En el Día Mundial del Libro / SOLILOQUIO COMPARTIDO

¡Hey! Pssssss... a ti te digo. Escucha por
favor... ¡Sí! Está resultando.
Soy yo, aquí arriba, en el librero. Eso. Detente, es
verdad...no estas soñando. ¡Supieras cuánto llevo ensayando esta especie de
telepatía!
¡Acércate, mírame!, eso es; cógeme y ábreme. ¿Ves? Soy
el mismo viejo libro y todavía existo.
¡Por fin! Da vuelta mis páginas y recuerda como me
disfrutaste la primera vez.
Si tú me relees, vuelven a la vida mis personajes. El
reloj del tiempo da inicio a la acción y otra vez reverdecen mis paisajes.
¿Lo vez? Todo está igual. Avanza un poco más y
comprueba cuán fiel te he sido. Mira, aquí están: son los pétalos secos de una
flor que guardaste diez años atrás. Es cierto... aún conserva algo de su
aroma. Y tú.... ¿qué estas sintiendo
ahora? No, no borres esa lágrima. Déjala caer sobre mis letras por demás
empolvadas. Eso quiero. ¡Quiero marcas!
Algo que demuestre que he servido, ojos que me recorran, manos que me ajen,
¡quiero comentarios, quiero críticas!,
quiero, en suma, realmente
existir.
Sobre todo tú, mujer, has de saber entenderme:
necesitaste de amor en caricias para engendrar
el fruto. Yo, necesito ser
abierto y leído para parir mis historias. Si no es así, no soy más que un
envase de exquisitas semillas que nunca verán la luz.
Es por ello que te ruego: no me devuelvas al librero.
Préstame, regálame, descúbreme de nuevo. Lo que se te ocurra, cualquier
cosa, pero... déjame vivir.
Amanda Espejo
www.lamanchadesdequilicura.blogspot.com






