinda del pastel era que también pertenecía a un grupo político
que decía luchar por la democracia.
[mérici]
[Este escrito fue publicado originalmente en la revista de papel Ciudad
Invisible 23, septiembre-octubre 2008, p. 6. Valparaíso, Chile].
Fotos
1 Ahora predica el cristianismo y vende sermones evangélicos.
2 El general en un rito antes de un ataque. La foto proviene probablemente de
sus propios archivos.
3 El general Poto Pelao en una foto antigua, durante una de sus sublevaciones.
4 Un soldado de su ejército.






